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Portada Nº Julio 2010
Reportajes y Entrevistas
Sección General

 


ANDRÉS GARRIDO


Canned Heat durante su concierto en San Javier (foto: Marta Pinilla Aldaraví)

XIII FESTIVAL DE SAN JAVIER

Canned Heat y Dr. John protagonizaron la fiesta del blues


Dr. John y su nueva banda engancharon al público de San Javier (foto: Marta Pinilla Aldaraví)

Si existe una base clara desde la que otros estilos han nacido o se han desarrollado, ésa es el blues. Y el auditorio del Parque Almansa –sede de Jazz San Javier– se convirtió, en la noche del miércoles 14, en su cuna española. Los que lo hicieron posible fueron el mítico grupo Canned Heat, y el pianista de Nueva Orleans Dr. John. Ambos lograron, una vez más en este recinto, la fiesta del blues. 

Otra de las características que ha venido manteniendo durante sus trece años el Festival de Jazz de San Javier ha sido la de conseguir traer a sus programaciones a figuras míticas. Como ejemplos, les podemos recordar a Dave Bruckber; Bo Didley; John Mayall y los encargados de la primera parte de esta jornada doble: el grupo Canned Heat. Su batería, Adolfo “Fito” de la Parra, ha sido quien se ha preocupado de mantener viva a esta ya mítica formación del denominado “blues blanco”, nacidos en 1965 (entonces sin De la Parra ni sello discográfico) aunque sin mucho éxito en aquellos primeros pasos. Tendría que llegar 1967, el año en el que la formación –ya con cambios en algunos de sus integrantes– firmó por el sello Liberty y registraron su primer disco sencillo, “Rolling and Tumbling”, para que el grupo despuntara y consiguiera entrar en los circuitos musicales. Un año después llegó a Canned Heat su actual batería, Fito de la Parra, con el que la formación se consolidaba ya en todo el mundo, merced a su disco (y uno de sus iconos musicales) “On the road again”, álbum del que se extrajo un sencillo con el no menos conocido tema “Evil woman”.  

El concierto, en su presentación, ya registró su primera anécdota al pedir De la Parra al director del festival, Alberto Nieto, que saliera al escenario a presentarles y no se quedara entre bambalinas, como suele hacer cada noche. Una vez cumplimentado el protocolo, Canned Heat abrieron con tres piezas que echaron a muchos “viejos” seguidores al foso: “Bullfrog”, “On the road again” y “Time was”. El auditorio se transformó en un “flasback” de finales de la década de los 60 y principios de los 70 (fechas de los mayores éxitos de la banda), en la que seguidores jóvenes y veteranos disfrutaban con cada tema que los cuatro legendarios músicos dejaban sonar.   

“Midnight sun”, “Sugar bee” o “Goin’up the country” desplegaban el mejor blues de Canned Heat. Sus componentes, a pesar de sus ya respetables edades, no han perdido (antes al contrario) ni un ápice de su genialidad musical, con un Larry Taylor que alternaba el bajo eléctrico con la guitarra; un Dale Spalding que nos asombró con la armónica; un Harvey Mandel que sacaba deliciosos sonidos a su guitarra; o un “Fito” de la Parra que marca sensacionalmente los tiempos, amén de mantener esa voz aterciopelada tan característica de los “blues” que compusieron Canned Heat en su momento.   

Con “Cristo Redentor”, la armónica de Spalding marcaba ese tempo lento de blues, mientras que los solos del guitarra Harvey Mandel asentaban fuertemente esta pieza, con la que lograron la entrega total del público, que a la hora de concierto disfrutaba tanto en el foso como en las gradas, en las que además de ver a la gente bailar también se podía observar una gran cantidad de enormes vasos de cerveza; líquido imprescindible en cualquier concierto de “blues” que se precie. Y continuaron con uno de los éxitos más sonados de esta formación californiana en Europa: “Let’s work together”. Con ella habían finalizado su programa oficial. Pero el público les pidió un poco más y, sin abandonar el escenario, Canned Heat regalaron un “boogie” de larga duración, en el que hubo un momento de gloria para cada uno de los músicos. Tanto entusiasmo le puso Larry Taylor, que “fundió” su guitarra de bajos y tuvo que sacar el repuesto. Al final, allí no ocurrió nada y todos felices y contentos dieron por bien acabado un concierto de hora y 20 minutos, con el que los aficionados al género disfrutaron “de lo lindo”. Y a tenor de lo que iba a ocurrir después, aquello no había hecho más que comenzar.  

El entusiasmo de Larry Taylor provocó que fundiera su guitarra de bajos (foto: Marta Pinilla Aldaraví)

Porque lo que apareció en el escenario del Parque Almansa fue un torbellino blusero, capitaneado por uno de los pianistas más singulares que ha dado Nueva Orleans: Dr. John. Con su bastón plagado de colgantes –cual si de un patriarca gitano se tratara–, paso lento pero seguro y un collar tipo santero que completaba su habitual atuendo del sombrero y la coleta de su cabello, que son ya una imagen de marca. “Save our wetlands” recolocó a los aficionados que llenaban el foso del auditorio, que ya desde los primeros acordes se dejaron sentir, para que Dr. John y su nueva banda supieran que tenían su apoyo. Tanto es así, que los músicos captaron al instante esas “buenas vibraciones” de los asistentes. Y la fiesta, que ya había calentado muy bien Canned Heat, los de Dr. John supieron ponerle la guinda.  

Malcom John Rebennack Jr. (nombre real de Dr. John Creaux) alternaba el piano con el Hammond, como hizo en “Perdido”, pieza en la que la banda realizó una recreación musical de este inmortal tema. Esta nueva banda del pianista de Nueva Orleans está integrada por John Fohl, a la guitarra; David Barard, al bajo eléctrico; y el baterista Herman Ernest III. Un grupo que sabe crear el ambiente justo que precisa el “blues”, como demostraron a renglón seguido con “Mama Roux”.  

Como se puede apreciar, sendas calaveras presiden el órgano y piano de Dr. John (foto: Marta Pinilla Aldaraví)

De vuelta al piano –en el que, entre otros objetos, se podía ver en lugar destacado una calavera–, sonaron las notas de “Hoodoo”; tema con el que el grupo del pianista Dr. John traspasaba las fronteras del “blues” y se adentraba en terrenos que uno no sabría bien cómo definir pero que, sin duda, sí ha escuchado en numerosos músicos nacidos o hechos en Nueva Orleans. Es el sonido de esa ciudad del Mississippi surgido del gran crisol de culturas que la fundaron. Con esas bases continuaron piezas como “Rite place”, “Feel good music” o “Let the good times”, en la que cambió las teclas por las cuerdas de la guitarra.  

Y luego, la magia de otras partituras como “Feel good music”, “Balck gold” o “Such a nite”. La nueva visita de Dr. John a Jazz San Javier se enmarca también en el homenaje que en esta decimotercera edición se tributa al desaparecido Willy DeVille, con quien Dr. John realizó una gira en 1977 colaborando, además, en varios de sus discos.  

El público bailaba y disfrutaba con los temas que conformaban el concierto de Dr. John. Un público que estaba cercano a completar el aforo total del auditorio, lo que es todo un éxito si tenemos en cuenta que era miércoles. Con “Dr. Blues”, “Only in America”, en la que se daban fusiones musicales de primer orden, y “When I’m right”, finalizaba el concierto del pianista de Nueva Orleans, al que el auditorio pidió un poco más.  

Dr. John –que cumplirá 70 años el próximo 21 de noviembre– mantiene intactas sus facultades musicales. Es más, me atrevería a indicar que las ha llevado a límites de soberanía, ya que su concierto en San Javier ha sido un auténtico lujo y más rico, si cabe, que el ofrecido en su anterior visita. Así que lejos de bajar el clímax rítmico que había mantenido hasta ese momento, Dr. John y los suyos se arrancaron con “Ooh poo pa doo” colocando, así, ese colofón a una noche de autenticidades, blues y mucho, mucho ritmo y pasión. ¡Qué delicia, Dios mío! La próxima cita será el viernes, día 16, con tres nombres de oro en el jazz: Bobby Hutcherson, Cedar Walton Quartet y la voz de Dianne Reeves. 15 julio 2010   

Dr. John en el único tema que interpretó con la guitarra (foto: Marta Pinilla Aldaraví)

 


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