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ANDRÉS GARRIDO
XIII FESTIVAL DE SAN JAVIER Noche de contrastes con los nuevos valores Javier Vaquero y Christian Scott
Los contrastes –lo hemos contado en años anteriores– son otra constante en las programaciones del Festival de Jazz de San Javier, como ocurrió en la noche del sábado 17 dentro de la decimotercera edición de esta cita musical veraniega. Una noche, además, en la que Jazz San Javier apostaba por nuevos valores como el guitarrista catalán, Javier Vaquero, y el trompetista de Nueva Orleans, Christian Scott. Dos estilos absolutamente opuestos pero, como siempre, con un nexo de unión: el jazz. Javier Vaquero protagonizó la primera parte de esta nueva jornada doble en Jazz San Javier con los temas que componen su nuevo disco, titulado “Siete soles, siete lunas”. Nacido en 1975 en Gavá (Barcelona), Javier Vaquero se ha convertido en uno de nuestros nuevos valores musicales, con un potencial de primerísima calidad, tanto creativa como interpretativa, y por el que muchos apuestan ya de manera decidida. Sus escuelas han sido muchas y variadas, como el Taller de Músicos de Barcelona, el Racó Musical, Eduardo de Negri o Albert Cudero. En sus estudios de guitarra flamenca, Vaquero ha aprendido de Manolo de Córdoba o Juan Cortés. Y no contento con ello, se marchó a perfeccionar su Combo de Jazz con Peter Delphich y aprendió a tocar el banjo de cinco cuerdas, amén de otros estudios que poco tienen que ver con los pentagramas pero sí con su aplicación en los escenarios. Su primer tema fue “Atardecer en el Garraf”, en el que Vaquero, de entrada, ya dejaba esos sonidos tan característicos del Mediterráneo español. Le siguió “Palmeros de Caldes” y una pieza en la que, según explicó a los asistentes, quiere reflejar la tranquilidad y el enfurecimiento del Mare Nostrum a la que, sin ninguna duda, ha titulado “Mediterránea”. La banda que le acompaña son todos ellos músicos de gran calidad, como el pianista Raúl Patiño; Juan Guerra, en el bajo eléctrico; Franc Atoche, voz; y el baterista Paco Escudero. Con esta formación, Javier Vaquero nos fue regalando una fusión de sus amplios conocimientos musicales, que mezcla de manera singular, con resultados que recorren el flamenco, música latina, blues, jazz o esas tendencias tan marcadamente españolas de la costa Este, como lo demostró en un homenaje a un amigo desaparecido, Yuri, a través de “Recuerdos de lo andado”, o una preciosa balada que trata de describirnos las maravillosas Tierras del Ebro (“Terres de L’Ebre”), en su desembocadura.
Javier Vaquero es una persona cercana y así lo demostró durante su actuación, dedicando una adaptación por “soleares” de la inmortal partitura de Mancini, “Días de vino y rosas”, al director del festival, Alberto Nieto, y a todos los que de alguna manera trabajan para que Jazz San Javier sea posible cada año. En esta pieza pudimos descubrir la magnitud y capacidad musical de Vaquero. Tras ello, otra dedicatoria a su hijo mayor, Adrián, a través de “Dulce de leche”, que se recoge en su primera grabación sacada al mercado bajo el título de “Mi Sol, mi Luna”. Precisamente esa pieza sirvió como “regalo” a la esposa de Javier, en la noche de su décimo primer aniversario de unión, que coincidía con su visita a Jazz San Javier. De vuelta con una partitura de Henri Mancini, “Moonriver”, que adaptó a “soleá” por “bulerías”. Y otra dedicatoria a su pequeña, a través de “Mi niña del alma”. En las creaciones de Javier Vaquero, o en sus adaptaciones, se refleja su espíritu inquieto a la búsqueda de un sonido propio (creo que lo está logrando), que no es más que el resultado de largos años de trabajo. Un claro ejemplo de lo que afirmo se puede comprobar en “Calle del olivo” (perteneciente a su primer disco), en la que predomina el aire flamenco, pero entremezclado con los estilos citados más arriba, que sin duda le añaden una riqueza de matices cuyo resultado atrapa a quien lo escucha. Por ello, no les extrañe nada cuando les cuente que el auditorio del Parque Almansa estaba atentísimo, a gusto y disfrutando de esa riqueza musical que se había desplegado por la sala. Con “Erik”, de su más reciente disco, acababa esta hora y cuarto de un concierto muy original, como corresponde a las apuestas –en ocasiones arriesgadas– que lleva a cabo Jazz San Javier. Nuestra enhorabuena, porque hemos tenido ocasión de poder presenciar en directo a uno de nuestros futuros músicos internacionales. Aún tendría que regresar al escenario para regalarnos un bis: “Sobre ruedas”. La pieza con la que ganó en 2009 el premio Yamaha de Guitarra. Todo un lujo. La segunda parte de esta jornada de sábado en San Javier nos dejó a un protagonista absolutamente diferente a lo que se había visto y oído antes. Se trata del quinteto del trompetista Christian Scott, de Nueva Orleans. Un músico que utiliza una trompeta parecida a la del recordado Dizzy Gillespie, aunque según cuentan fue un modelo exclusivo de la prestigiosa casa Edward Instruments, con una forma especial (insisto en el parecido con la de Gillespie), que le ayuda a realizar su particular técnica de soplado. En su primer tema, “KK-PD” –que forma parte de su más reciente grabación en el mercado–, pudimos observar su tendencia al “free jazz”, a músicos o iconos de otros tiempos como Miles Davis o el mismísimo Charles Mingus. La revista Bilboard le ha calificado como “el más destacado vanguardista que ha visto el género, desde hace una década”. Y como son muy dados a las etiquetas, la de Scott ya ha llegado: “Dios del jazz de estilo joven”. Pero lo cierto es que en su segunda pieza, “Eye of the hurricane”, el “bop” hizo su aparición y el panorama se transformó en una audición más “asequible” para un auditorio que receló un poquito en el comienzo. Christian Scott presentó al quinteto integrado por Milton Fletcher, al piano; Mathew Stevens, guitarra; Kristopher Funn, en el contrabajo; y el baterista Jamire Williams. Una joven banda como su líder, que cuenta con 27 años, en la que se observa su ímpetu, en un recorrido de sobresaltos musicales que lo mismo te “enredan” en lo más “free”, que te transportan hacia el “bop” o te hacen descansar en la paz de las baladas. En éstas últimas, Scott se mueve muy bien, como demostró en “American’t”. Ciertamente, los cauces (muy variopintos, por cierto) por los que las figuras surgidas de Nueva Orleans han transcurrido en la historia, no parecen ser los mismos de Christian Scott. No en su concepción para la composición. Lo que sí demostró es que sus enseñanzas de los “maestros” han dejado su poso y, en consecuencia, resulta un magnífico trompetista cuando el repertorio es, digamos, menos agresivo. Muestra de ello fue el cambio que se produjo a mitad de concierto, con piezas en las que tanto Scott como su pianista, Milton Fletcher (la exquisitez interpretando), demostraron su talla con “Eraser” o “Katrina eyes”; ésta última dedicada a los desastres que ese huracán produjo en su ciudad natal. Con “Litany against fear”, llegaba al término de su poco más de 60 minutos de concierto, que tuvo dos partes bien diferenciadas. Sin decir adiós, los músicos acabaron la última nota y abandonaron el escenario sin más. Pero el auditorio –que había apreciado el giro que Scott dio al repertorio inicial– le insistió para que les regalara un bis. El trompetista de Louisiana aceptó, y junto a sus compañeros de escenario interpretó “Isadora”, con la que volvió a presentar a la banda y, ahora sí, se despidió dando las gracias. En definitiva, que la noche del sábado nos dejó una jornada de apuestas por algunos valores musicales en la que los contrastes de estilos retomaron el protagonismo en Jazz San Javier. Para la siguiente velada, este domingo 18, el “blues” retoma la primera fila con dos protagonistas bien diferenciados: los murcianos Bluesfalos, y el dúo compuesto por el guitarrista norteamericano Roben Ford y el saxofonista Bill
Evans.
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Portadilla Nº Julio 2010 Reportajes
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