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ANDRÉS GARRIDO
XIII FESTIVAL DE SAN JAVIER Frenesí musical de Lluis Coloma y Barrelhouse Chuck, con un delicado toque sufí a cargo de Dhafer Youssef
El Festival de Jazz de San Javier realiza cada año apuestas por nuevos valores de la música. Hace casi una semana teníamos la oportunidad de ver a Javier Vaquero y a Christian Scott. Y en este sábado, el director del festival, Alberto Nieto, nos había preparado la noche en la que había puesto más empeño para esta decimotercera edición: el concierto de Dhafer Youssef Quartet. De inmediato les detallamos los resultados de este concierto. Antes, el complemento a una noche de nuevas y grandiosas sensaciones musicales, como fue el “duelo” de pianos entre el norteamericano Barrelhouse Chuck y el español Lluis Coloma. Otra ocasión para contrastar estilos dispares con un solo nexo de unión: el jazz. La primera parte de esta doble jornada del sábado 24 resultó –aunque accidentada debido a que, por primera vez, el fluido eléctrico se interrumpió por una avería cuando el cuarteto de Dhafer Youssef interpretaba “Aya”, el tema que abría su concierto– grandiosa, excitante y mágica. Tras unos minutos a oscuras en todos los sentidos, se restableció el servicio y todo regresó a la normalidad. Alberto Nieto pidió disculpas, al tiempo que explicaba que ese contratiempo es una amenaza de cada edición, pero afortunadamente hasta esa noche no se había producido. Y quiero destacar sobremanera el comportamiento del cuarteto, que sin megafonía continuó tocando hasta el final. Y, más destacado aún, ese público de San Javier que ni pestañeó durante la ejecución, con una fortísima ovación al término de “Aya”. “Chapeau” por ese público que, al fin y al cabo, es la base de los sucesivos éxitos de este Festival de Jazz. De vuelta a la crónica de este primer concierto con el cuarteto de Dhafer Youssef, el público les recibió, de nuevo, con una gran ovación y sin más atacaron “Hayartan dance” y “Suraj”, en las que los aires sufís presidían la base central de estas músicas fusionadas por Youssef y su grupo, con otras corrientes que se localizan en el jazz moderno del norte europeo; también se adivinaban ciertos aires flamencos en “Suraj”, aunque nada de ello ha de extrañarnos, ya que las corrientes árabes y el flamenco están más cerca de lo que algunos piensan. Dhafer Youssef utiliza sus condiciones vocales como un instrumento más al servicio de estas fusiones, además del “oud” (laúd árabe). Es una capacidad aprendida desde niño en las mezquitas, que sabe explotar de manera innovadora, como nos ilustró en “Odd elegy” o “Les ondes orientales”. Su más reciente disco, “Abu Nawas rhapsody”, ha significado un paso hacia adelante en la trayectoria de Dhafer Youssef. En é se aprecia la incursión en tendencias jazzísticas de vanguardia, que tienen en el continente europeo a Suecia y Noruega como sus alumnos más aventajados, a los que Youssef incluye en sus “fusiones” musicales. Una buena muestra es “Khamsa” u “Odd poetry”; en ésta última pieza, se puede comprobar una buena muestra de lo que son capaces esos alumnos, como el pianista Trigran Hamasyan; el contrabajista, Chris Jennings; o el baterista, Mark Giuliana, todo un cronómetro. Con estos tres músicos ha llevado a cabo la grabación de su disco, y con ellos también desarrolló su concierto en Jazz San Javier, tras una hora y diez minutos de éxtasis musical que el auditorio supo premiar con insistencia para que Youssef y su grupo regresaran, una vez más, al escenario del Parque Almansa y regalase un bis. No se hicieron de rogar y volvieron para corresponder a tan enorme público, con un tema más. Grandioso.
La segunda parte de esta doble jornada de sábado en Jazz San Javier cambió el decorado musical, como si del día y la noche se tratara. El “boogie woogie” y el “blues” se hicieron dueños de la escena y el auditorio “salió” a bailar al foso del Parque Almansa. Los responsables fueron el quinteto del pianista catalán Lluis Coloma, que invitó a su homólogo norteamericano Barrelhouse Chuck, llegado directamente desde Chicago para regalarnos una manera de tocar el piano de la que apenas quedan ya representantes, como el propio Coloma indicó al público. La primera pieza, “Coloma’s boogie”, abrió el concierto en formato trío. A continuación, Lluis fue presentando a los músicos. Manolo Germán, contrabajo; y el baterista, Marc Ruiz. Y para que fueran apareciendo en el escenario nombró a Baltasar Bordoy, guitarra; Dani Pérez, saxo tenor; y a su grandioso invitado, Barrelhouse Chuck. Una vez todos en posición, nos regalaron dos primeros temas de auténtico ritmo: “Betsy’s silent movie” y “Chicken shack”. A renglón seguido, otro “boogie”, “Pinetop’s boogie woogie”, y para ir abriendo “apetito” –si es que ello era necesario–, un primer “blues”: “Mother earth”. Bueno, el foso ya andaba completito y la fiesta prometía. Barrelhouse tocaba el piano, mientras que Lluis Coloma daba las réplicas desde el Hammond B3, como quedó patente en “Barrelhouse woman”, que cantó el propio pianista de Chicago con ese tono inequívocamente americano. Y de nuevo en formato de trío, Lluis Coloma explicó que el siguiente tema era “El vuelo del moscardón”, de Korsakof, que Coloma ha titulado “Bumble boogie” dejando un magnífico “sabor de boca” entre los asistentes. Le siguió una partitura que se ha colocado entre los iconos del jazz y de la música policiaca: “Harlem nocturno”, en la que destacó el solo del saxofonista, Dani Pérez. Y continuó con “Longhair’s tribute” y un “Cromatic boogie”, con el que cada músico del quinteto tuvo su momento de gloria y que arrancó el entusiasmo del auditorio, que al grito unánime de “bien” continuaba bailando “boogie” en la sala. La cosa resultaba tan simpática y divertida que hasta Dani Pérez se acercó hasta Coloma para secarle el sudor que “le producía” tanto derroche de maestría. El público ya no sabía qué hacer con este grupo que capitanea Lluis Coloma, y que tocando se lo pasa “en grande”. Tras esta demostración que el propio Barrelhouse Chuck reconoció, el pianista americano anunció un “blues” a la manera de Chicago que cantó acompañándose con el piano: “Leroy carr’s song”. Tras ello –y mínimo descanso de la banda de Coloma–, todo el grupo regresó al escenario para, ahora sí, acompañar a Barrelhouse Chuck en “Call my Job”. A esas alturas del concierto las chaquetas hacía rato que habían desaparecido del decorado de los músicos, porque el calor ambiental apretaba y había que “remangarse” para estar más cómodo en esta fiesta del “boogie woogie” y el “blues”. Los temas continuaban impregnando la atmósfera festiva del Parque Almansa, con “She’s got a thing goin’ on”, “Caldonia” y la que cerró el concierto, “I got my mojo workin’”. El auditorio (no olvidemos que corría la madrugada del domingo) pedía más y Coloma, Barrelhouse Chuck y el grupo les dieron un poquito más, con “I keep on drinking”, que cantó Barrelhouse acompañado por Coloma al piano. No podía existir mejor final de fiesta. ¡Vaya traca que liaron los chicos de Lluis Coloma y Barrelhouse Chuck! De las de “no te menees”, porque así quedamos todos, para el arrastre. Pero contentos. Otra noche de “frenesí”
musical.
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Portadilla Nº Julio 2010 Reportajes
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