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Portada Nº Septiembre 2010
Reportajes y Entrevistas
Sección General

 


Gema Suárez


Joaquín Almunia: “Es injusto que quienes no han causado la crisis tengan que enfrentarse a ella”

Presentación del “Informe sobre la Democracia en España, 2010" (foto: Gema Suárez)

“La polarización izquierda/derecha no es la solución”
 

Dirigido por Joaquín Estefanía, el Informe sobre la Democracia en España, 2010. La erosión de la confianza y el bienestar. Contra la desafección fue presentado el lunes 28 de junio por Pere Portabella y Nicolás Sartorius, presidente y vicepresidente ejecutivo de la Fundación Alternativas, respectivamente, la periodista Monserrat Domínguez, y Joaquín Almunia, vicepresidente de la Comisión Europea y comisario de Competencia.  

Monserrat Domínguez introdujo el acto afirmando la impresión vigente de desgobierno, al igual que el liderazgo incomprensible, sin cierta capacidad pedagógica. Seguidamente, el presidente de la Fundación Alternativas, Pere Portabella, comienzó hablando acerca del propio título del Informe: la desafección. Esta desafección pública hace referencia al estado de ánimo producido, entre otras causas, por un desconcierto de actitudes, un desprestigio y serio distanciamiento, un daño institucional. Nos encontramos con dos partidos principales que llegan a una confrontación, ponen en tela de juicio la legitimidad. Portabella alude a la corrupción, poniendo al caso Gürtel como un claro ejemplo. Y resalta la falta de modernización del Estado.  

Por su parte, Nicolás Sartorius precisa: “No es desafección de la democracia como sistema, sino cómo se está gestionando”. El vicepresidente ejecutivo de la Fundación Alternativas indica que la bajada de la calificación de la democracia otorgada por el Informe de 2009, del 6,2 al 5,8 actual, es un éxito teniendo en cuenta la que está cayendo. A su juicio, aparecen catorce puntos muy interesantes en el Informe sobre la Democracia en España, 2010, entre ellos la lucha contra el terrorismo, por lo que no todo es fracaso. Son medidas que han favorecido la cohesión social. Pero reconoce que hay razones para la desafección: el número de parados, la reducción salarial de los funcionarios, la congelación de las pensiones…Todo esto lleva a un descontento generalizado. 

“Yo creo que la gente no siente la desafección por las condiciones de la crisis, sino por cómo se ha abordado, reaccionado ante ella”. Para Nicolás Sartorius, esta forma de abordar la crisis deriva de decisiones previas perjudiciales, de no haber determinado bien la crisis que iba a acontecer y, sobre todo, por la falta de un pacto entre los dos partidos principales. Aquí reside el descontento social, la desafección. 

Afirma Sartorius que se necesita llegar a un gran acuerdo. Recuerda que hubo posibilidades hace dos años, pero ahora es muy difícil lograr ese acuerdo necesario. Ahonda en las razones de la desafección añadiendo que deriva de la percepción ciudadana del mal reparto de los presupuestos. Debe haber un equilibrio entre los costes. Señala tres inquietudes:  

– “La política, el Gobierno, el Estado, no decide”. Esto es incierto, aunque sí existe una sensación de marginación de la política. Pero los gobiernos tienen un poder evidente, lo cual ha quedado reflejado en el G-20. Hay que situar a la política en el centro del proceso. 

– “Gobierne quien gobierne hay que hacer lo mismo: la ley de acero”. Sartorius afirma que no cree en ello. Es cierto que el Gobierno debe disminuir el déficit, pero se puede hacer de distinta manera. Esta sensación es mala para el sistema democrático, conduce al nihilismo. 

– “Modelo social europeo”. Se afirma que la democracia estará sana si se erosiona el modelo social europeo. El vicepresidente ejecutivo de la Fundación Alternativas afirma que esto es falso, debe ser una identidad completa.  

Joaquín Estefanía, director del estudio, calificó al Informe como una auditoría del sistema democrático, basada en dos principios: el principio igualitario de los ciudadanos y el principio del control social. Se trata del cuarto Informe sobre la Democracia en España. En los años anteriores se trataron diversos temas: en 2007, la estrategia de la crispación; en 2008, los resultados de esa estrategia y de las elecciones generales: derrota, pero no fracaso; en 2009, prolegómenos de la crisis económica mundial, medidas financieras y medidas de estímulo; finalmente, en 2010, la desafección, el desapego.  

Para Estefanía, partimos de un tono vital muy bajo de la sociedad española. La mayoría piensa que las instituciones políticas son malas y que en un año serán iguales o peores. Si esto se extiende más allá de la coyuntura, se llegará a un nihilismo, a un desapego, disminuyendo la calidad del sistema democrático.  

Según el director del Informe, en los dos últimos años la valoración cuantitativa de la democracia ha caído un 5 por ciento. La parte positiva deriva de la leve disminución registrada, teniendo en cuenta la crisis actual, pero también hay una parte negativa: todos los indicadores disminuyen. Esta disminución deriva en el comportamiento económico y la corrupción.  

Se valora negativamente la manera de llevar a cabo la solución, resaltó Estefanía. Esto afecta al Gobierno. Empeora la percepción del IDE sobre la autonomía del Gobierno, de sus políticas sobre factores externos. Pero los mercados no sólo afectan al Gobierno, sino también a la oposición. La oposición ha llevado a cabo una política de desgaste del Gobierno y una ocultación de las recetas de cómo salir de la crisis. Esto puede deberse a dos razones: o no tienen medidas que ofertar, o éstas pueden asustar a los potenciales votantes. El IDE afirma que si la oposición gana sin mostrar sus recetas, daría lugar a un fraude democrático.  

Cada caso de corrupción, como el Gürtel o el del Palau, son abrasivos para la democracia, consideró Joaquín Estefanía. Las irregularidades no sólo están en el terreno del urbanismo. Se multiplica la captura de política. La amplitud de la crisis económica, más la corrupción, interpelan al propio sistema democrático.  

“Se necesita un compromiso entre fuerzas sociales por la economía y la democracia de este país, y no puede sostener tan solo una ideología”, afirma el director del IDE. Así se puede paliar esa desafección. Debe afectar a más de una legislatura. Gobierne quien gobierne se deben poder aplicar los contenidos el tiempo que sea necesario.  

Para Estefanía, se consiga o no el acuerdo económico, debe haber un liderazgo. Pero un liderazgo incapaz de proporcionar reformas a largo plazo y que basa la legislatura en atacar, no es un buen liderazgo.  

El informe trata también del Estatut de Cataluña, el estado de la justicia, la enseñanza y educación en tiempos de crisis, el género y la desigualdad económica en España (incorporado por primera vez en este informe). 

EL INFORME SOBRE LA DEMOCRACIA EN ESPAÑA, UN TRABAJO IMPRESCINDIBLE PARA ALMUNIA 

Por su parte, Joaquín Almunia afirmó que el Informe sobre la Democracia en España es un trabajo imprescindible para ver cómo evolucionan los problemas democráticos, económicos, políticos y sociales de nuestro país. Es una lectura imprescindible para ver cómo va España y cómo se está comportando la democracia. Frente a la bajada del índice que se registra este año, deseó que se incremente el que viene y dé lugar a una mejora política.  

Para el vicepresidente de la Comisión Europea, hay dos temas a tratar: la crisis económica y el análisis de la corrupción. La primera era inevitable España. El origen de la crisis financiera está fuera, la onda nos ha llegado mucho más tarde, ya que había muchos problemas que nosotros no teníamos. Pero sí teníamos determinados problemas autóctonos, que han causado que la crisis se manifieste de una forma más fuerte. La crisis culmina, pero la corrupción no se importa, nace de dentro. La corrupción es insoportable y agrava la crisis. Por ello, no es de extrañar esa desafección.  

Según Almunia, podemos considerar dos niveles en el análisis de la crisis: un nivel macroeconómico y otro microeconómico. En el ámbito macroeconómico, hay una abundancia de liquidez extraordinaria en los flujos internacionales, como consecuencia de algunos desequilibrios globales. Se encuentran elevados déficit en determinadas zonas y elevados superávit en otras. Esto genera grandes flujos de ahorro. Este creciente flujo va acompañado de nuevos productos, que muy pocos conocen y manipulan. Tienen lugar burbujas financieras, tales como la burbuja “punto com”, la burbuja inmobiliaria, etc. Esta burbuja financiera estalla en el año 2007 en Estados Unidos y se agrava en 2008. Esto conlleva grandes consecuencias subsidiarias.  

En el ámbito microeconómico, el origen radica en un fallo clamoroso del mercado. Existe un sistema de regulación creciente, pero la regulación financiera no cuenta con una buena supervisión, lo cual multiplica las consecuencias. Hay un caldo de cultivo: la desregulación como teorema principal. Desde finales de los setenta y principios de los ochenta ha ido carcomiendo áreas del funcionamiento de nuestro sistema económico. Ese espacio que ha ido dejando la regulación necesaria se ha ido ocupando por los instintos. En vez de primar el poder regulador, ha tenido lugar una avaricia que ha dado lugar a la acumulación de una insensibilización de desigualdades crecientes. Estas desigualdades han sido tremendas. Esto afecta a la democracia, hay una desafección generalizada. Esta desafección no tiene lugar sólo en España.   

En opinión del comisario europeo de la Competencia, este ciclo largo que se ha vivido debe acabar, pero la cuestión es hacia dónde. Esto hay que responderlo desde la cuestión política. La gran duda deriva en qué paradigma político va a sustituir un gran periodo de treinta años.  

En lo económico depende de cómo resolvamos la desregulación de los mercados. Hay que regular más y estamos avanzando en esa dirección. Es necesario mantener una economía global. Pero tampoco hay que regular de una manera excesiva, porque si no afectaría a uno de los motores del crecimiento económico. El dilema se encuentra en cómo regular el sistema financiero sin provocar una desafección. Las dos condiciones son difíciles de cumplir. Las respuestas no son fáciles, en cuanto a quién debe intervenir. 

Según Almunia, la economía no financiera está regulada, por lo que no hay que pisar el acelerador en las regulaciones. Se necesitan motores de crecimiento fuera del sistema financiero.  

La crisis comienza en operaciones privadas, pero se ha trasladado a la deuda pública, a los sectores públicos. Existe una falta de crecimiento. La recesión no ha sido muy profunda. Se ha tenido que usar, por primera vez en los últimos treinta años, la política fiscal. Es injusto que quienes no han causado la crisis tengan que enfrentarse a ella. Surge un paradigma, ya que cuando los ajustes no son radicales los mercados desconfían, pero cuando los ajustes son ambiciosos, también desconfían, ya que consideran que no se va a poder cumplir.  

¿Cuáles son los canales de redistribución en el siglo XXI? No son como en el siglo XX, ya que recursos, demandas y necesidades son de naturaleza distinta. Todo esto exige un gran papel para la política. La política debe ser quien proporcione soluciones, pero no hay una única política. No va en función de la ideología. Hay una polarización sobre lo que hay que reflexionar: políticas racionales y políticas populistas.  

Para Joaquín Almunia, el populismo de diferente signo crece con características propias. Frente a estas, la polarización izquierda/derecha no es la solución. Europa es un instrumento de unión frente al populismo. Europa más que irracional es racional: por la vía de la razón y el rigor en el análisis de los intereses se llega a un futuro mejor.  

El vicepresidente de la UE hace referencia a Rodrick, que afirma: “Es muy difícil combinar tres elementos presentes de un modo u otro: la globalización, la democracia y el Estado nación. Si la expresión de una sociedad democrática se refleja en una sola nación, la globalización va a salir perjudicada, pero si la democracia se globaliza el Estado nación no volverá a ser lo que fue”.  

Surgen discrepancias políticas. Hay que ser ambiciosos y romper determinadas inercias, pero hay distintas visiones. No ve posible que la democracia se vaya a reforzar con procesos de reconversión a los nacionalismos, no puede ser la base sobre la que se constituya la democracia del siglo XXI.  

Por último, Joaquín Almunia recordó que no es la primera vez que se lucha contra la corrupción. Esta lucha atiende a tres principios. El primero es la tolerancia cero y debe comenzar por uno mismo para que haya credibilidad. El segundo principio es el control de los políticos. Checks and balances. Ver qué mecanismos pueden mejorar ese control en el origen. Y el tercero, la selección del personal, algo que en su opinión sólo pueden lograr los partidos políticos.  14 julio 2010   

 


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