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Óscar López, diputado socialista y candidato a la presidencia de Castilla y León “No hay nada más injusto que pensar que todos los políticos son iguales”
“Lo socialista es la decisión de en qué se gasta lo recaudado” “Procuro resolver los asuntos, que no se pudran” “Esperanza Aguirre es la campeona mundial en amargarle la vida a Rajoy” “En los últimos años se ha hecho la mayor reforma audiovisual de la historia de España” “Me considero un socialdemócrata clásico”
Por ALFONSO DIEZ Corríamos un evidente peligro al afrontar esta entrevista con Óscar López Águeda: dedicarnos a profundizar en el asunto de la radiotelevisión pública, dado que a ambos nos ocupa bastante y sin lugar a dudas nos apasiona. Óscar López se lo encontró cuando circulaba por vía ascendente (cosa que sigue haciendo) en el mundo de la política; quien le pregunta lleva viviéndolo desde su más tierna infancia profesional como periodista. Pero logramos evitarlo y dedicarle su justo tiempo, aunque siga instalado entre nuestras preocupaciones más directas y nuestros intereses más objetivos. Pero Óscar López, que lidera esa refriega en el Congreso de los Diputados y en el Senado, como portavoz de la Comisión Mixta de Control de RTVE, con entusiasmo por su coincidencia con el planteamiento político de Zapatero, tiene otras aspiraciones y otras batallas políticas que dar en los próximos meses que le resultarán mucho más satisfactorias en su evolución personal. La Presidencia de Castilla y León, por ejemplo. Sin duda, Oscar López es un político incansable que defiende con vehemencia su profesión. Conoce a fondo el PSOE, puesto que ha sido mano derecha de José Blanco. Está convencido de que en las próximas elecciones autonómicas logrará arrebatar al PP su hegemonía en Castilla y León. Para lograrlo recorre los más de 2.500 pueblos de esta región, a la vez que ocupa su escaño en el Congreso de los Diputados y es, como decía, uno de los principales artífices del nuevo modelo de televisión pública. Proclama sin ambages la superioridad de la socialdemocracia frente al modelo neoliberal que, sostiene, ha demostrado su fracaso. Llama la atención el discurso fluido e incluso pedagógico, del que también echa mano para rehuir preguntas incómodas. Sus formas cercanas y desenfadas se traducen en gestos como el del pasado 22 de abril de 2010, cuando desde el Mirador de Piedras Llanas, en Segovia, a 1.488 metros y en camiseta, anunció su intención de presentarse como candidato por el PSOE a la Presidencia de Castilla y León, bajo el lema: “Puro Cambio”. ÓSCAR LÓPEZ.– Si alguien se presenta además de mí, habrá elecciones. Y si no, seré candidato único. PREGUNTA.– ¿Y se va a presentar alguien? RESPUESTA.– Creo que no. P.– Cuando estudió Políticas, ¿tenía claro su proyecto vital? R.– A mí siempre me ha apasionado la política. P.– ¿Estudió Ciencias Políticas para ser político? R.– Me dedico a lo que me gusta. Lejos de lo que se dice, para hacer buen pan hace falta un buen panadero y para hacer bien la política hace falta un buen político. A mí me gusta la política, reivindico la política y es verdad que en política hay algunos malos ejemplos, pero también los hay muy buenos. P.– ¿No le da vértigo pensar que, con la trayectoria que lleva, como no le caiga una buena prejubilación, cuando sea mayor no va a tener un trabajo adecuado? R.– No. Siempre he estado en política para hacer algo. He ido cubriendo etapas. Tuve una etapa en el Parlamento Europeo y estuve encantado. Luego he hecho un proyecto muy bonito, en el que participé humildemente durante ocho años y que supuso que el PSOE ganara dos elecciones generales. Y ahora estoy en otro proyecto que me ilusiona y me motiva, que es tratar de dar la vuelta a una Comunidad que lleva un cuarto de siglo gobernada por la derecha. Yo entiendo que aquí se está para hacer algo y no por estar. El día que esté solamente por la ambición de repetir el acta de diputado, me iré a mi casa. Estoy aquí para hacer cosas; si no, hay muchos sitios donde trabajar y, desde luego, a mis hijos no les va a faltar el pan. Es un político mediático. Trabaja a la perfección el “total” y el “corte”. Sabe muy bien que la frase corta, rotunda, contundente y precisa le lleva al informativo audiovisual por la puerta grande, y ha logrado construir discursos con contenido político a base de totales. Se sorprende cuando le pides que explique su ideología; le parece algo tan obvio que dan ganas de pedirle que te disculpe por semejante osadía… R.– Es que no quiero caer en generalidades. Pero, desde luego, un proyecto para combatir cualquier injusticia, lograr la igualdad radical, provocar un crecimiento justo en este país, consolidar derechos… Me considero un socialdemócrata clásico y, por lo tanto, todo aquello que tenga que ver con ampliar derechos civiles, políticos, lo que tenga que ver con consolidar libertades, ampliar el Estado de Bienestar. En el terreno de los medios, haber apostado por el pluralismo informativo, hacer una verdadera televisión pública. Mi ideología es claramente la socialdemocracia clásica. El siglo XX fue un siglo muy violento, de extremos y radicalismos que acaban con la II Guerra Mundial. Y después nace un proyecto básicamente socialdemócrata, que se caracteriza por la paz, por los derechos sociales, por los derechos humanos. Me identifico con ese proyecto y creo que sigue siendo completamente válido, frente a quienes quieran acabar con ese modelo, los neoliberales, que pretenden un mercado completamente desregulado y liberalizado. Defiendo la economía controlada, regulada y corregida por el Estado. Eso es el Estado de Bienestar, es el proyecto socialdemócrata clásico. P.– ¿Eso se aleja de un proyecto socialista profundo? R.– Nunca me he considerado ni un extremista ni un radical en ningún sentido. Creo de verdad que la socialdemocracia es el camino y ha sido la que ha traído el mayor periodo de avance de la historia de la humanidad en los últimos 60 años, que han sido los mejores años de la historia del mundo. Y ha sido aquí, en Europa, donde se ha puesto en marcha ese modelo. Lo reivindico y creo en ello. ¿Cuándo en este país se ha vivido mejor que ahora? Cuando se habla mal de la política, una de las cosas que haría sería mandar a la gente a viajar. Que viajen por África, por Asia y por América Latina, y entonces vean si nuestra democracia ha avanzado, si se vive mejor en España hoy. P.– ¿Con qué grupo dentro de su partido se identificaría ideológicamente? R.– No creo en eso de las familias. Todos fuimos de Felipe. Felipe González fue más un proyecto rupturista en el PSOE y llevó a cabo una Transición que no fue más que un modelo pactado, donde había que renunciar a cosas pero donde consiguió las cuatro más importantes que quería. Uno: Entrar en Europa. Dos: Hacer un país moderno. Tres: Consolidar el Estado de Bienestar. Y cuatro: Garantizar derechos a la gente, como pensiones, sanidad, educación... Ése era el proyecto, y eso es lo que se puso en marcha. P.– ¿Sigue siendo la línea oficial que hay que ser socialista antes que marxista? R.– Siempre he defendido el marxismo como aproximación científica. Marx hizo muchas aportaciones interesantes en el plano de lo teórico. Lo malo es la aplicación práctica. Creo que el comunismo es inviable más allá de las malas experiencias con las dictaduras. Lamentablemente, el ser humano avanza compitiendo, esperando tener un mejor futuro, ambicionando algo. Es verdad que el capitalismo estaba mejor armado que el marxismo, porque toca más la sensibilidad humana. Ahora bien, hay que corregirlo y ampliarlo. Por eso, la socialdemocracia creo que fue la mejor solución que se pudo dar. Mercado sí, pero aquí hay algo que es de todos: la educación, la sanidad, las infraestructuras… Son de todos, y hay que aportar. P.– ¿Cree que José Luis Rodríguez Zapatero es el mejor presidente de la democracia? R.– Sería demasiado simplista decir que es el mejor o es el peor. ¿Es mejor Zidane que Cristiano Ronaldo? Los dos son muy buenos... Me pueden acusar de partidista, pero creo que los dos mejores presidentes que ha habido en España son Felipe González y Zapatero. Son dos personalidades distintas, en dos tiempos completamente distintos. P.– ¿No se les puede comparar? R.– Hay una cierta base común, y es que Zapatero trata de avanzar en lo que puso en marcha Felipe. Si Felipe puso educación, sanidad y pensiones, Zapatero ha metido dependencia. Por lo tanto, está ampliando el Estado de Bienestar con este cuarto pilar. Felipe tuvo que explicar a España que la gente se podía divorciar, y Zapatero ha tenido que explicar que no pasa nada por que se casen dos homosexuales. P.– Eso no lo habría podido defender Felipe González… R.– También el divorcio era complicado en ese momento y, sin embargo, se abordó y se explicó. Se trata de dar respuestas a la sociedad, y la sociedad ahora demandaba esto. P.– ¿Vale todo en política? R.– No. P.– Pero a veces da esa sensación… R.– No. Creo que no hay nada más injusto que pensar que todos los políticos son iguales. Me parece completamente injusto. Hay que saber diferenciar. Y desde luego, en política no todo el mundo actúa igual. P.– ¿Quiénes actúan de una manera y quiénes de otra? R.– No se trata de dar nombres concretos, pero he visto estrategias políticas asombrosas. He visto durante cuatro años lanzar una campaña de insidias, descalificaciones, mentiras y conspiraciones en torno al 11-M. Nunca he visto hacer eso al Partido Socialista; lo he visto hacer siempre al PP. He visto cómo ahora hay una crisis profunda, que es la peor en décadas, y veo una oposición que está mirando y viendo pasar el tren para llegar a la Moncloa con la crisis. Soy el líder de la oposición en Castilla y León y no he parado de hacer propuestas contra la crisis. Cada semana propuestas nuevas. Por tanto, no todos somos iguales. El PSOE, siempre que ha ganado elecciones en este país, ha sido por que ha tenido un proyecto ilusionante, un equipo, un líder. Cuando el PP ha ganado, ha sido siempre por lo del “váyase, señor tal…”. Ésa ha sido siempre la estrategia del PP, una estrategia claramente destructiva. Por cierto, destructiva incluso en lo personal. Es intolerable la campaña que se hizo en su día contra Felipe, y hoy contra Zapatero, por parte de algunos sectores. En lo personal, no en lo político. Nunca verá a un representante del PSOE hacer eso. Además, a nuestro electorado eso no le vale, pide algo más. P.– ¿Es un electorado mucho más exigente? R.– Sin ninguna duda. A las pruebas me remito. Estoy convencido de que la fortaleza del suelo electoral del Partido Popular tiene que ver con que hay cierto electorado del PP que vota para que no gobierne el PSOE. Lo hemos visto en Madrid, donde mucha gente está verdaderamente incómoda con Gallardón, pero lo vota para que no gane el PSOE. Ésa es la realidad. En el caso del Partido Socialista, la gente es muy exigente y, desde luego, pide algo más que eso de “váyase…”. P.– ¿Considera un balón de oxígeno lo que pasó recientemente en Francia? R.– Para el socialismo en Europa, es un balón de oxígeno. Estuve en el Congreso del Partido Socialista Europeo que se celebró en Praga y, quitando Grecia, España, Italia y Portugal, lo cierto es que el socialismo en Europa estaba desaparecido. Por tanto, se agradece mucho que se reactive el socialismo, empezando por Francia. Porque es la hora de que los socialistas saquen pecho: es que lo que está en crisis es el modelo neoliberal de regular la economía. Los socialdemócratas teníamos razón, y tenemos que sacar la cabeza. P.– Meternos en el mismo paquete económico con Grecia y con Portugal, ¿tiene intención? R.– Tampoco hay duda sobre ello. Hubo una batalla considerable en Europa con lo de la ampliación. Muchos defendían que Europa dirigiera su mirada al este, después de haber estado mirando al sur, y ha habido sectores conservadores y no conservadores que han despreciado a los países del sur. Baste recordar cómo acuñaron aquel término de PIGS (cerdos). Eso no es nuevo, viene de antaño y hay que combatirlo. P.– ¿Y hay forma? R.– Creo que la experiencia ha sido la contraria. Europa ha sido muy importante para Grecia, para España, para Portugal. Nos ha hecho crecer. Y en España se ha aprovechado mejor que en otros sitios: las infraestructuras, el Estado Social que tiene hoy España, se han hecho gracias a las aportaciones de Europa. Con lo cual, más allá de discursos y de campañas, hemos sabido aprovechar la oportunidad de Europa y Europa ha sido muy beneficiosa para España. P.– ¿No están quedando muy boquiabiertos los socialistas ante ciertas políticas que son de derechas? ¿No sería más socialista poner más impuestos a los ricos y menos subidas lineales, IVA por ejemplo, que afectan a todos? R.– Creo que el sistema fiscal español es bastante progresivo. Es verdad que tenemos el IVA más bajo de Europa, que queremos servicios de Alemania y tener impuestos de Marruecos. Hay que tener equilibrio. Todo el mundo sabe, y Europa lo ha recomendado, que el IVA es la vía más directa que tiene el Gobierno para conseguir recursos en un momento como el actual. Subir el IVA no es de derechas. Usted me puede decir que la izquierda podría tocar aún más la progresividad de los impuestos. Pues muy bien, estúdiese. No me niego a ello. Pero no que subir un impuesto como el IVA, que va a suponer mayores ingresos para el Estado, sea de derechas. No lo creo. P.– Lo ponía sólo como ejemplo… R.– Sí, pero sabe usted que cuando se discute sobre el IRPF –que es una discusión antigua–, cuando hablamos de la progresividad del IRPF, el problema está en que aquellos en los que pensamos como los más poderosos o los más ricos, éstos al final no pagan IRPF, pagan otras cosas. Por lo tanto, están fuera de esa progresividad. P.– ¿Por qué no se atreve un Gobierno socialista con lo de las SICAV? R.– Hasta la fecha, el Gobierno socialista no se ha caracterizado por subir impuestos, más bien lo contrario. Por lo tanto, ahora ha empezado una reflexión sobre la subida de impuestos que comienza por el IVA, pero que desde luego no ha sido la prioridad del Gobierno. P.– ¿Pero es un discurso correcto para un socialista? ¿No debería ser: “Sí, hemos subido los impuestos y repartimos más y mejor”? R.– Creo que así caemos en la trampa de la derecha de hablar siempre sobre los ingresos del Estado. Yo quiero hablar de gasto. Lo que es socialista, o no es socialista, es dónde se gasta. En políticas sociales es socialista, y eso es lo que hace este Gobierno. La discusión sobre el ingreso es una discusión tramposa, que es donde nos quiere llevar la derecha y siempre nos ha llevado, en España, en Europa y en el mundo. Es el debate de siempre: usted sube los impuestos… No, mire, hablemos de dónde lo gastamos, porque esa es la verdadera discusión interesante. Donde se ven las diferencias ideológicas es en el gasto, más que en el ingreso... P.– Usted es, o ha sido, la mano derecha de Pepe Blanco... R.– No se trata de quién es hoy la mano derecha de Pepe Blanco. Yo, desde luego, estoy muy orgulloso de la gente con la que he colaborado. Blanco ha sido una persona fundamental para mí. Es quien más me ha enseñado en política y es una persona a la que le debo mucho, a la que siempre seré leal y fiel porque, además, creo que es uno de los políticos con mas olfato en la vida política española, de los más leales y de los más trabajadores. P.– ¿Y cómo lleva lo de tener tanto poder? R.– No es una cuestión de tener poder o no. La cuestión es que, cuando se está en ciertos ámbitos, hay que tener capacidad de tomar decisiones. Y Blanco la tenía y la tiene. Por tanto, era fácil trabajar con él. P.– ¿También usted la tiene? R.– De mí no me gusta hablar. Tienen que hablar otros, yo no puedo valorar. Creo que procuro resolver los asuntos, procuro que no se dilaten, que no se metan en un cajón, que no se pudran… Me gusta ser resolutivo. P.– ¿No ha tenido la sensación de que cuando levanta el teléfono y dice: soy Oscar López, el que recibe el mensaje piensa: “me llama también Pepe Blanco”? R.– Pepe Blanco cada vez tiene más manos derechas. Tiene muchas... P.– Hace poco leí un artículo de Demetrio Madrid que habla maravillas de usted… (Demetrio Madrid fue presidente socialista de Castilla y León, injustamente forzado a dimitir por una denuncia falsa) R.– Demetrio está trabajando en primera línea. Desde luego, con mi proyecto trabaja en primera línea. Quiero recordar que Demetrio, después de dejar la presidencia, siguió de diputado en el Congreso: no ha parado de hacer política. Dicho esto, creo que fue un error que dimitiera. Si Demetrio no hubiera dimitido, hubiera sido presidente de Castilla y León muchos años, igual que Bono lo fue en Castilla- La Mancha e Ibarra en Extremadura. Sin embargo, ese proceso completamente injusto contra Demetrio hoy representa uno de los momentos en los que la política estaba precisamente desquiciada. Demetrio es un referente ético y creo que es una persona que está muy fresca en política. Quisiera contar una cosa sobre Demetrio: por cortesía, telefoneó a Aznar, que era el candidato de la oposición, para informarle de que iba a dimitir al día siguiente. Aznar, nada más colgar el teléfono, convocó una rueda de prensa para exigir a Demetrio que dimitiera en 24 horas, lo que dice mucho de la calaña del personaje… P.– Parece bastante interesante, y sobre todo representativo, que una personalidad como Demetrio le esté apoyando a usted, cuando podría ser su padre; no solo biológico, sino político… R.– En política hay que hacer proyectos intergeneracionales. No se pueden hacer proyectos con gente toda de 25 años, ni toda de 60. Hay que tener equilibrio. Y desde luego que Demetrio y yo conectamos plenamente. Tenemos una gran sintonía y trabajamos a gusto juntos. P.– ¿Cómo se lleva lo de ser secretario general del PSOE en Castilla y León y no ser diputado en esas Cortes? R.– Hay muchos casos. Siempre que hay una renovación ocurre esto. Recuerdo que en la anterior legislatura tenía sentado a mi lado a quien después sería presidente de Baleares, Francesc Antich. Hombre, lo que exige es el doble de coordinación con el grupo parlamentario en las Cortes de Castilla y León, pero tengo una excelente portavoz allí, Ana Redondo. Trabajamos en la Ejecutiva, nos coordinamos bien. En todo caso, a partir de 2011 estaré en las Cortes. Es verdad que pretendo estar como presidente; pero estaré, en cualquier caso, en las Cortes de Castilla y León. P.– Será incompatible estar también en el Congreso de los Diputados… R.– Evidentemente. Hay una incompatibilidad legal. No se puede estar en dos parlamentos. En el momento en que asuma la condición de parlamentario autonómico, perderé la condición de diputado nacional. Trabajará en este cometido hasta el último día, para poder marchar con la convicción de que ha cumplido con sus expectativas y con lo que se esperaba de él. Pero, sobre todo, absolutamente convencido de que ha puesto un enorme grano de arena en el complejo castillo de la regulación del audiovisual en España. P.– He leído también que le acusan de deambular… R.– Pues sí, me paso la vida deambulando y lo hago a mucha honra. Pero además fíjese que estas cosas del nacionalismo se curan viajando. Mire, yo he vivido tres años en Bélgica, he vivido un año en Inglaterra, he vivido en Madrid y ahora vivo, como digo yo, dónde puedo: vivo en Castilla y León y duermo donde anochezco, porque Castilla y León es la Comunidad más grande de España y una de las más grandes de Europa. Recorrer todos sus pueblos lleva mucho tiempo. Y en eso estoy. P.– Me decía un político que lo que había que preguntarle a otro político no es dónde vive él, sino dónde vive su mujer… R.– En ese caso, en Madrid. En el caso de los hombres, cuando son las mujeres las políticas, ocurre lo mismo. P.– ¿Todos los gobiernos del PP están haciendo oposición a Zapatero? R.– Sí, sin ninguna duda. Hay una perversión de la España autonómica. Algunos están confundiendo Gobierno autonómico con simplemente llorar y dar pataletas frente a Madrid todos los días. Un Gobierno autonómico está para gobernar. Es más, todos los gobiernos han reivindicado más competencias. También Castilla y León. Tienen que gobernar. Tienen empleo, educación, sanidad, medio ambiente… Tienen las principales competencias transferidas y, sin embargo, el día a día consiste en esconder la cabeza y en decir que la culpa es de Zapatero, en Madrid. Hombre… Si usted tiene responsabilidades, ejérzalas. P.– Debe ser raro hacer oposición a un Gobierno que también hace oposición… R.– Pues sí, éste es el día a día. Por eso casi gobernamos en Castilla y León, porque somos los únicos que estamos poniendo propuestas encima de la mesa. Porque el líder del PP de Castilla y León está empeñado en quitarle el puesto a Rajoy. Igual que el de La Rioja, igual que Esperanza Aguirre… Todo el día haciendo el trabajo de Rajoy. P.– Lo que pasa es que no son tan visibles como Esperanza Aguirre… R.– Sin ninguna duda. Esperanza Aguirre es la campeona mundial en amargarle la vida a Rajoy. Sin embargo, el de Castilla y León es el presidente menos conocido en su Comunidad. Eso tiene que ver con una estrategia política llevada a cabo durante 25 años. El PP ha sido incapaz de hacer Comunidad. Antes hablábamos de Demetrio Madrid... ¿Cuánto le deben Castilla-La Mancha o Extremadura a Bono y a Ibarra? Hicieron Comunidad donde no había nada. Y ahí hay un sentimiento de pertenencia, una bandera que se siente y unas políticas que se ven. En Castilla y León se hace lo contrario. Ahora mismo tenemos un problema creciente de localismos, que impide vertebrar la Comunidad y tiene que ver con que ha habido un proyecto político que ha sido muy eficaz electoralmente, pero una lástima para la Comunidad. P.– Lo de ser el portavoz del Grupo Socialista en la Comisión Mixta de Control de RTVE, y en todos los temas del audiovisual, ¿le ha caído del cielo o pudo elegirlo? R.– Cuando estábamos en la oposición ya trabajaba en los temas de medios y en la elaboración del programa. La verdad es que he tenido una gran oportunidad, me siento muy privilegiado porque entiendo que en los últimos años se ha hecho la mayor reforma audiovisual de la historia de España. Desde la televisión pública, hasta la TDT, la Ley Audiovisual, la creación de un Consejo Audiovisual… He tenido la oportunidad de ser ponente de gran parte de esas leyes y de participar en esa reforma. Me quedo con eso, con todo lo que he aprendido y con unos momentos apasionantes en materia de medios. Porque se puede estar en el Congreso y que no ocurra nada, como sucedió durante los años del PP… A mí me da la sensación de que éstos son asuntos que no eran para encargárselos a cualquiera. Es decir, que cuando se decide que esté allí Óscar López es por algo. Zapatero y Blanco no andaban muy lejos. P.– Me han contado que todos sus proyectos y las leyes que defiende en el Congreso los trata como hijos suyos, y que no permite ni una crítica ni un tijeretazo sin una cerrada defensa previa… R.– Qué cosas cuentan… Creo que soy una persona que dialoga y que llega a acuerdos. Eso sí: cuando se toman decisiones, hay que cumplirlas. P.– Al principio me parecía usted distante. Ahora que le voy conociendo, me parece más cercano y algo tímido. ¿Usted se crece en la dificultad o se enfada cuando las cosas no le funcionan como deberían? R.– Insisto: me considero, y ahí está la trayectoria, una persona dialogante que llega a acuerdos. De hecho, tengo un montón de ellos realizados en Castilla y León y fuera. Pero creo que también soy una persona que defiende aquello en lo que cree, con pasión y convicción. P.– ¿Están los políticos a menudo muy sobreprotegidos por sus equipos y muy distantes de la gente, hasta el punto de no enterarse de lo que pasa? R.– Sí y no. Sí, porque es verdad que a veces existen las tentaciones cortesanas. Eso tiene que ver con la personalidad del político. El buen político es el que se sabe rodear bien y sabe escuchar críticas. Decía no, porque mi padre es prejubilado; mi madre, secretaria; mi hermana, profesora de universidad; mi cuñado trabaja en una agencia de seguros; alguno de mis amigos trabaja en un taller, otro es camarero… Por tanto, estoy en la sociedad. Los fines de semana, cuando tomo una copa con un amigo, estoy hablando con quien es fontanero, electricista, abogado… Escuchamos incluso más que la gente de la calle. Porque al estar con un político, la gente viene a darte siempre su opinión, su bronca, su discrepancia. Alguien decía que en este país había 40 millones de seleccionadores de fútbol. Yo creo que hay 40 millones de presidentes del Gobierno. Eso que se dice del alejamiento de la política no es verdad. Se habla mucho de política. Cuando estoy con la familia de mi mujer, cada vez que me cogen, me hablan todos de política. Es imposible desconectar, porque están con un político y les gusta hablar de política. Cualquier afirmación que diga “los políticos son A o son B”, es falsa y es mentira. Porque hay de todo en política. No puedo decirle que todos los políticos se blindan, o que todos escuchan. Algunos sí y otros no, pero ocurre igual con los periodistas y con los abogados... P.– ¿En política es posible llegar a un acuerdo con un apretón de manos y además cumplir? R.– Pues en política, igual que en el periodismo, que en el fútbol, que en el cine…, hay gente que tiene palabra y gente que no. P.– ¿Cómo hacemos los electores para enterarnos de que esas personas existen y quiénes son? Lo que está instalado en el subconsciente del ciudadano es que los pactos políticos no se cumplen... R.– Me está haciendo preguntas que dan para una tesis doctoral. Hablamos constantemente de cómo reforzar los mecanismos de control de la democracia y de la política, o de cómo informar mejor. Y lo cierto es que los españoles tienen hoy mayor información que nunca, pluralidad de medios de comunicación, las nuevas tecnologías... Dicho esto, si hoy fuera usted a la calle y preguntara a cien españoles que le dijeran tres medidas de los Pactos de la Moncloa, serían incapaces de recordarlas. Ahora, eso sí, le dirán que fueron buenos para España. Si usted pide hoy a cien ciudadanos que le mencionen cinco artículos de la Constitución Española, tampoco se los podrán decir, pero votaron masivamente a favor y están contentos con ella; por lo tanto…, complicado, ¿verdad? P.– Tener todo el encargo de Castilla y León, más todo el encargo de la televisión pública y el audiovisual… Da la sensación de que las personas que están en el poder tienen que pegarse unas palizas a trabajar enormes... R.– Siempre me he sentido muy apoyado en el partido, tanto por los órganos de dirección como también por los votantes y las agrupaciones. Me considero una persona responsable y me gusta cumplir con las tareas que me encomiendan. Procuro ser profesional, que en esto de la política también se puede ser. P.– ¿Cuántas horas trabaja al día? R.– Muchas, muchas, muchas. Eso lo paga mi niña, que es a la que menos veo. En política se sabe a la hora a la que se sale de casa –yo, ahora mismo, sobre las 7,45h. –, pero no sabe uno cuándo vuelve, porque generalmente acaba el dia con cenas. Hay que intentar mejorar la conciliación. Todo el mundo sabe que en política los fines de semana también son días laborables. Yo procuré coger los 15 días de baja por paternidad. Aunque siempre está el móvil, que nos esclaviza. Y sin el que probablemente no podría vivir la aventura en la que está profundamente inmerso. Óscar López tiene la impaciencia de la juventud (todavía no ha cumplido cuarenta años), que no ha perdido pese a la maduración veloz, de invernadero político, a la que se ha autosometido. Transmite la sensación de que él está para cosas serias y no para perder su escaso tiempo en tonterías. Salgo de su despacho tratando de convencerme de que esta entrevista no le ha parecido que estuviera situada en la segunda de esas categorías; eso sí, seguro de que la habría hecho en cualquier caso, porque además de un profesional serio de la política, es exquisitamente educado. Sólo se permite un exceso: seguir al Real Madrid, su equipo de fútbol.... R.– He tenido el privilegio de estar en las tres finales. ¡Nadie es perfecto!… y yo soy madridista. (Con
la colaboración de Carlos Vaquero). |
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Portadilla Nº Septiembre 2010 Reportajes
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