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GAIA MEGA


REDEFINICIÓN DEL PRAGMATISMO

Giddens, el gurú de la Tercera Vía

MARX AL FONDO, AUNQUE NO SEA HOY "POLÍTICAMENTE CORRECTO"

Veinticinco años después, Anthony Giddens redefinió el pragmatismo.

Es el tiempo que media entre las fechas de edición de “La estructura de clases en las sociedades avanzadas” (1973) y de “La tercera vía. La renovación de la socialdemocracia” (1998). ¿Qué ha sucedido durante ese periodo de tiempo?: De todo. Hasta lo más imprevisible para los profetas de la política, cual fue el derrumbe súbito y veloz de los regímenes comunistas que se reivindicaban como desarrolladores, en la práctica, de las teorías de Marx.

Giddens se ha instalado en el papel de intelectual orgánico, posición más cómoda para un pensador que aguantar el tirón desde fuera. Sin embargo, cinco lustros antes, caótico y valiente a la vez, se atrevió con un tabú para sabios de izquierda: analizar la estructura de clases sociales en ese momento de la historia, revisando a Marx.

No iba lógicamente a prescindir de Marx en semejante empeño, pero probablemente falla en la proyección de las teorías de Marx a la realidad de la sociedad de los setenta. Y eso que las cosas no habían cambiado tanto, ni siquiera hoy día han cambiado tanto. Están las realidades más ocultas, las que no quiere ver la sociedad avanzada. El crecimiento de la clase media, a costa de la integración de proletarios que no se asumen como tales a sí mismos, ha forzado la degeneración de una clase baja empobrecida y miserable, sin oportunidades. Hoy los obreros son menos vistosos, menos dramáticos, y las clases altas aparentemente menos aparentes, pero la explotación sigue siendo norma y el capital se sigue quedando la plusvalía.

Estaba entonces apuntándose y hoy se está llegando a una sociedad de clase media gracias a la nueva clase obrera, el proletariado de cuello blanco que ni siquiera se acepta a sí mismo como obrero.

El libro –“la estructura de clases en las sociedades avanzadas”– debió ser “valiente” para la derecha e inconveniente para una izquierda que no estaba en aquellos momentos para revisiones de estas características, y mucho menos cuando no se podía convenir si esa era conclusión del libro. Giddens, menos seguro que ahora, nadaba y guardaba la ropa.

Ahora, Anthony Giddens se dedica a asesorar al laborista y primer ministro británico Tony Blair, y a poner ideología y filosofía política al pragmatismo gobernante de los socialdemócratas ingleses. Gurú de Blair, se ha adelantado a los alemanes de Shröeder. Pero sus tesis valen sólo para partidos socialistas con vocación de poder inmediato y que deben rendir buena parte de las armas ideológicas a la realidad contingente. A la Administración y al Gobierno.

Sirven para poner sustentación, andamiaje, a lo que no se hace y sin embargo se cree en ello; y a lo que se hace y no debería hacerse porque no se cree en ello.

Consiste la Tercera Vía, a la que llega Giddens después de su análisis de las clases sociales, en que los partidos socialdemócratas y socialistas gobernantes mantengan y bendigan el sistema político y social de capitalismo feroz, pero aplicando correctivos que conlleven ciertas mejoras sociales. La Tercera Vía del socialismo acepta todas las lacras de competitividad, deshumanización, lucro... Objetivos por encima de todo, que el propio socialismo condenaba y, en tiempos, se planteaba combatir.

Marx probablemente quedaría estupefacto con todo lo que sucede en el entramado intelectual actual y su utilización, interpretación, aplicación/no aplicación.

EL ANÁLISIS CON MARX

Analicemos, en comparación con Marx, su estudio sobre las clases en las sociedades avanzadas. Asunto difícil por la ambigüedad en la que el autor se mueve.

Dice Giddens que el empleo del término clase en Marx plantea un problema, dado que no proporciona una tesis formal del concepto. Para dar una definición satisfactoria establece una distinción entre tres conjuntos de factores que, desde su punto de vista, dificultan el estudio de este concepto en la filosofía marxiana. De éstos, al que menor importancia otorga es al primero, que habla de la terminología, aludiendo a la variabilidad del empleo de la palabra clase en Marx.

En segundo lugar trata el hecho de que existen dos construcciones conceptuales en relación con la noción de clase, uno que se aplica a todos los modelos de sistemas clasistas, que sería el modelo “puro o de dominación de clase”, y otro que daría unas descripciones más concretas de las características específicas de las clase en determinadas sociedades.

Por último, el tercer conjunto de factores concierne al análisis de las clases en el capitalismo y es en el que Marx soportó su teoría sobre la lucha de clases, basada en la explotación a la que están sometidos los estratos más bajos de la sociedad por los más altos, entendiendo a estos últimos como los que poseen los medios de producción.

Marx afirma que las ideas de la clase dominante son las ideas dominantes de cada época y, a su vez, esta clase es la que posee los medios para la producción material y a ella se someten los que no tienen los medios necesarios para producir ni material, ni espiritualmente.

Pero también asegura que cuando una clase consigue pasar de clase dominada a clase dominante adquiere los vicios que tenia la anterior, efectuando una total reorganización de la estructura social. Es en esto en lo que se basa para dar una explicación al por qué deben desaparecer las clases sociales para finalizar así con los conflictos que se originan en las sociedades industrializadas con régimen capitalista.

Marx declaró que no fue él quien descubrió la existencia de las clases, sino que probó que la existencia de éstas está ligada a determinadas etapas del desarrollo de la producción, que la lucha de clases lleva a la dictadura del proletariado y que ésta constituye la transición a una sociedad sin clases. El concepto de clase fue en cierta medida el punto de partida de toda la teoría marxista, pues su descubrimiento del proletariado como una nueva fuerza política en lucha por su emancipación le condujo al análisis de las estructuras económicas de las sociedades industriales.

Posteriormente fue ampliada la idea del conflicto de clases como fuerza impulsora de la historia. Ya en el “Manifiesto Comunista” decía textualmente: “la historia de todas las sociedades hasta nuestros días es la historia de las luchas de clases”.

En el análisis que hace Giddens de las clases en Marx, parece más preocupado en justificar que el término clase es utilizado de manera ambigua que en explicar la teoría de las clases, que concluye con la lucha entre éstas para estabilizar la sociedad y llegar a un sistema social justo para todos. Esto resulta bastante útil para concluir que las tesis marxistas son utópicas e inaplicables en los sistemas actuales. Teoría no tan desacertada, pero que debería tener también en cuenta que posiblemente el error no se encuentra en esta teoría, si no en la aplicación que se le ha dado a lo largo de la historia.

Los sistemas comunistas que pretendían voluntad de aplicarla se planteaban unos tiempos transitorios de ajuste tan largos que apenas se podía intuir, y menos visualizar, su advenimiento.

En sus teorías, Marx planteó y desarrolló también la tesis de la alienación a la que se encontraban sometidos los trabajadores de las fábricas. Son éstos los que elaboran los productos con los que posteriormente se enriquecen los propietarios de los medios de producción. Esto se da dentro del sistema capitalista, que es principalmente clasista.

Pero la mera supresión de la división clasista, mediante la abolición de la propiedad privada de los medios de producción, no destruiría todas las fuentes del antagonismo social, sólo las más importantes, debidas a los diversos grados de control de la apropiación del excedente.

EL TRABAJO, MERCANCÍA DE MERCADO

En el sistema capitalista, el trabajo se considera igual que cualquier otra mercancía, es un producto que se compra y se vende en el mercado. Por lo tanto, podemos explicar la plusvalía haciendo referencia al hecho de que, como la fuerza del trabajo obrero es una mercancía, su costo de producción puede calcularse exactamente igual que el de cualquier otra mercancía. Y subirlo o bajarlo en función de la oferta. (Esto lo tienen más que integrado los partidos socialistas de la Tercera Vía). Marx entendía la plusvalía como el valor producido por el conjunto de los trabajadores en el modo de producción capitalista durante el tiempo de sobretrabajo, efectuado más allá del trabajo necesario para la producción y el mantenimiento de la fuerza de trabajo.

En “El Capital”, Marx aboga por la creación de sociedades anónimas laborales (capitalismo sin capitalistas), ya que conducen a la abolición del modo de producción capitalista dentro del propio modo de producción capitalista. Con ellas no se llega realmente al socialismo, ya que este tipo de sociedades opera dentro del mercado capitalista, pero constituyen un conjunto de relaciones de producción totalmente distintas a las originales del capitalismo.

A medida que avanza el capitalismo, la línea que separa la pequeña burguesía de la clase proletaria se difumina hasta que finalmente desaparece englobándose los pequeños burgueses en el proletariado, creándose una clase obrera cada vez más homogénea.

Marx justifica este fenómeno principalmente por la tendencia a la mecanización, estimulada por el impulso que da el capitalismo hacia los avances tecnológicos, que causa como fenómeno inmediato la desaparición del trabajo especializado, ya que su tarea es asumida por una máquina. Esto hace que una gran parte de los obreros pierdan sus trabajos y formen el llamado ejército de reserva, que representa el foco principal de la pobreza absoluta, de la miseria, que crea el capitalismo.

Según Giddens, las teorías de Marx deben ser completadas con las teorías de Max Weber, que realiza una importante crítica a las ideas marxistas.

Giddens puntualiza que las versiones de clase, status y partido, ofrecen lo que no ofrece Marx: un estudio explícito del concepto de clase, que reitera es un “modelo abstracto”. Escribe igualmente que en ciertos aspectos generales recuerda a Marx, insistiendo en una concepción pluralista de las clases. Pero continuando con la lectura de este ensayo, nos encontramos con que, para el autor, Weber también hace un examen abstracto de los conceptos de clase, status y partido; pero eso sí, proporcionando el tipo de análisis conceptual conciso que falta en Marx.

Posiblemente estos dos pensadores no son del todo útiles para justificar las teorías del señor Giddens.

Respecto al planteamiento general de un “modelo abstracto” del capitalismo moderno, Giddens nos dice que no existe en principio en la obra de Weber, pero más adelante cambia de opinión diciendo que se puede deducir de sus escritos (más abstracto, imposible).

Mientras que para Marx el paso del capitalismo al comunismo era algo que sucedería seguro, Weber lo reconoce como algo que puede ocurrir en un futuro probable, pero que extiende y completa las tendencias del capitalismo en lugar de crear una forma totalmente nueva de organización social.

En el fondo, Giddens funciona como crítico y juega a la ambigüedad como un valor añadido, aunque lo elitice al hacerlo más incomprensible. Fracasa en su revisión (que no reconoce) de Marx, sin embargo sería una potente aportación a partir de su reconocimiento de que las clases sociales y sus teorías siguen hoy vigentes, aunque algo apunta en su relectura de 1979.

El intento de “sorpasso” de Marx no le funciona porque no sólo busca adelantarlo sin medios intelectuales, sino que se coloca en paralelo y no avanza.

VALIDEZ Y PRAXIS

Afirma Giddens que la validez de las ideas de Marx ha de juzgarse en términos de su éxito en la praxis. Hoy ya tenemos la respuesta: La Historia ha dado la espalda a la aplicación directa de sus teorías; sin que debamos perder de vista que sus hermeneutas no le fueron muy fieles e, igualmente, los políticos que aseguraban seguir sus pautas al organizar la sociedad que regían traicionaron los conceptos: por su mantenimiento del poder, laminaron libertades –no insinuaba eso Marx– y crearon nuevas clases sociales de distinta naturaleza, pero similar distanciamiento y tensa relación.

Por ahora, sus intérpretes y albaceas han dejado demostrada, sin necesidad de Giddens, la imposibilidad de la sociedad sin clases.

 


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