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Portada nº 2
Reportajes y Entrevistas
Sección General


MANUEL MARÍN, EX VICEPRESIDENTE DE LA COMISION EUROPEA
Y DIPUTADO DEL PSOE POR CIUDAD REAL

“Las Administraciones Públicas nunca estarán libres
de episodios fraudulentos”

“Hay que ir a un sistema de listas
abiertas y de segunda vuelta”


Por ALFONSO CASTRO

Manuel Marín (Ciudad Real, 1949), se inició muy joven en política. Con 27 años era ya diputado por el PSOE en las Constituyentes de 1977 y en la siguiente legislatura secretario general adjunto de su grupo y portavoz de la Comisión de Exteriores. En 1982 ocupó en el primer Gobierno de Felipe González la Secretaría de Estado para las Relaciones con las Comunidades Europeas, siendo cuatro años después uno de los firmantes del ingreso de España en la Unión Europea, lo que le sirvió a partir de entonces para ocupar diversos puestos de comisario comunitario y a partir de 1992 una de las Vicepresidencias de la Comisión Europea hasta la caída del Gobierno Santer en 1999. Tras las elecciones del 12-M vuelve al Parlamento como diputado por Ciudad Real.

REENCUENTRO POLÍTICO

A.C.– ¿Qué lección se ha traído mejor aprendida de allá, del corazón de la Unión Europea, quien crea que pueda sernos útil a los españoles?      

M.M.– La de que para que las cosas salgan bien hay que trabajar mucho. Esto es muy importante porque la improvisación, aunque pueda ser brillante en un momento determinado, no resuelve los problemas. Estos se resuelven trabajando mucho, con un buen sistema de trabajo y teniendo muy claro cuáles son los objetivos a conseguir. Cada vez me convence menos la política espectáculo, la política del megáfono, que puede ser brillante en algún momento, pero no resuelve los problemas.            

A.C.– Antes de dejar Bruselas usted mostró sus preferencias por la vida universitaria en su retorno a España. Pero no ha sido así. ¿A qué le gustaría dedicar su tiempo político en la inminente legislatura?      

M.M.– Es verdad que mi primera intención era trabajar como profesor universitario y tenía diseñado un esquema para dedicarme los próximos dos o tres años a la docencia, que me gusta mucho y me hace sentirme tranquilo y feliz. De hecho empecé a trabajar en septiembre pasado en la Universidad Carlos III de Madrid y poco después en otras cuatro universidades españolas que se interesaron por mí, al igual que un centro universitario de Montevideo. Incluso tenía una oferta muy interesante para trabajar en México.      

Lo bueno que en este momento tiene la Universidad, sobre todo en el ámbito de los postgraduados, es que éstos están muy motivados, quieren aprender y son competitivos. Da gusto trabajar con gente así. Pero bueno...

Después he tomado, con todas las consecuencias, la decisión de apoyar y ayudar a Joaquín Almunia cualquiera que fuera el resultado de las elecciones.    

A.C.– En su etapa como gobernante europeo algunos de sus subordinados le dieron más de un disgusto con asuntos turbios. Algo así como le ha ocurrido este tiempo de atrás a Manuel Pimentel en el Ministerio de Trabajo. ¿Tan difícil resulta instaurar o garantizar que haya una efectiva transparencia y la debida honestidad entre los vasos comunicantes del organigrama de las Administraciones?        

M.M.– Eso es muy difícil. A mí me pasó exactamente lo mismo que al señor Pimentel. En mi caso fue un jefe de unidad francés, al que conocía y trabajó en mis servicios y eso nos llevó, como es sabido, a la dimisión. Este personaje cometió la operación de fraude en agosto de 1993 y el tío tuvo el tupé de seguir trabajando allí hasta 1998 como si no hubiera pasado nada y ello a pesar de ese clavo que tienes que advertir muy a menudo a tus subordinados de que esperas que todas las decisiones que estés tomando las estén aplicando con sigilo y discreción y ellos te respondan "por supuesto, señor comisario, no podríamos actuar de otra manera".       

Me he hecho muchas veces esta pregunta: ¿Cuando se está en un puesto de responsabilidad se está realmente en condiciones de controlar todos los terminales de decisión, a toda la gente que trabaja con uno? Creo que eso es muy difícil. Forzosamente tienes que trabajar con relaciones de confianza y lo que menos se te ocurre pensar es que cualquiera de tus subordinados puede ser un golfo o que están utilizando las conversaciones que tienen contigo, las decisiones que vas a tomar, lo que en suma significa tener información privilegiada, para después dárselo a otra persona y hacer negocio a partir de ahí.    

Si se rompen esas relaciones de confianza es imposible poder trabajar en un puesto de responsabilidad y todavía mucho más en una organización internacional como la Comisión Europea. Las Administraciones Públicas del tipo que sean nunca estarán libres de este tipo de episodios. Nunca.          

 

ABUSOS DE POSICION DOMINANTE

A.C.– Echar mano en Telefónica del mecanismo de la "golden share", o "acción de oro", como pretende su partido que haga el Gobierno del PP para desactivar la alianza BBVA-Telefónica, no parece que sea el camino más acertado, teniendo en cuenta las directrices emanadas de la Comisión Europea en materia de libertades de circulación y establecimiento empresariales. ¿Qué opinión tiene sobre este asunto?        

M.M.– Lleva usted toda la razón, porque efectivamente existe una directiva europea que planteó, no en términos perentorios, a todos los Gobiernos que al objeto de garantizar el máximo de libertad en el mercado interior estos renunciaran al ejercicio de la "acción de oro".    

Esto se hizo justificadamente, para evitar comportamientos que permitieran en los distintos Estados miembros la consolidación de monopolios de hecho dictados por los propios Gobiernos.         

Y en el caso concreto del que me habla, debido a la reacción sobre todo de naturaleza política y ciudadana, respecto a lo ocurrido con esa alianza, el único mecanismo que tiene el Gobierno para intentar dar al menos la sensación de que ese no puede ser el camino es echar mano de la "golden share".        

La liberalización del mercado y las privatizaciones no son en absoluto lo mismo que la constitución de oligopolios de hecho, que, de seguir así, podrían hacer que entre siete u ocho empresas controlen el 30 ó el 40% del Producto Interior Bruto español. Eso es abuso de posición dominante y no me parece que sea un modelo de Gobierno para un país moderno. Esta situación es tremendamente incómoda para el Gobierno y para unos ciudadanos que no están notando en la mayoría de sus facturas cotidianas de pago que esas privatizaciones hayan abaratado sus servicios elementales.      

A.C.– ¿Y la posibilidad de que interviniese el Banco de España, como ha apuntado también su partido?        

M.M.– Eso lo veo más difícil de llevar a cabo. La única solución que queda ya en el país es ampliar y dotar de más contenidos y de mucha más fuerza y rapidez los sistemas establecidos para garantizar la libre competencia, revisando probablemente las leyes vigentes, porque si estos mecanismos funcionaran bien podría optarse por otra salida a este problema de la alianza, pero qué hacen el director general de la Competencia y el Tribunal de Defensa de la Competencia que no se preguntan públicamente, por ejemplo, si el que las petroleras hayan aumentado todas una peseta el precio de la gasolina el mismo día es o no es un problema de prácticas o precios concertados. No deja de ser chocante esta subida lineal, que se debe ni más ni menos a que se ha hecho una privatización que de facto no ha liberalizado el mercado.       

Privatizar no quiere decir liberalizar y aquí en España lo que se ha hecho es privatizar un sector económico al tiempo que se ha seguido manteniendo un sistema de prácticas concertadas y de abuso de posición dominante.         

A.C.– Cuanto menos resulta contradictorio para el electorado de izquierdas que un partido como el PSOE no rompa ninguna lanza en favor de la empresa pública racionalizada...    

M.M.– Eso no es cierto. Insisto en que, tal y como se han producido las privatizaciones en España, en nuestro mercado interior hay que activar al máximo, con rigor y consistencia, todos los instrumentos que tiene el Estado y la misma Unión Europea para garantizar la existencia de libre competencia.    

Todos sabemos lo que pasó, por ejemplo, con la Comisión Nacional Eléctrica. El Gobierno de Aznar ha facilitado la creación de oligopolios de hecho que están en condiciones fácilmente o de tener una posición dominante y abusar de ella o de sistemáticamente, como es el caso del sector energético y de las petroleras, ejecutar un sistema de prácticas concertadas de precios. Y la única forma de cambiar eso es activar realmente la competencia entre ellas y entre ellas con otros operadores europeos e internacionales.   

A.C.– Está bien..., pero le he preguntado por empresas públicas llevadas con buena cabeza y con disciplina...  

M.M.– El discurso que hace el PSOE es el que creo que se tiene que hacer en estos momentos, porque no vamos a aplaudir ahora el estatuto de la empresa pública del INI, eso sería absurdo y ya no se lo creería nadie.    

El discurso de ahora es el de un Gobierno corrector, que es distinto. El mercado es fundamental porque marca la eficiencia de la empresa y no es cuestión de negar su necesidad, ni de negar la necesidad de conceptos como competitividad, productividad, inversión en nuevas tecnologías, desarrollo de las nuevas comunicaciones e Internet, etc.    

Todo eso está muy bien, pero tiene sus límites y nosotros lo decimos sin complejos, porque todo eso no resuelve ciertos problemas fundamentales de una sociedad moderna como la educación, la salud, las pensiones, o infraestructuras básicas como las del transporte, o los recursos hídricos, que son derechos que nunca van a cotizar en Bolsa.    

Es en esos límites donde tiene que intervenir el Gobierno para corregir las desigualdades que normalmente genera el mercado y establecer al mismo tiempo políticas de acompañamiento, de solidaridad, de reparto, y políticas de cohesión económica y social entre los distintos territorios de España.      

 

CAMBIOS EN LA SOCIEDAD Y LA POLÍTICA

A.C.– ¿Usted, aunque ha sido un ferviente "felipista", no cree que es mejor para el PSOE que en esta nueva etapa que parece vislumbrarse una mayor cohesión entre las fuerzas de izquierdas, Felipe González permanezca más al margen de lo que está en estos momentos?    

M.M.– Sí. Aunque le tengo un enorme cariño y respeto, ¡qué podría yo decir de Felipe González!, pero creo que lo que está pasado en España y va a seguir pasando en el futuro es que vamos hacia otro tipo de partidos y de representación política, donde cada vez va a ser más difícil que se den los hiperliderazgos, los grandes líderes, que en España tuvieron mucho que ver con la Transición. La España de hoy es distinta y creo que en lo sucesivo los partidos y las organizaciones en general van a ser mucho más la suma de referencias sociales, de sensibilidades y visiones distintas de las cosas.     

Los partidos políticos, independientemente de que deben tener un espíritu y una autoridad propia, ya no representan por sí solos una realidad social que es muchísimo más amplia. Y su trabajo básico a partir de ahora va a ser el de catalizadores de las múltiples y diferentes sensibilidades que existen en una sociedad moderna como la española. Pasa así también en Europa y dejo de lado el hecho de que en la mayoría de los problemas del día a día los intermediarios reales entre el poder político y los ciudadanos no suelen ser ya los partidos, sino los medios de comunicación.    

Los medios son ya los auténticos intermediarios para que los ciudadanos puedan interpretar lo que ocurre y a partir de ahí adoptar su propia posición individual. Esto explica la enorme avaricia que existe en todas las sociedades modernas por intentar controlar como sea los medios de comunicación.       

A.C.– ¿Entonces habría que ir a una reforma de la Ley Electoral y de las normas que fuera preciso?      

M.M.– La sociedad española está cambiando tanto en la percepción de la política y la demanda de participación ciudadana es ya de tal calibre que va a ser inexorable que se cambie dicha Ley, en el sentido de acabar con el sistema de listas bloqueadas y crear otro de listas abiertas. Estoy convencido de ello.  

Y también se podría pensar en un sistema de preferencia y de segunda vuelta que permitiera efectivamente una acumulación de votos para dar mucha más estabilidad al sistema y a los partidos que ganen o pierdan las elecciones.    

Creo que nadie debería oponerse a ser cada vez más transparente en este sentido y poner mucho más cerca de los ciudadanos la gobernabilidad de los ayuntamientos, de las comunidades autónomas y del Estado. Es una demanda social cada vez más fuerte.    

 

LA POLÍTICA EXTERIOR NO PUEDE DAR BANDAZOS

A.C.– El otro día le oí decir que la política exterior y europeísta de estos cuatro años de Gobierno del PP sustancialmente ha sido la correcta y la que cabía esperar. ¿Con declaraciones así de conciliadoras, tan poco electoralistas, no teme un tirón de orejas?    

M.M.– No, no lo temo, en absoluto. Al contrario. La política exterior de un país que se precie de ser serio no puede ser nunca una política sometida a bandazos, aunque pueda tener sus ajustes, sus matices, o sus sensibilidades. Tampoco el PP ha cambiado sustancialmente en nada la política exterior que desarrolló el Gobierno del PSOE. La política exterior, como las políticas de seguridad, deben ser políticas poco electorales.   

A.C.– ¿Cree que ha dado un buen bandazo el Gobierno del PP en su actitud sobre el tema de la extradición de Pinochet?    

M.M.– Si el Gobierno español pensaba que la extradición de Pinochet generaba un escenario político negativo para los intereses españoles en términos económicos, financieros, de Cumbre Americana, etc., debería haberlo dicho a tiempo y en 48 horas se hubiera resuelto el tema. Pero no, el Gobierno pensó al principio que si hacía realmente lo que pensaba eso le podría crear un problema y un coste de imagen tremendos y optó por jugar primero a que Pinochet fuera juzgado, pero después se ha puesto de manifiesto su actitud real sobre este asunto. Y si ésta era su posición debía haber asumido su responsabilidad en 24 horas, incluyendo el coste político y se hubiera ahorrado más de un problema sobrevenido con este asunto que ha provocado una irritación muy fuerte en varios gobiernos europeos.   

En política internacional no se puede hacer lo que ha hecho el PP, que cuando le han transmitido un documento confidencial (como tantos otros muchos se transmiten los gobiernos entre sí) aparece el señor Piqué prácticamente muriéndose de risa y hablando de periodismo de investigación, porque la televisión también la ven los embajadores y no es bueno que en tres o cuatro países europeos se pueda pensar que el Gobierno del señor Aznar no es fiable para compartir cierta información confidencial. Eso no se hace y podían haber dado cualquier otra excusa, pero esa no.     

A.C.– ¿Qué criticaría del programa electoral del Partido Popular en política exterior y comunitaria?     

M.M.– Me parece un programa fundamentalmente clásico, en el que no estamos de acuerdo, por ejemplo, en la visión que tiene el PP de la Conferencia Intergubernamental. Nos parece un error que España se haya posicionado con los países que quieren una agenda corta, porque detrás de esa Conferencia creo que se están enfrentando, sin decirlo aún, dos modelos. Uno, europeo, donde todos nos limitaríamos a tener un mercado interior más una Unión Monetaria y basta; y el otro modelo, mucho más europeísta, en que se sitúa el PSOE, que considera que estos dos aspectos más el próximo debate sobre la identidad europea de Defensa son instrumentos de un proyecto fundamentalmente integrador.    

 


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