SANTIAGO DEL VALLE La profunda y enlodada crisis política peruana
Pocos se inmutaron en Perú cuando Fujimori suspendió las funciones del parlamento; y tampoco se alarmó mucha gente cuando comenzó a nombrar jueces provisionales, amplió las competencias de los tribunales militares y empezaron a llover sentencias con escasas garantías. La clase política peruana había acumulado toneladas de desprestigio y los ciudadanos pensaban que los jueces, tan rigurosos con el ciudadano de a pié, no querían arriesgarse a ser eficaces contra las tramas organizadas, fueran mafiosas o grupos terroristas. De aquellos polvos viene el lodo que pringa el momento político del país andino. El tandem Fujimori-Montesinos funcionó eficazmente durante años. El chino era, por fin, un Presidente desvinculado de las familias criollas que siempre detentaron el poder en Perú; mientras que el súper-asesor Vladimiro Montesinos, sobre sus éxitos contra el terrorismo senderista empezó a construir un nuevo perfil de estadista con rasgos de Rasputín, Beria y doctor Menguele andino. A pesar de los duros ataques a la prensa, en todos estos años hubo periodistas y medios dispuestos a decir las cosas con claridad; el caso es que con juicios irregulares, más de tres mil desaparecidos reclamados por Amnistía Internacional y una interminable crisis, la opinión empezó a distanciarse de la magia del chino, dispuesto a todo para perpetuarse en el poder. ¿Era preciso cambiar algo para intentar que todo siguiera igual? Seguro que sí. Tras la difusión del vídeo en el que el desvergonzado Montesinos compraba a un congresista, el embajador americano tardó sólo unas horas en comparecer pidiendo la cabeza del antiguo agente de la CIA.
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