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Portada nº 4
Información General y Opinión
Sección General


SANTIAGO DEL VALLE


La profunda y enlodada crisis política peruana

La gente se echó a la calle...

 

Pocos se inmutaron en Perú cuando Fujimori suspendió las funciones del parlamento; y tampoco se alarmó mucha gente cuando comenzó a nombrar jueces provisionales, amplió las competencias de los tribunales militares y empezaron a llover sentencias con escasas garantías. La clase política peruana había acumulado toneladas de desprestigio y los ciudadanos pensaban que los jueces, tan rigurosos con el ciudadano de a pié, no querían arriesgarse a ser eficaces contra las tramas organizadas, fueran mafiosas o grupos terroristas.    

De aquellos polvos viene el lodo que pringa el momento político del país andino. El tandem Fujimori-Montesinos funcionó eficazmente durante años. “El chino” era, por fin, un Presidente desvinculado de las familias criollas que siempre detentaron el poder en Perú; mientras que el súper-asesor Vladimiro Montesinos, sobre sus éxitos contra el terrorismo senderista empezó a construir un nuevo perfil de estadista con rasgos de Rasputín, Beria y doctor Menguele andino.     

A pesar de los duros ataques a la prensa, en todos estos años hubo periodistas y medios dispuestos a decir las cosas con claridad; el caso es que con juicios irregulares, más de tres mil desaparecidos reclamados por Amnistía Internacional y una interminable crisis, la opinión empezó a distanciarse de la magia del chino, dispuesto a todo para perpetuarse en el poder.     

¿Era preciso cambiar algo para intentar que todo siguiera igual? Seguro que sí. Tras la difusión del vídeo en el que el desvergonzado Montesinos compraba a un congresista, el embajador americano tardó sólo unas horas en comparecer pidiendo la cabeza del antiguo agente de la CIA.     

La gente se echó a la calle llena de alegría, mientras Fujimori comenzó a sacar conejos de la chistera haciéndose de nuevo dueño de la agenda política. Para ayudarle en la opereta están las diplomacias de varios países, entre ellos España, dispuestas a mediar e intercambiar favores para encontrar un alojamiento adecuado a personaje de tan extraña biografía: expulsado del ejercito como capitán deshonrado, luego abogado defensor de narcotraficantes, agente de la CIA, jefe del servicio secreto peruano, azote de opositores, enemigo de libertades y, finalmente, refugiado político de lujo.    

Alberto Fujimori

 

 


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