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Portada nº 4
Información General y Opinión
Sección General


VÍCTOR SÁNCHEZ


Perú: "El Chino" huye
sin honra ni vergüenza

Como una rata. El presidente del Perú, Alberto Fujimori, alias El Chino, ha abandonado el barco como una rata. Desde el Japón, la tierra de sus padres, donde oficialmente negociaba apoyo financiero para su Gobierno, Alberto Fujimori realizaba, el domingo 19 de noviembre de 2000, el último gesto cobarde de su accidentada presidencia, marcada por una peculiar manera de entender la democracia.     

El pueblo peruano no se merece esta crisis, provocada por un hombre que siempre ha desdeñado la democracia. Un hombre que alcanzó la presidencia del país en 1990, en medio de una crisis económica que tenía a los peruanos sumidos en una inflación galopante, cifrada en el 7.000 por ciento anual.    

Desde el primer momento, Fujimori centró su política en la reordenación económica del país y en el desprecio permanente a las libertades políticas. Enderezó la economía del país y tuvo éxitos notables en su lucha contra la guerrilla. Puso entre rejas, hace ocho años, al líder de Sendero Luminoso, Abimael Guzmán, a quien mostró ante el mundo enjaulado como un animal.    

No hay que olvidar cómo, en 1992, El Chino se mantuvo en el poder poniendo por delante la fuerza del ejército. En 1992 disolvió los poderes legislativo y judicial y tomó autoritariamente las riendas de la República.     

Tampoco tuvo inconveniente en utilizar todos los recursos para proclamarse vencedor de las elecciones del pasado abril, plagadas de irregularidades y envueltas en las denuncias, demostradas, de fraude. Un proceso electoral que llevó al líder de la oposición, Alejandro Toledo, a renunciar a participar en la segunda vuelta. Toledo sabía que su concurrencia a aquella segunda vuelta sólo habría contribuido a legitimar la permanencia en el poder del dictador.   

Meses después, la revelación de unas imágenes del asesor de Fujimori Vladimiro Montesinos, sobornando a un parlamentario opositor, fue la gota que colmó el vaso. Fujimori tenía las horas contadas. Su ex número dos contribuyó a empeorar la situación con su huida y su rocambolesco regreso al país. De hecho, en las horas previas al momento en que Fujimori anunció su renuncia (su huida, hay que decir), el Parlamento peruano estudiaba su destitución.    

Tan solo, tan alejado del país ha quedado El Chino, que pocas horas después del anuncio de retirada, los políticos supuestamente más próximos a Fujimori, los miembros de su gobierno, anunciaban su propia dimisión, condenaban la actitud del jefe y se comprometían a permanecer en funciones en el ejercicio de su cargo, para tratar de garantizar la estabilidad en el país.    

Al tiempo, el candidato opositor a Fujimori, Alejandro Toledo, de viaje por Europa, anunció su inmediato regreso al Perú, al tiempo que reclamaba ser el candidato único y unitario de la oposición, para garantizar un cambio democrático.     

La prensa del país no ha dudado a la hora de tomar partido. El mismo día de la dimisión de El Chino, el 19 de noviembre, el diario "El Expreso", en un editorial retórico en el que no dejaba de glosar las bondades del régimen fujimorista, reclamaba al presidente: “tiene que retornar a suelo peruano en su calidad de jefe del Estado y no en el papel de policía o juez, funciones que pareció asumir en las últimas semanas y que tanto han desconcertado a la opinión pública. Debe dirigir un mensaje a la nación y exponer claramente sus ideas y el plan para la transición democrática. Es él quien debe reformular su gabinete con un equipo técnico que mantenga el país funcionando en condiciones que todos consideramos difíciles, pero no imposibles”.    

Concluye "El Expreso" que “Si así lo hace (si regresa), tendrá sin ninguna duda el sitio que le corresponde en el reconocimiento de la nación; de lo contrario, no sólo habrá construido su desgracia y la del país, sino que el pueblo jamás se lo perdonará”.    

El diario "La República", en su editorial del día 19 de noviembre, publicado antes de conocerse la huida y renuncia de Fujimori, ya lo descalificaba plenamente en cualquier ámbito político: tanto como posible candidato a la presidencia en las próximas elecciones como candidato al Congreso. Fujimori barajaba la posibilidad de presentarse al Congreso, en búsqueda de un refugio que habría hecho pensar en la solución Pinochet.   

Fujimori ha muerto políticamente. Los peruanos tendrán que encontrar la salida a la sorprendente crisis provocada por un líder político que ha tenido la desfachatez de anunciar desde el extranjero su renuncia.     

Lo ocurrido debe provocar una reflexión profunda de los peruanos y de todo el planeta sobre los peligros de una política orientada exclusivamente hacia las cuestiones económicas.   

Es el momento de constatar que el éxito gubernamental en el plano económico no es sinónimo de democracia. Fujimori sustentó y acrecentó su prestigio durante el primer mandato (1990-1995) en su éxito económico.   

Fujimori ha muerto políticamente después de haber despreciado las normas democráticas, después de mostrar al mundo sus métodos corruptos, después de haber hecho habitual la violación de los derechos humanos, después de haber caído reiteradamente en el abuso de poder… después de huir como una rata.    

La democracia es algo más que el éxito económico. Porque, entre otras cosas, cuando las magnitudes macroeconómicas comienzan a ser negativas para un Gobierno, si su acción no ha tenido más objetivo que el éxito económico, ese Gobierno corre el peligro de tener que huir por la puerta de atrás.   

Otra reflexión merecería el hecho de que el éxito económico no siempre (de hecho, casi nunca) es sinónimo de democracia económica. Y si no, que se lo pregunten a los peruanos.   

 


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