PEDRO VÁZQUEZ Gómez de Liaño: indulto ejemplar La
noble fachada del Ayuntamiento de Brujas exhibe un bajorrelieve que es
toda una declaración de principios. La disculpa es una cita bíblica; la
grave advertencia, su contenido: un juez sometido a tormento por haber
prevaricado. La misma escena se reproduce a todo color en un gran cuadro
que se conserva en el museo de la ciudad, encargado por las autoridades
burguesas que consideraban la disciplina y honradez de los jueces una base
necesaria para el buen funcionamiento de la cosa pública, la seriedad y
honestidad de los negocios y el respeto a la libertad de los ciudadanos. Los españoles procedemos de otra tradición política, en la que se
consideraba al juez delegado y ejecutor del ilimitado poder de los
monarcas absolutos; aunque habría que suponer que las cosas debieran ser
muy distintas cuando la Constitución va estando talludita. El
caso es que la ceremonia de indulto al juez prevaricador Gómez de Liaño
resultó muy desvergonzada. Pilar Urbano, como observadora privilegiada de
este asunto, lo describió acertadamente: “¡Qué esperpento!” (El
País, 3-12-00); y resumió perfectamente la sensación que embarga a
muchos ciudadanos: “alguien tiene algo que ocultar, alguien debe algo a
Gómez de Liaño”. Si aquellos gobernantes en los Países Bajos querían recordar a los ciudadanos que todos –y sobre todo los jueces– estamos sometidos al imperio de la Ley; nuestro Gobierno parece querer recordarnos lo contrario. Pues bien, si de eso se trata, que nos lo digan bien claro. Propongo que instalen en un frontispicio en la Moncloa un bajorrelieve similar al de Brujas. En él se podría representar como visión ejemplarizante una de esas obscenas reuniones en locales exclusivos que pudimos conocer con detalle a través del libro de Urbano. Un encuentro de ansones, trevijanos y capmanys, con amigos jueces y fiscales; todos dispuestos a arreglar el mundo a su medida; compartiendo el uso de informes sobre empresas de comunicación encargados por y para el servicio del gobierno; siempre a mayor gloria de su Presidente y como amenaza genérica todos los réprobos y discrepantes que en el mundo han sido. En fin, una visión de semejantes ejemplares dándole la vuelta a la ley como un calcetín pero, eso sí, con blindaje garantizado. |
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