IGNACIO MARTÍN MARURI Ingeniero Superior de Telecomunicaciones por la Universidad Politécnica Las otras
causas
Es fácil entender las quejas de los músicos y discográficas, ya que este fenómeno tiene obvios efectos negativos para las personas dedicadas a la creación, comercialización y distribución musical que ven amenazados sus ingresos, beneficios y muchos puestos de trabajo. También supone un problema para la sociedad en general que deja de percibir los ingresos en concepto de impuestos directos e indirectos que el sector musical aporta. Sin embargo también es comprensible la posición de aquellos que defienden la necesidad de los emigrantes ilegales de ganarse la vida de alguna manera, e incluso la de aquellos que aseguran que es preferible que estas personas vendan CDs y no se dedique al tráfico de drogas o comentan otro tipo de actos delictivos. Sin embargo, el problema de la emigración ilegal y la precariedad de su situación debe ser solucionada con medidas específicas de integración social y no consintiendo actividades ilegales, que aunque no afectan a la salud pública como en el caso de las drogas, perpetúan la precariedad de los emigrantes y afectan a su dignidad como personas. Dicho esto y reafirmando la opinión de que los hechos delictivos deben ser perseguidos por la justicia, entiendo que una visión puramente punitiva, no solo no permite analizar las causa reales del Top Manta, si no que no ofrece una solución real y duradera al problema. Aunque la presión policial se haga sofocante la situación de necesidad de los emigrantes y los beneficios de las mafias harán que este fenómeno no llegue a desaparecer. Siempre habrá alguien que no tenga nada que perder, los emigrantes ilegales, y alguien que tenga mucho que ganar, las mafias. Creo que es importante, si es que realmente se quiere solucionar este fenómeno hacer un análisis de las causas que han llevado a la aparición del Top Manta, causas que hasta la fecha nadie parece querer plantear públicamente. En mi opinión, el Top Manta surge simplemente por los inmensos beneficios que esta actividad delictiva reporta a las mafias. Esta afirmación en apariencia tan simplista, nos obliga a preguntarnos del porqué de los inmensos márgenes de esta actividad, equiparables sino superiores al tráfico de drogas o el contrabando de tabaco. Las drogas, el contrabando de tabaco, son negocios que dan un margen de beneficio muy grande debido a que su precio de venta no se fija por la competencia del mercado y no tiene relación real con el coste de su producción. El precio del tabaco se ve elevado por los impuestos que lo graban mucho más allá de su coste de producción, la ilegalidad de las drogas hace que el riesgo de su tráfico sea el que fija el precio final. En cualquier caso no existe un mercado libre para estos productos y de esta manera el precio se fija artificialmente. Este es de hecho uno de los argumentos usados por aquellas personas que consideran necesario legalizar el uso de las drogas, ya que de esta manera el precio bajaría y las mafias no encontrarían unos márgenes tan impresionantes como los que ahora tienen. Probablemente disminuirían las mafias, pero difícilmente disminuiría el consumo como se puede comprobar con otras drogas ya legalizadas como el tabaco y el alcohol. Pero este es otro problema. Lo que llama la atención es que realizar copias piratas de CDs sea un negocio tan atractivo para las mafias como el tráfico de estupefacientes o el contrabando de tabaco. La explicación es la misma que ya se planteaba anteriormente, el precio final de los CDs no es el precio que marca el mercado, es un precio marcado por factores exógenos. Estos factores no son su ilegalidad como en el caso de las drogas, ya que su comercio es perfectamente legal, ni su carga fiscal como en el caso del tabaco, aunque haya personas que consideren que debería aplicarse el IVA correspondiente a la cultura y no el utilizado para los bienes de lujo. La causa fundamental es que el mercado de la música funciona en forma de monopolio, o mejor dicho oligopolio de facto, controlado por 5 multinacionales y que los precios se fijan artificialmente y no por la libre competencia. El comprador siente que el valor que se le está dando, es decir la música que compra, no corresponde al precio que paga por ella. Si analizamos la creación de valor en el negocio musical, es decir quién aporta valor al producto final, desde que se inicia su producción hasta que finalmente se vende, podemos distinguir de forma simplista y sin ánimo de ser exhaustivos tres actores fundamentales. Inicialmente están los músicos, compositores, productores, ingenieros de sonido, fotógrafos, diseñadores etc. y que podíamos denominar como la etapa creativa. Luego aparecen las compañías discográficas, que seleccionan y promocionan a los artistas además de realizar las copias de los CDs, esta sería por tanto la etapa de producción, marketing y promoción. Por último tenemos a los distribuidores y las tiendas de discos que configuran la etapa de distribución y venta. De los 18 euros aproximadamente que cuesta un disco en la tienda, unos 2 euros se dedicarían a pagar a los responsables de la etapa creativa y los 16 restantes se repartirían entre las otras dos etapas de la cadena de valor. Esto en lo relativo al precio, pero si analizamos quien aporta realmente valor al disco estaríamos todos de acuerdo en que la inmensa mayoría del valor de una obra musical se aporta en la etapa creativa. Existe por tanto un claro desfase entre los actores que dan valor al producto y los que ganan el dinero. Esta cadena de valor es muy similar a la de la edición de libros donde también existe una etapa creativa, una etapa de promoción e impresión y una tercera etapa de distribución y venta. La diferencia radica en el mayor coste de la impresión de un libro comparado con la copia de un CD y sin embargo los libros de bolsillo tienen un precio final que ronda entre los 6 y los 10 euros. ¿Cómo se explica que siendo en principio los costes más altos el precio de los libros sea un tercio del de un CD? En mi opinión a esta situación se ha llegado por dos motivos, el primero ha sido el control de la producción musical mundial por parte de unas pocas multinacionales sin entrar en competencia entre ellas. Existe una cierta actitud de no-agresión en lo relativo al precio final de los CDs, que se ha mantenido artificialmente alto. Solo así se puede explicar que un mismo disco unos meses, a lo sumo dos años después de su lanzamiento, reduzca su precio en más de un 50%, cuando en principio los costes se han mantenido durante ese tiempo. El segundo factor sería el papel vital que estas discográficas, cadenas de distribución y comercialización han jugado hasta hace unos años. Y es que hasta el advenimiento de las tecnologías digitales e Internet no existía para el cliente otra forma de acceder fácilmente y con calidad a la música. Para los músicos tampoco existía otra forma de hacer llegar su música el público final. Unos y otros se veían avocados a utilizar el canal existente, que estaba controlado por las grandes discográficas y centros comerciales. Actualmente las nuevas tecnologías digitales permiten realizar copias de igual calidad, de forma rápida y a un coste ridículo e Internet o los emigrantes ilegales se convierten en la etapa de distribución y venta alternativa. Porque el fenómeno de los manteros propio de los países con una baja tasa de usuarios de Internet, como es el caso de España, viene a ser sustituido en otros países por la piratería musical en la red, y valga como ejemplo lo sucedido con Napster. Aquí se pueden ver claramente un aspecto claves del fenómeno. El problema no es causado por los emigrantes ya que el pirateo musical se puede realizar a través de Internet sin su aportación y por tanto su persecución no solucionará el problema. Cuando Internet se desarrolle suficientemente en España desaparecerán los manteros, pero no la piratería. Por lo tanto si se quiere solucionar el problema realmente, hay que atacar las causas reales de la piratería y no la parte visible y populista del problema, que coyunturalmente en España son los manteros. Es fácil de entender que las discográficas estén haciendo un uso extensivo de la imagen y credibilidad de los músicos en su lucha contra la piratería. El argumento de que los artistas dejarán de percibir dinero con su actividad y de esta manera dejará de haber músicos, es fácilmente vendible tanto al público comprador como al propio músico, que se convierte de esta manera en portavoz de las grandes discográficas y defensor de los intereses de estas. Sin embargo habría que decir que la mayoría de los músicos ganan dinero principalmente con las giras, ya que han vendido sus derechos de autor y perciben una cuantía fija independientemente de las ventas. Incluso hay músicos que de puertas a dentro reconocen su apoyo moral a la piratería, ya que un mayor conocimiento de su obra aumenta el número de asistentes a sus conciertos y consecuentemente sus ingresos directos. Las que realmente están perdiendo beneficios son las discográficas, pero lógicamente no pueden salir a la palestra a quejarse de que tras muchos años de márgenes arbitrariamente altos, la evolución tecnológica a acabado con sus ventajas privilegiadas. Una vez analizadas las causas del problema es posible encontrar soluciones. En mi opinión la mejor opción pasa por ajustar el precio del disco al valor que el público percibe y para ello es necesario usar esas mismas tecnologías que han causado la aparición del Top Manta. Es necesario un nuevo modelo de negocio que aumente el valor, además de reducir los costes. No vale con intentar aumentar el valor introduciendo videos y folletos en los CDs, que es lo que se está intentando ahora, es necesario ir mucho más allá y reducir sustancialmente los costes. Se han realizado encuesta en EE.UU. en las que los compradores consideraban que 6 dólares sería un precio aceptable para comprar discos en lugar de piratearlos en Internet. Asumiendo que esta cifra fuese equivalente en España, aunque el precio de los manteros sea solo de 2 euros por CD, estamos hablando de que el precio de los CDs debería reducirse a una tercera parte de su precio actual. Para ello sería necesario anular todo el sobreprecio que introducen los canales de distribución y venta, utilizando las nuevas tecnologías e Internet. Se podrían establecer servidores en Internet con toda la oferta musical de una discográfica en los que por medio de una suscripción la gente eligiese sus canciones a un precio de unos 50 céntimos y una vez seleccionadas unas 12 canciones (o más en formato MP3) se volcasen en un CD, incluyendo carátulas, DVDs, folletos etc. Esto no solo reduciría el precio de un CD de 12 canciones a los 6 euros propuestos, si no que aumentaría sustancialmente el valor percibido por el comprador, ya que todas las canciones serían de su gusto. Hoy en día por 18 euros se consiguen cuatro o cinco canciones buenas, pero las demás suelen ser de relleno, lo que agrava aún más la falta de relación calidad/precio que es el origen de todo este fenómeno. Mientras Internet no estuviese disponible de forma extensiva en todos los hogares se podrían habilitar terminales en sitios públicos, tipo gramola, donde una persona pudiese realizar este volcado y grabación de canciones. También sería posible realizar el volcado de las canciones a CD en la discográfica o empresa subcontratada y luego enviar el CD al comprador. De esta manera se permitiría la compra impulsiva de música que actualmente no es posible. Tras emitir una canción en la radio se podría dar el código correspondiente a la misma y por medio de un mensaje telefónico SMS el comprador con suscripción podría seleccionarla para su próximo CD. Una vez completado el número de canciones recibiría el CD en su casa. El uso de estas tecnologías supondría para las discográficas el aumento de su oferta, ya que sería posible tener todas sus canciones disponibles sin aumentar los gastos. No sería por tanto necesario descatalogar antiguas canciones, y se podrían poner a la venta músicas de otros países sin ningún sobre-coste, que de otro modo no serían nunca publicadas en este país. También se podrían poner a la venta canciones de grupos noveles a un precio inferior y en función de la demanda decidir quién merece una campaña extensiva de marketing, ahorrándose así la compañía todo el coste que supone el lanzamiento fallido de un nuevo artista, y que ahora mismo se repercute en el precio de los CDs. Además las discográficas podrían tener un registro de las canciones compradas, no solo de los discos, lo que supone un estudio de mercado detallado sobre los gustos del público. E incluso y con autorización del comprador suscrito sería posible tener un sistema de CRM con el perfil de los gustos individuales, avisando cuando se publicasen nuevas canciones de ese artista o estilo musical. También permitiría comprobar la repercusión de nuevos estilos y tendencias en un pequeño público sin llegar a realizar un lanzamiento masivo. Algo así como lo que hace Microsoft con las copias beta de sus productos, que permite que sea un grupo de voluntarios los que prueben y detecten los fallos del producto antes de su lanzamiento comercial, lo cual reduciría los riesgos y los costes de lanzamiento de nuevos artistas. Con todo esto pasaríamos del actual mercado de oferta, en el que las discográficas deciden que músico promocionar y que canciones incluir en un CD, a un mercado de demanda donde sería el comprador el que eligiese los grupos interesantes y las canciones que quiere comprar. Para los músicos sería un cambio radical ya que permitiría la publicación continua de canciones individuales y evitaría la necesidad de entregar paquetes de canciones en una fecha determinada, en los que para cumplir el contrato se suelen incluir un par de canciones más mediocres a última hora. Por otro lado sería posible que ciertos músicos creasen sus propios servidores en los que pusiesen sus canciones a la venta, convirtiéndose así en su propia compañía discográfica, lo que redundaría en una mayor competencia y una rotura del oligopolio actual. Supongo que más de una persona pensará que el problema de la solución aquí propuesta radica en evitar que luego se realicen copias sin que se pague por ello. La posibilidad de realizar copias no se puede evitar, y nunca se ha podido, aunque antes la copia en cinta degradaba la calidad. Solo se puede minimizar la ventaja que suponga hacerlo. Por ejemplo, en el supermercado con autoservicio todo el mundo podría abrir la bolsa de la fruta una vez pesada y meter alguna pieza más, pero entiendo que pocas personas se toman esta molestia. Volviendo al mercado de la edición impresa, podemos comprobar como el precio ajustado de los libros de bolsillo evita que el comprador se tome la molestia de realizar fotocopias del mismo. Es por tanto necesario asegurarse que por el precio que suponga comprar un disco de la manera aquí propuesta, no interese hacer una copia o comprarla a los manteros. Además el hecho de que los discos se puedan personalizar hace que el valor de hacer una copia sea siempre inferior al disco con una composición de canciones personalizadas. El Top Manta es el clásico problema de un modelo de negocio que queda obsoleto ante la aparición de nuevas tecnologías y la única forma de seguir adelante supone la redefinición de ese modelo y el uso de las nuevas herramientas tecnológicas para dar una relación precio/valor aceptable por el cliente. Por tanto la pelota está en el tejado de las discográficas y cuanto antes empiecen a realizar estos cambios, en lugar de intentar mantener sus privilegios actuales, antes se superará el problema del Top Manta, asegurándonos a todos la creación y el disfrute de la música. |
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