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Portada nº 11
Información General y Opinión
Sección General


ANDRÉS GARRIDO


La comunicación ética

El hundimiento del petrolero "Prestige" en aguas del océano Atlántico, a 246 kilómetros del Cabo Finisterre, en la costa de Galicia y tras una semana de larga y anunciada agonía ha sido la "gran ola" que ha hecho zozobrar una realidad que se tambaleaba desde hace tiempo y que, a partir de 1996, era un secreto a voces: la manipulación informativa de los poderes públicos y la dejadez que muchos han hecho, en la defensa de la Declaración de Principios sobre la Conducta del Periodista, adoptada por el Congreso Mundial de la Federación Internacional de Periodistas, en 1954, y enmendada por el Congreso Mundial, en 1986. En sus nueve puntos, se define el respeto por la verdad y el derecho del público a conocerla, sin suprimir informaciones esenciales ni falsificación de documentos, por parte del periodista, entre otras cuestiones que consagran la conducta de éste en su quehacer profesional.     

La mordaza que el gobierno de turno ha impuesto a los medios públicos sobre la realidad del hundimiento del petrolero y sus posteriores consecuencias, se ha mostrado mucho más rotunda por el ejercicio periodístico de los privados que, ellos sí, han realizado un trabajo periodístico más ético que ha dejado en absoluta indefensión al gobierno español y su "política informativa" practicada desde los medios de comunicación de titularidad pública y, muy especialmente, de la televisión.         

Una inmensa mayoría ha podido comprobar durante todo este tiempo cómo el relato de otras televisiones, otros periódicos o emisoras de radio, no se correspondía con las informaciones que los públicos estaban ofreciendo a la ciudadanía española. No era posible que todos escuchásemos las inagotables quejas del pueblo gallego y de los voluntarios llegados desde el primer momento hasta esa zona del litoral español para luchar contra las mareas negras que ha propiciado el cargamento del "Prestige", mientras que en la caja tonta pública la realidad que se contaba era otra muy distinta.     

El refranero popular español es muy rico y variado en sus ciertas moralejas. En la política informativa seguida por el gobierno sobre el hundimiento del buque petrolero, se podrían aplicar varios pero tal vez el que les recordamos ahora sea de los más sencillos, a la par que contundente: "La mentira tiene las patas muy cortas". 

Efectivamente, una situación como la información oficial difundida en este triste suceso es difícil de mantener en el tiempo. Sobre todo cuando, paralelamente, los protagonistas de la lucha incansable contra esas enormes avenidas de fuel hacia las costas gallegas, asturianas, cántabras y vascas vienen dibujando otra imagen informativa muy distinta a la de la oficialidad.     

Las quejas no sólo se han producido en el ámbito ciudadano y político. También los Decanos de las Facultades de Ciencias de la Información han dado la voz de alarma, ante la continua falta de ética profesional apreciada en los medios informativos. Piden que no se alejen de los principios éticos y profesionales, ante un tema de "gran relevancia social" como el caso del vertido del "Prestige". El pasado día 13 de diciembre, reunidos en Málaga, los Decanos de Ciencias de la Información de las universidades españolas han expresado su preocupación por el debilitamiento de la libertad y la calidad de la información ante este caso. Al tiempo, rechazan cualquier intromisión que vulnere la información libre y responsable.       

Ciertamente, los profesionales del periodismo estamos atravesando el desierto de la libertad de expresión; de la manipulación del jefe de turno, para desdibujar la verdad de manera claramente irresponsable. ¿Hasta cuándo durará? Sólo el tiempo y las ganas del propio periodista pueden determinarlo.

 


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