SANTIAGO DEL VALLE Belicismo que crispa y envilece Ya sabemos que, en el fondo, tras las guerras hubo siempre un interés económico, pero en otras ocasiones estuvo más enmascarado que ahora. Cuando la fuerza militar se basaba en la movilización y el sacrificio de millones de hombres, tal vez era imprescindible generar estados de opinión apasionados y que grandes manifestaciones ciudadanas despidieran a los pobres soldados, defensores del honor o la grandeza nacionales; al tiempo que se identificaba pacifismo con cobardía o traición. Eso era en la calle, mientras que en los centros del poder se hablaba de otra manera. Los estados mayores diseñaban la guerra, mientras poderosos consejos de administración trazaban estrategias para el reparto de materias primas o mercados cautivos. Al leer que informes de la inteligencia británica sobre Irak, las grandes pruebas a favor de la guerra, estaban copiados de artículos publicados hace tiempo, cabe preguntarse: ¿Es posible que sean tan incompetentes; o es que prefieren súbditos mejor que aliados? ¿Es que ya no es necesario disimular, o a lo mejor ni siquiera es conveniente? El esfuerzo bélico se va a apoyar en la moderna tecnología militar, manejada por soldados profesionales. EE.UU. pretende que los muertos los ponga Irak y , acaso también, alguno de sus aliados, como Turquía. No parece preocuparles su pérdida de autoridad moral ante el mundo mientras aumenten los beneficios de los cárteles petroleros que consiguieron que Bush ganara la mayoría, aunque tuviera menos votos que su oponente demócrata. No parece que hagan ni siquiera un gran esfuerzo para poner las cosas más fáciles a sus aliados genuflexos, como José María Aznar, que está encantado de involucrar en la guerra a España contra la opinión de sus propios votantes y frente a la mayoría de la población. Ya sabemos que Josemari está buscando un puesto de relevancia internacional y que la recomendación de Bush será el mejor argumento para encontrarle un buen empleo. Es posible que nadie haya sido capaz de presentar esta guerra como una noble acción; o tal vez incluso prefieran como ejercicio de omnipotencia demostrar que son capaces de imponer sumisión y obediencia para cualquier ataque que puedan decidir. ¿Será ésta la victoria que pretenden? Configurar una alianza incondicional y envilecida, frente a una población mundial empobrecida y cada vez más exasperada. Empieza un poco siniestro este milenio que apenas estrenamos. |
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