SALVADOR BEL CARALT Con el PSOE no pasaba Hace días que con el tema del "No a la Guerra" estamos asistiendo a una serie de despropósitos que nos hacen volver la vista atrás más de lo deseado. Es como si, de golpe, se hubieran borrado de sopetón 25 años de nuestras vidas. Es un volver a empezar que nada tiene que ver con el "Beguin the Beguin" de Col Porter. Que si la entrega de los Goya, que si el registro a los actores en la entrada al Congreso de los Diputados... Es como una pesadilla que nos acompaña cada día y que no acabamos de creernos, por irreal, pero que es tan real como la vida misma. El remate no obstante ha sido el contemplar las imágenes del mítin del presidente del Gobierno en el polideportivo de Arganda y comprobar la reacción del orador y de los asistentes ante el grito de un joven de diecisiete años. Ángel Cabezas, que así se llama el muchacho, acudió al acto en el que el Sr. Aznar debía hablar sobre la sanidad y del hospital que hace años están esperando en el pueblo de las cercanías de Madrid. En el momento en que el presidente estaba hablando del atentado que se había producido en el País Vasco ese mismo día, a ese joven estudiante se le ocurrió gritar: "No a la Guerra, Sr. Aznar". A partir de ahí, el joven empezó a recibir insultos, golpes y patadas de los asistentes sin que, por parte de quien estaba en la tribuna de oradores, se mostrara ninguna intención de calmar los ánimos y volver las aguas a su cauce. Suerte tuvo el muchacho de que los servicios de seguridad se llevaron al joven lo más rápido que pudieron para evitar males mayores. Por su parte, el orador siguió con su discurso, dando por buena la reacción de su auditorio. Esta situación me ha traído a la memoria un hecho de cierta similitud que me tocó vivir a mediados de los ochenta, tras la primera mayoría absoluta del PSOE, y con Felipe González en la Presidencia del Gobierno. Fue en Barcelona, en un céntrico hotel de la ciudad condal. El recién creado Col·legi de Periodistes de Catalunya había convocado una comida de Felipe González con periodistas de toda la comunidad autónoma, seguida de un tanda de preguntas que cualquiera de los asistentes podía formular al presidente. La mesa en la que yo estaba ubicado era frontal a la mesa presidencial, con el presidente González y el decano del Col·legi en aquella época, Carles Sentís, en el centro. Al finalizar el almuerzo y empezar el turno de las preguntas, se levantó un joven que se había "colado" burlando los servicios de seguridad y suplantando a un colega de Girona, para leer un manifiesto independentista y contrario al presidente del Gobierno y a la monarquía. Rápidamente el decano Carles Sentís se levantó de su asiento para reprender al orador y Felipe González, con un gesto rápido, decidido y conciliador, que también fue captado por los servicios de seguridad de Moncloa, dejó que el intruso leyera enteramente su comunicado, sin ser interrumpido por nadie. Cuando acabó, guardó sus papeles y se marchó en silencio. Evidentemente, a la salida fue requerido por los servicios de seguridad por haber suplantado la personalidad de un periodista ausente. Carles Sentís lamentó el incidente, y el acto transcurrió con toda normalidad, sin que nadie se rasgara las vestiduras ni se cuestionara nada. Con el PSOE no pasaba, Sr. Aznar. |
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