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Portada nº 13
Información General y Opinión
Sección General


FRANCISCO FRAMIL DURÁN


Rehenes de las uniones

Las uniones del sector público otra vez amenazan con paralizar el gobierno si éste no cede a sus demandas. No les importa si hay el dinero o no, o quién lo paga, necesitan mantener la presión hasta lograr sus objetivos de negocios. Las uniones son un negocio privado cuyo mercado son los asalariados, y en el gobierno encuentran una gran concentración de ellos. Se estima que en el sector gubernamental de Puerto Rico sobran más de la mitad de sus 250.000 empleados, muchos de los cuales son contratados por razones político partidistas. La precariedad existencial de un sector que se reconoce prescindible, les lleva a buscar protección, aumentos, y garantías laborales dentro de las uniones.         

Las uniones son un negocio desfasado en búsqueda de una justificación para existir. Las uniones surgen en una época donde no existían leyes que protegieran a los trabajadores de los excesos patronales, y libraron batallas importantes para que se reconocieran unos derechos. Hoy en día, la amplia legislación laboral en Puerto Rico hace obsoletas a las uniones tal y como las conocemos, y sólo su evolución hacia nuevas funciones podría fundamentar su existencia a largo plazo.       

Las uniones de los empleados públicos manejan un lenguaje distorsionado que pretende hacer pasar por “justos” sus reclamos eternos de más y mejores beneficios, sin asumir ningún compromiso de productividad. Ignoran a conveniencia que los contribuyentes de Puerto Rico sostenemos al Estado y pagamos las facturas, y el precio, de sus exigencias. Pretenden que percibamos como “patrimonio nacional” la fuente de sus privilegios, y nos “venden” que defienden los intereses del “pueblo” cuando inflan los costos de nuestros servicios. Mientras en el sector privado hay una desaceleración económica, los sueldos se congelan, y aumenta el desempleo, el sector sindical empuja para aumentos salariales injustificados y garantías laborales para el sector público, ¡a costa de nuestro bolsillo!     

El chantaje principal no es la huelga, sino la amenaza de desbancar al partido en el gobierno con la enorme convocatoria de votos del sector público. Esto convierte al gobierno, y a todos los ciudadanos privados, en rehenes de las uniones. Esta amenaza política usualmente pone a temblar a nuestros gobernantes, quienes rápido salen a buscar el dinero en los bolsillos de los ciudadanos contribuyentes. El gobierno de Puerto Rico se ha convertido en una operación confiscatoria de los recursos privados para satisfacer las demandas insaciables del sector público.       

Los ciudadanos contribuyentes debemos exigir del gobierno que defienda nuestros intereses y apoyar su resistencia a las presiones sindicales. Ello debe estimular al gobierno para iniciar un proceso de reformas estructurales que fragmente la prestación de servicios gubernamentales en operaciones privadas independientes y competitivas en el mercado.        

En este contexto, las uniones deberían reinventarse y asumir un rol empresarial que participe de las ganancias, y el riesgo, en estas nuevas empresas. Por ejemplo, las escuelas públicas de Puerto Rico podrían ser entregadas en usufructo a organizaciones magisteriales que las administraran como entidades privadas en competencia con los colegios. Los estudiantes de las escuelas públicas a su vez contarían con los vales educativos que les permitirían escoger la escuela de su preferencia. La sana competencia es el camino a la excelencia.        

Las uniones también podrían constituirse en representantes y consultores de bloques de accionistas de empresas privadas, como pudo ser en la PRTC, y podría suceder en la AEE y el Fondo de Seguro del Estado. Los nuevos tiempos y las garantías laborales legisladas requieren que las uniones asuman un rol empresarial en representación de sus miembros. Ello implica el aspirar a una mayor participación en las ganancias corporativas, y el compartir los riesgos, con un mayor compromiso en la productividad. Esto requiere dejar de pedir para ponerse a producir, y ganar más en base su esfuerzo y creatividad, no a costa de los contribuyentes.      

 


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