SALVADOR BEL CARALT Paquito y su Ave
Pero cuando apenas faltaban unas semanas para la efemérides, Paquito, que últimamente estaba muy nervioso, no pudo resistir la tentación. Y una noche, mientras su familia estaba reunida ante el televisor contemplando "El tercer grado", se escapó hasta la caballerizas para admirar su preciado regalo. Sigilosamente, se dirigió hacia la zona donde estaba situado el panel de mandos de la maqueta. Era una enorme mesa llena de botones y lucecitas que le encandilaron y casi le obligaron a pulsar todos los botoncitos y palancas. La maqueta se iluminó. El cercanías que estaba en la estación salió a toda prisa y se cruzó bajo un puente con un mercancías que iba en dirección contraria. Pero lo que más ilusión le hacía a Paquito era ver cómo respondía el Ave, su Ave particular que le había incluido como regalo extra su "papi". El Ave era una réplica exacta del nuevo Talgo de alta velocidad, con la cabeza en forma de "pato" como la de su mascota, que de tanto ruido había ido a defecar a un rincón de la sala. Cuando por fin se hizo con los mandos del Ave, Paquito no pudo contener su emoción. Y el raudo ferrocarril fue cogiendo velocidad, y velocidad, y... Pasaba por túneles, estaciones, acueductos, valles y ríos. De pronto, un resplandeciente chispazo y una fuerte detonación inundó la estancia. Paquito, a oscuras, recogió como pudo a su "patito" amarillo y se retiró a sus aposentos. A la mañana siguiente, cuando Manuel, el maestro de obras, se dirigió a las antiguas caballerizas para dar los últimos retoques a la maqueta, se encontró con el desaguisado. Rápidamente contactó con el dueño de la casa, que acudió raudo a la finca para conocer de cerca el desastre. "Mire usted, D. José, yo no sé lo que ha pasado aquí, pero esta noche alguien ha estado poniendo en marcha la maqueta y ya ve usted los desperfectos. Los circuitos del cercanías, los del mercancías y el de los expresos están intactos. Ahora, lo que es la línea del Ave, ya lo ve: la catenaria fundida, dos viaductos maltrechos, dos túneles con corrimientos de tierra...". "¡Paquito!", bramó don José. Al momento llegó el muchacho y su inseparable "patito" amarillo. "Yo no he sido", espetó nada más ver el desastre que había originado la noche anterior. "Eso seguro que ha sido Antoñito, el hijo de los guardeses, que me tiene envidia", afirmó el jovenzuelo. "Luego hablaremos", le respondió el padre, y dirigiéndose a Manuel, le inquirió: "¿Cuánto tardará en reparar esto, Manolo?". "Pues cuente usted con un mínimo de dos meses, D. José". "Venga, pues manos a la obra", respondió el padre. "Y tú Paquito, ya sabes, no tendrás la maqueta a punto para el día de tu aniversario. A ver si así aprendes a respetar a los profesionales y tienes espera... ¡Ah!, y por cierto, este fin de semana te vas a la casa que tiene el abuelo en la playa y le ayudas a limpiar el «chapapote» de la finca". Paquito, cabizbajo y meditabundo, dio una última ojeada a su adorada maqueta y emprendió el regreso a sus habitaciones, seguido muy de cerca por su pequeña mascota, el "patito" amarillo que iba desperdigando sus excrementos allí por donde pasaba. __________ |
Portada Portadilla Nº 16 Cultura, Ciencia y Sociedad Sección General © OPIN@R. Las personas interesadas en
publicar sus colaboraciones en OPIN@R o ponerse en contacto con la Redacción, |