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Portada nº 16
Información General y Opinión
Sección General


SALVADOR BEL CARALT


El sucesor

La noche empezaba a caer en el complejo de La Moncloa. La rueda de prensa, tras el Consejo de Ministros, hacía unos minutos que había finalizado y los técnicos de las diferentes emisoras de radio y televisión que habían cubierto la misma estaban recogiendo los últimos cables y materiales. Mariano también estaba recogiendo sus bártulos. La jornada había estado larga y agotadora y sólo deseaba llegar a su casa y tumbarse en el sofá, a esperar que se sirviera la cena. Se dirigió hacia el coche y por el camino se topó con su amigo y compañero Rodrigo."Éste es un rato listo", se dijo para sus adentros, "y uno de los mejor colocados". Se saludaron con una leve inclinación de cabeza, como si ninguno de los dos tuviera intención de detenerse, como así sucedió. "Va listo si piensa que va a sacarme algo éste", caviló nuestro protagonista, quien como buen gallego nunca sabías si bajaba o subía la escalera. Se montó en el coche y emprendió el camino de regreso a casa. Era viernes y el tráfico era intenso. Empezaba a lloviznar sobre Madrid y la noche era fría. El caso es que no podía dejar de pensar en el tema de la sucesión. Aunque aún era pronto para pensar en ello, había que ir tomando posiciones, hacer méritos para estar bien colocado en los puestos de salida cuando el "jefe" adoptara su decisión. Sabía que había muchos pretendientes para el puesto, pero pensaba que seguía siendo el mejor colocado, a pesar de los últimos acontecimientos. Y mientras regresaba al hogar, fue repasando mentalmente a sus rivales.        

Jaime, a quien todos llamaban "el Mayor", estaba muy bien colocado en su último puesto y, aunque su nombre había sonado con insistencia, no le preocupaba demasiado. Rodrigo sí que le daba miedo, pues como ya se había dicho para sus adentros hacía sólo unos momentos era un rato listo y estaba subiendo muchos enteros. Había que tenerle en cuenta y buscar la manera de desbancarle, aunque esto último iba a ser lo más difícil.         

El atasco empezaba a ser importante en el centro de Madrid y tuvo que desviarse un poco de su ruta para no quedar atrapado entre tanto vehículo. "Seguro que hay otra mani convocada por esos de la oposición y ha sido lo que ha provocado el colapso", refunfuñó entre dientes. Enseguida prosiguió con sus cábalas. Otro que se había subido al carro de los pretendientes al puesto era Alberto, un joven y apuesto individuo que últimamente había cambiado el "botellón" por la botella y que se creía el rey del mambo.¿Acaso daba alguien un duro por él hace unos días? ¡Hay que ver lo que hace un cuerpo joven y gallardón! Ése sí iba a ser un rival a tener en cuenta, porque el valenciano, por muy atildado que fuera, no creía que tuviera muchas posibilidades. Por cierto, ¿por qué todo el mundo le llamaba "el valenciano", cuando todos sabían que era de Cartagena?       

Tan absorto estaba en sus pensamientos que no se había percatado de que ya estaba frente a su hogar. Aparcó el coche y subió presto las escaleras hasta su casa, dando un "buenas noches, querida", por saludo.      

Mariano dejó su chaqueta de Ordenanza Mayor en el ropero, se colocó el jersey medio roído que le regaló sus suegra hace años y se dirigió al comedor. Su esposa ya le tenía preparada la cena, una suculenta empanada gallega y su vaso de vino de Ribeiro. 

¿Ya sabes quién va a suceder al Jefe de Ordenanzas cuando el de ahora se jubile? Porque cada semana dices que está al caer pero nunca llega le espetó su esposa.

"Mira, mujer, te tengo dicho que hay muchos pretendientes y que las oposiciones serán largas", le respondió nuestro hombre. Y remachó: "Aunque el informe del jefe sea importante y goce de su confianza, hay que ganárselo; o sea, que no me calientes los cascos". Se estremeció cual hilillo de chapapote en plena marejada: "¡Ostras, Pedrín, que me olvidaba uno! Aunque no creo que Paco tenga tanto peligro", acabó justificándose.    

Mariano se sentó a la mesa y se dispuso a dar buena cuenta de la cena. Puso en marcha el televisor en el momento justo en que empezaba el Telediario de Urdaci. "Buenas noches: El presidente del Gobierno, José María Aznar, sigue sin deshojar la margarita de su sucesión para las elecciones del próximo año, y bla, bla, bla...". Mariano tomó un sorbo de su vino de Ribeiro y pensó que en todas partes cuecen habas, así que se dispuso a continuar con su empanada...    

 


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