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Portada nº 17
Información General y Opinión
Sección General


Un chiste sobre Aznar


Un día, mientras caminaba por la calle, José María Aznar es atropellado por un camión y muere. Su alma llega al paraíso y se encuentra en la entrada a San Pedro en persona.    

"Bienvenido al paraíso", le dice San Pedro. "Antes de que te acomodes, parece que hay un problema. Verás, muy raramente un alto político ha llegado aquí y no estamos seguros de qué hacer contigo".     

– No hay problema, déjame entrar – le dice Aznar.    

– Bueno, me gustaría, pero tengo órdenes desde lo más alto. Lo que haremos será hacerte pasar un día en el infierno y otro en el paraíso, y luego podrás elegir dónde pasar la eternidad.     

– De hecho, ya lo he decidido. Prefiero estar en el paraíso – dice Aznar.    

– Lo siento, pero tenemos nuestras reglas.    

Y con esto San Pedro acompaña al candidato al ascensor y baja, baja, hasta el infierno. Las puertas se abren y se encuentra justo en medio de un verde campo de golf. A lo lejos hay un club y de pie delante de él están todos los amigos políticos que habían trabajado con él, todos vestidos con traje de noche y muy contentos. 

Corren a saludarlo, lo abrazan y recuerdan los buenos tiempos. Juegan un agradable partido de golf y luego por la noche cenan juntos en el club con langosta y caviar.   

Se encuentra también al Diablo, que de hecho es un tipo muy simpático, y se divierte mucho contando chistes y bailando. Se está divirtiendo tanto que, antes de que se dé cuenta, es ya hora de irse. Todos le dan un apretón de manos y lo saludan mientras sube al ascensor.   

El ascensor sube, sube, sube, y se reabre la puerta del paraíso, donde San Pedro lo está esperando. Ahora es el momento de probar el paraíso. Así que Aznar pasa las 24 horas sucesivas de nube en nube, tocando el arpa y cantando.    

Se divierte mucho. Y antes de que se dé cuenta, las 24 horas ya han pasado y San Pedro va a buscarlo.    

– Entonces, has pasado un día en el infierno y otro en el paraíso. Ahora debes elegir tu eternidad...   

Aznar reflexiona un momento y luego responde:    

– Bueno, no lo habría dicho nunca, quiero decir, el paraíso ha sido precioso, pero creo que he estado mejor en el infierno.    

Así que San Pedro lo acompaña hasta el ascensor y otra vez baja, baja, baja, hasta el infierno.     

Cuando las puertas del ascensor se abren se encuentra en medio de una tierra desierta cubierta de porquería y desperdicios. Ve a todos sus amigos, vestidos con harapos, que están recogiendo los desperdicios y metiéndolos en bolsas negras. El Diablo lo alcanza y le pone un brazo en el cuello.   

"No lo entiendo", balbucea Aznar. "Ayer estaba aquí y había un campo de golf y un club. Comimos langosta y caviar. Bailamos y nos divertimos mucho. Ahora todo lo que hay es una tierra desierta llena de desperdicios y mis amigos parecen unos miserables".     

El Diablo lo mira, sonríe y dice:    

– ¡Ayer estábamos en campaña. Hoy, ya votaste por nosotros!   

 


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