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Portada nº 19
Información General y Opinión
Sección General


ANGELINO ALEJANDRE


La traviesa del Ave,
tropezón de Aznar

Aún no sabemos cuándo tendremos puesta –y, sobre todo, funcionando a pleno rendimiento– la última traviesa del AVE Madrid-Barcelona, proyecto no ya de mera infraestructura ferroviaria, sino cuestión principalísima y de alta política de Estado en el momento presente.      

Es más, todavía no podemos usar con plenas garantías –y sine die, oiga, que nadie aventura ya fechas...– todas y cada una de las traviesas que soportan la línea férrea de alta velocidad que ya une la capital de España con la ciudad de Zaragoza, situada a medio camino entre las dos principales urbes españolas, por pura chapucería.    

Pero, eso sí, al presidente José María Aznar le ha faltado tiempo para hacerse acompañar de nutrido séquito y colocarnos a bombo y platillo la primera de las traviesas del ramal del AVE que unirá Madrid con Toledo en veinticinco minutos, dicen que el año que viene por estas fechas y nosotros que estemos aquí con salud para verlo y humor para disfrutarlo (aunque probablemente habrá que creérselo, pues hablamos de un plazo de ejecución de 365 días, con sus correspondientes noches, para un tramo de 25 kilómetros escasos).    

Estamos en plena campaña electoral y eso de colocar primeras piedras de cualquier cosa o primerizas traviesas en alguna parte, además de pretender transmitir un no se qué de progreso y paso adelante, parece más fácil y agradecido que colocar el último ladrillo del escorial de turno. Sabemos que la cosa consiste en un acto protocolario y simbólico, que se realiza de cara a la galería y saludando al respetable,  y que el asunto en cuestión tampoco tiene mayor trascendencia que el logro de una oportuna foto para la posteridad en vísperas de votaciones, por si diese en caer alguna propinilla en forma de sufragio.     

Si se perpetran las cosas medio bien, incluso a lo mejor cuela el montaje. Pero cuando todo se hace deprisa y corriendo, a la carrera y sin pensárselo, entre mitin y mitin mira qué ocurrencia he tenido..., una piedra o una traviesa –por muy primerizas que sean–  pueden representar a la postre un peligroso obstáculo que hace patinar al más pintado más lejos de lo debido.     

Es lo que le ha ocurrido a Aznar, mismamente, con su traviesa toledana. Imagínense, queridos lectores, qué papelón para todo un presidente del Gobierno de España que se ufana de ser el más listo de la clase y aun del patio del recreo: ir a poner una primera traviesa, por simbólica que sea, precisamente en el lugar donde nunca arrancará el trenecito, por la sencilla razón de que el acto se realizó en el recinto de la venerable actual estación y todavía hoy no se conoce dónde se ubicará la moderna terminal de la alta velocidad, aunque con seguridad no será donde se puso la simpática traviesa porque el edificio actual, una auténtica joya arquitectónica, está declarado monumento y no se puede ni rozar.   

Si el presidente lo sabía y trató de engañarnos para sacar el careto en la dichosita foto, malo de puro esperpento miope. Y si no lo sabía, peor, porque entre su ministro de Fomento y el alcalde de la ciudad, allí presentes y todo risitas cómplices, le engañaron como a un pardillo. Sí, a él...   

Aunque todo es posible en Toledo, cuyo ayuntamiento acaba de gastarse para la rumbosa ocasión de los inminentes comicios municipales más de un millón de euros, en un 80 por ciento procedentes de los fondos de la Unión Europea, para implantar un sistema de almacenamiento y recogida de basuras que, todo modernidad y europeismo, no contempla  la recogida selectiva de envases de plástico como hasta el presente sucedía al menos en algunos puntos del entramado urbano: como aseguran los propios folletos municipales, hay unos relucientes contenedores para los residuos domésticos, para el papel usado y para el vidrio. Y punto. Bueno, y muy agradecidos a la UE, señor Prodi.    

Así las cosas, la mala conciencia política del PP en este descabellado asunto ha hecho que, bien desde el Ministerio de Fomento, bien desde la Delegación del Gobierno en Castilla-La Mancha, se haya distribuido al día siguiente del acto una nota a la prensa local para demostrar con pelos y señales que a la primera traviesa le sigue la segunda y que las obras de este avecito gaviotero van viento en popa y a toda vela. No tiene desperdicio y me permito reproducirla tal y como ha sido publicada:   

 "El Gestor de Infraestructuras Ferroviarias (GIF) ha comenzado las obras de construcción de la nueva línea ferroviaria de Alta Velocidad Madrid-Toledo.    

"En concreto, los técnicos del ente público adscrito al Ministerio de Fomento empezaron a modificar el cerramiento de la línea de Alta Velocidad Madrid-Sevilla en las zonas en las que el tramo Mocejón-Alameda de la Sagra de la línea Madrid-Toledo discurre próxima a ésta, a fin de adecuarlas a la nueva estructura cuya primera traviesa colocó el presidente del Gobierno, José María Aznar.    

"Asimismo, ya han comenzado los trabajos de desbroce y replanteo topográfico tanto en el tramo Mocejón-Alameda de la Sagra, donde se producirá el enlace con el actual trazado Madrid-Sevilla, como en el tramo Toledo-Mocejón.

"Según indicó a Europa Press un portavoz del GIF, inicialmente se ha comenzado a acometer distintos trabajos «de obra»  tales como la búsqueda de depósitos de tierra que utilizar en las obras de la construcción de la plataforma, que se prolongarán por espacio de ocho meses, y también se comenzará a trabajar en el jalonamiento del terreno por el que discurrirá, una vez que se realicen los preceptivos estudios arqueológicos del terreno.

"Una vez que concluyan los trabajos de construcción de la plataforma sobre la que discurrirá la vía, se instalarán los raíles y por último se instalarán los dispositivos de señalización y control".   

Todo, como ven, muy conseguido e inminente. Llama la atención, en todo caso, el malestar que causó en la que podríamos denominar sin ánimo peyorativo alguno "comitiva oficial para la puesta de la primera traviesa" la anunciada ausencia del presidente del Gobierno de Castilla-La Mancha, el socialista José Bono, en tan lúdico acto: "descortesía institucional", "falta de respeto", "intolerable" o "desprecio a la voluntad popular" fueron algunos de los calificativos con que le obsequiaron.   

Hicieron francamente mal, porque en esta campaña electoral Bono les saca a sus rivales políticos más estatura que nunca, que ya es mucho decir para quien gobierna con mayoría absoluta desde hace varias legislaturas seguidas.  Mesurado, respetuoso con los que no le votan, incluso se niega a contestar a quienes le critican con otra cosa que no sean argumentos políticos y con logros de gestión, porque entiende que enzarzarse en peleas de medio pelo no es su papel como presidente que es y que se siente de todos los ciudadanos de su región, le voten o no.    

A diferencia de Aznar, que se empeña en tropezar con cualquier traviesa que se le cruza en su veloz camino hacia la nada, Bono está haciendo la campaña electoral más inteligente e ilusionante que he visto en todo lo que llevamos de democracia, a base de utilizar una pedagogía política entre sus gentes digna de todo elogio, algo que me agrada tanto más reconocerle cuanto mayor carga crítica han contenido algunas de las opiniones que he manifestado al hilo de la actualidad en anteriores columnas de prensa.     

Y si no me creen, juzguen ustedes mismos el tenor de la carta a Aznar con la que excusó su presencia en el evento:       

"Señor Presidente:    

"He recibido invitación para el acto al que asistirá usted mañana en Toledo.    

"No acudiré a la ceremonia porque he tomado la decisión de no participar durante la campaña electoral en actos que bajo la apariencia de «oficiales» encubran intención partidista o puedan interpretarse como propaganda electoral.     

"El Presidente del Gobierno de España y el de una Comunidad Autónoma deben ser cuidadosos para que las obras financiadas con dinero de todos los españoles –en este caso, una traviesa– no se usen con fines electoralistas. Por ello, no debe interpretar mi ausencia como descortesía hacia su persona, a quien respeto.  

"Le deseo una dichosa estancia en mi tierra. Aprovecho la ocasión para decirle que me agradaría, cuando lo permita su agenda electoral, mantener una entrevista y abordar los asuntos pendientes que le he planteado en las 30 cartas que le he enviado y de las que aún espero su respuesta.    

"Atentamente le saluda, José Bono Martínez".     

La misiva, lamentablemente, no frenó al presidente Aznar ni a su séquito en la estación de Toledo, de modo que la colocación de una primera traviesa también puede simbolizar, en este caso concreto, un estado de enajenación política muy preocupante cuando hablamos del presidente de un Gobierno europeo. ¿Estaremos descubriendo con este permanente tropezar de Aznar  su auténtico nivel de estadista; o es sólo que Alá –el Clemente, el Misericordioso– les tiene confundidos a él y a su tropa de incondicionales desde que mostró su desmedido regocijo en las Azores, en plena eclosión del chapapote y en vísperas del ominoso ataque a Iraq?    

Un ruego a la autoridad competente para terminar: hagan el favor de conservarnos y señalizarnos convenientemente esa primera traviesa que no lleva a parte alguna, para aviso de navegantes y provechosa enseñanza de las generaciones venideras. No vaya a ser que tengamos que lamentar, más pronto que tarde, que estuvo ubicada en un lugar de La Mancha de cuyo sitio exacto no conseguimos acordarnos...   

 


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