LETICIA ALONSO La frágil memoria de la guerra
Han cesado los bombardeos pero no han dejado de caer lágrimas por todos los niños que murieron por sus efectos. Ha acabado el ataque pero no se han apagado los fuegos. La situación de posguerra no es el final sino el principio de un largo camino de sufrimiento para el pueblo iraquí. Empiezan a quedar tan sólo recuerdos de lo que un día nos hizo estremecer ante la televisión. Empiezan a quedar únicamente borrosas imágenes del dolor que van siendo sustituidas por otras de campaña electoral y esperanza ciudadana. El olvido va adquiriendo protagonismo y lentamente parece quedar oculto en la memoria aquel recuerdo de José Couso o ese "No a la guerra" que más del 90 por ciento de la población exigía por toda España. Por mucho que se dé por terminado el conflicto, que vuelva a imperar la calma y que cesen los bombardeos, los recuerdos han de mantenerse, si no José Couso murió en vano y las manifestaciones sólo taponaron calles. ¿Cómo es posible que recientes encuestas sobre las próximas elecciones den al PP como ganador si hace tan sólo unos meses toda España se manifestaba en contra de sus decisiones? La memoria se muestra breve y con ese arma juegan para hacernos olvidar, cuando la realidad es que el olvido no borra el pasado y no crea un futuro mejor. Cerrar los ojos ante lo desagradable no lo hace desaparecer, pero mantener la mirada frente al dolor puede ayudar a cerrar la herida y aprender de los errores. Hace poco tiempo los españoles se unieron para salir a las calles y expresar de ese modo su desaprobación a las decisiones del Gobierno. Entonces nuestros corazones se teñían de dos colores, blancos por la paz y negros por el luto. El pueblo reclamaba el poder que la democracia le dio un día pero no logró lo deseado, la guerra empezó, las bombas cayeron y la sangre se derramó. Se acabó con una cruel dictadura a un alto precio y todos sentimos la profunda impotencia de no poder hacer nada. Dentro de unos días el poder retornará a nuestras manos y nuestro derecho a voto nos dará la posibilidad de hacer algo. Es ahora cuando deben corregirse los errores y aprender de ellos. No olvidar y mantener en la memoria el pasado es crucial para no cometer los mismos fallos en el futuro. Recordamos a José Couso, a Julio Anguita Parrado, el dolor y la impotencia, porque sólo con el recuerdo vivo sabremos empezar a decidir sobre el mañana. La guerra, como la memoria, sigue viva. |
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