LETICIA ALONSO Lágrimas por la democracia La democracia ha sufrido un duro golpe. Dos diputados socialistas, movidos por oscuros intereses, no acudieron a la votación a la Asamblea de Madrid y lo que en un principio iba a ser una sencilla victoria socialista, acabó con la elección de la candidata popular, Concepción Dancausa, como presidenta del legislativo madrileño. Esos son los hechos, claros y directos, pero las consecuencias parecen ser mucho más complejas y exigir arduas investigaciones. Se buscan explicaciones sobre los beneficios que sacarán Tamayo y Sáez y, ante todo, sobre quién está detrás de toda la situación. Se ha de desenmascarar a los corruptos y a los corruptores. Los acontecimientos se suceden con rapidez y unas segundas elecciones parecen ser el final inevitable. Ambos partidos políticos conocen esta realidad, pero mientras unos quieren retrasarlas buscando soluciones imposibles, los otros quieren celebrarlas cuanto antes con el fin de que les reporten los mayores beneficios, o lo que es lo mismo, la presidencia de la Comunidad de Madrid. Zapatero, líder del Partido Socialista, no da ejemplo de una oposición constructiva y la crisis interna parece venirle grande. Aznar, presidente del Gobierno, no da ejemplo de un liderazgo recto y positivo, y parece buscar el triunfo en el mal ajeno en vez de tratar de solucionar algo que nos afecta a todos. Y Madrid, capital española, claramente no es ejemplo a seguir por el resto de comunidades autónomas. La crisis afecta al ciudadano, pues la víctima de los acontecimientos es la democracia. El sistema que devuelve por un día el poder al pueblo ha sido herido en pleno corazón, y ahora es cuando todos hemos de buscar soluciones. Churchill dijo una vez que la democracia era el peor de los sistemas si prescindimos antes de todos los demás. Nadie niega los errores del sistema, pero es en ellos donde descansa la idea de justicia. Hace mucho tiempo que la justicia decidió ser representada en nuestra sociedad por la democracia y España, que sabe lo que es vivir sin ella, debería valorarla por encima de todo. Ahora, esa mujer con los ojos vendados llora por su hija herida, porque por mucho que sus ojos permanezcan tapados a la realidad puede sentir el dolor de toda una sociedad. España es una nación democrática y con toda esta situación el rojo de su herida parece invadir el amarillo de nuestra bandera. Algo falla en el poder cuando en lugar de solucionar los problemas de la sociedad sólo le crea otros mayores. Algo huele a podrido en la política cuando surgen estas situaciones y sólo recuerdan a la justicia para interponerse querellas entre los partidos políticos. Buscamos transparencia pero sólo encontramos una profunda oscuridad que muestra que se está escondiendo algo. Hemos de seguir haciendo todas aquellas preguntas que sean necesarias y presionando hasta lograr resultados. Si el poder político ha herido a la democracia, al poder del pueblo, será el pueblo quien ahora exija cambios y soluciones. Será el pueblo el que descubra dónde está la herida del poder para que así la justicia pueda quitarse la venda de los ojos, secar sus lágrimas y ver cómo la democracia triunfa frente a la corrupción. Si el poder corrompe, el pueblo tendrá que cambiar el poder. |
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