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Portada nº 19
Reportajes y Entrevistas
Sección General

 


FAUSTO FERNÁNDEZ, COORDINADOR GENERAL DE IZQUIERDA UNIDA EN MADRID Y CANDIDATO A LA PRESIDENCIA DEL GOBIERNO AUTONÓMICO

"El voto de IU a un presidente de la Izquierda siempre será gratis"


Por LETICIA ALONSO

El mes de julio está llegando a su ocaso y en estos días la Comisión de Investigación sobre lo ocurrido en la Comunidad de Madrid está en pleno desarrollo. La Asamblea atraviesa uno de los mayores problemas de la democracia española.      

Son las 12:00 de la mañana y el grupo parlamentario de Izquierda Unida observa por televisión la comparecencia del constructor Vázquez a tan sólo unos metros de sus despachos. Su coordinador general Fausto Fernández se encuentra en el ojo del huracán informativo y atraviesa uno de los momentos más duros de su carrera política.    

Militante del Partido Comunista (PCE) desde 1975, forma parte de Izquierda Unida desde su fundación y está adscrito al sindicato de enseñanza de Comisiones Obreras desde hace 25 años. Hasta 1992 fue militante de base y desde ese año, y hasta 1995, se hizo cargo de las concejalías de Educación, Cultura, Participación Ciudadana y Personal del Ayuntamiento de Rivas Vaciamadrid, a la vez que fue portavoz del grupo municipal de IU. Las elecciones de 1995 dan la mayoría a Izquierda Unida y es elegido alcalde del municipio. La mayoría de 1995 se repite e incluso se incrementa en 1999, y vuelve a ser elegido alcalde. Desde marzo de 2002 es coordinador general de Izquierda Unida en la Comunidad de Madrid y, desde octubre del mismo año, candidato a la Presidencia de la Comunidad de Madrid.      

Tras la ausencia el pasado 10 de julio a la votación de la Asamblea de los dos diputados rebeldes, Eduardo Tamayo y María Teresa Sáez, lucha por conseguir que se cumpla la voluntad ciudadana que quedó representada en las urnas el 25 de mayo. Insiste en que “ganó la izquierda y si no gobierna se estará dando un duro golpe a la democracia”. En medio de todo este caos político, Fausto Fernández encuentra un hueco para atendernos y contestar nuestras preguntas sobre su situación y sobre lo que los ciudadanos de Madrid desean saber.       

Pregunta.– Entrando directamente en el escándalo de la Asamblea de Madrid, parece que una de sus principales y más graves consecuencias ha sido crear un estado de decepción política entre los ciudadanos. ¿Cómo cree que puede perjudicarles esto si se repiten las elecciones en octubre?      

Respuesta.– Lo que está pasando en la Comunidad de Madrid necesita la distancia que da a veces el tiempo. No estar todo el rato metido en el problema es necesario para acabar de calibrar lo ocurrido en toda su importancia.        

Es un asunto tremendamente importante. Es un asunto que va a marcar un antes y un después en estos años de democracia que llevamos en España, porque la voluntad popular, que fue claramente expresada el 25 de mayo, no ha podido aplicarse, no ha podido formar Gobierno debido a dos diputados del Partido Socialista.        

Las razones no sabemos si llegarán a aclararse en la Comisión de Investigación, lo que sí tenemos claro es quiénes son los perjudicados y quiénes los beneficiarios políticos.         

Los perjudicados son claramente los ciudadanos. Ciudadanos que están sin Gobierno, que estamos en una situación de pérdida de oportunidades que no beneficia a nadie. Muchos de ellos están frustrados en cuanto a su opción política. Más de la mitad votaron a la izquierda y por tanto, por primera vez, esto no ha servido para configurar un Gobierno. En segundo lugar, la izquierda política y social, que tenía un proyecto de programa de cambio y transformaciones, no se ha podido ejecutar. Y en tercer lugar, las propias instituciones madrileñas salen profundamente erosionadas. Es un espectáculo poco edificante y en ocasiones bochornoso, y el ciudadano puede volver la espalda a la institución, volver incluso la espalda al propio sistema democrático.       

Hay que tener el arrojo suficiente para aclarar por el bien de todos. Puede que alguien gane hoy algo. Puede que el Partido Popular, ahora estoy hablando de quienes aparentemente ganan, sea el que sale beneficiado porque puede ir a una segunda vuelta tras perder la primera. Pero estoy seguro que a medio o largo plazo, de seis a diez años vista, el Partido Popular saldrá afectado y habrá perdido una parte importante de la credibilidad que perdemos todos en este proceso.    

P.– La realización de unas segundas elecciones en octubre, imagino que para ustedes no era la mejor opción...     

R.– No, porque creo que viene ya de alguna manera ensuciada por lo ocurrido. Se ganaron unas elecciones limpias libremente y con muchísima participación. Con 30.000 votos de diferencia, que es ganar por un diputado, pero limpiamente. No había situación de empate ni de duda, se ganaba por poco pero claramente.         

Ir a una segunda vuelta, yo supongo que para muchos ciudadanos supondrá la duda de “para qué votar, si lo hice una vez y no me han hecho caso”. Repetir unas elecciones es un caso inédito no sólo en España sino en Europa. Obviamente en aquellos países que tienen una normativa que cuando no se llega a un porcentaje, recogen en su propio reglamento electoral las segundas vueltas, esos repiten elecciones. Esto es un precedente tremendo a todos los niveles, que no sólo afecta a Madrid sino a todas las regiones, incluso al Estado central, al no respetar lo que ha salido de las urnas.    

P.– En la Comisión de Investigación se ha recordado que ustedes prometieron dar su apoyo al Sr. Simancas aunque no se hubiese llegado a un acuerdo en el pacto, ¿es cierto?     

R.– Sí, ya lo hemos aplicado, hemos votado y con un voto más de la izquierda habría un presidente de izquierdas y luego pasaríamos a negociar un programa. Si en ese programa estábamos de acuerdo, estábamos dispuestos a entrar en el Gobierno. No hubo lugar aunque estábamos negociando el programa. Nosotros claramente, con mucha anterioridad a las elecciones y al proceso electoral, ya dijimos que si había un voto más de la izquierda, el más votado de los partidos de la izquierda pondría al presidente. Eso gratis, es decir, sin exigir luego entrar en el Gobierno. Si llegábamos luego a un acuerdo de gobierno, pues mejor que mejor.      

P.– Con todo lo que se está descubriendo y los misterios que quedan aún por averiguar, si se repiten las elecciones y vuelven a encontrarse en similares circunstancias, ¿volverían a dar su apoyo al Sr. Simancas o han perdido su confianza en él?     

R.– No, yo no estoy hablando de personas ni de partidos, yo lo que espero es que las organizaciones políticas que se ven más afectadas por este problema ofrezcan síntomas de regeneración suficiente. Estamos aún a mitad del proceso, no se puede adelantar si eso va a ocurrir o no.         

Yo creo que la izquierda en Madrid es una izquierda plural. Si esta izquierda coincide en programas, tiene una coincidencia programática suficiente, debe intentar ponerse de acuerdo para gobernar, por tanto, con el Sr. Simancas o con quien el PSOE decida. Teniendo un nivel de coincidencia y de acuerdo, deberíamos ir hacia una mayoría y un Gobierno de izquierdas.         

P.– ¿Y no se plantean hacer una sola lista junto al Partido Socialista para las nuevas elecciones, del mismo modo que el Partido Popular?       

R.– No, la base social de la izquierda y de la derecha es distinta. En la izquierda hay distintas sensibilidades, que se juntan más votos separados que juntos, y que además el propio modelo de confección única no hace que se pierda representatividad. Es muy difícil perder representatividad con 107 diputados en la circunscripción por ir en una lista o ir en dos. Además, nosotros tenemos coincidencias con el Partido Socialista en el programa, pero también diferencias estratégicas en cuanto al modelo de sociedad y a los colectivos a los que nos dirigimos y por lo tanto somos una fuerza política autónoma y diferente hoy por hoy del Partido Socialista.       

Nosotros respondemos a la propia base social de la izquierda. No es un invento nuestro, sino que yo entiendo que en la propia base social de la izquierda hay personas muy moderadas de la izquierda, del centro izquierda, que no tienen ningún problema en votar al Partido Socialista pero sí en votar a Izquierda Unida; y al contrario, gente más de la izquierda alternativa, más transformadora, que no votarían nunca al Partido Socialista y sí votarían a Izquierda Unida. Lo que se trata es de hacer una síntesis en los programas.    

P.– ¿Cómo cree que ha reaccionado el PSOE ante la actuación de sus dos diputados y las circunstancias que han provocado?       

R.– Estoy a la espera de que tengamos todos los datos que pueda aportar la Comisión de Investigación. En principio lo que sí puedo decir es que nosotros no fuimos informados de nada de lo que ocurría con el Sr. Tamayo, y eso que éramos casi socios del futuro Gobierno. Por tanto, no sé si de cara a lo interno han reaccionado bien, lo que sí creo es que con nosotros no fueron todo lo sinceros que pudieron haber sido.          

P.– ¿Cree por tanto que el Partido Socialista sabía de antemano que estos diputados se iban a ausentar?       

R.– No sé con cuánto tiempo, pero evidentemente, por lo que ha ido sugiriendo en la Comisión de Investigación, al menos tenía una serie de pistas, no de rumores, pues la información venía de su secretario de organización . Así que esa posibilidad sí que se barajaba.         

P.– Su postura ante la actitud del Partido Popular, imagino que sí será mucho más clara...            

R.– El Partido Popular ha tenido una actitud de aprovecharse de manera descarada de esta situación. Lo han hecho en claro fraude de los acuerdos antitransfuguismo. Se han aprovechado de dos tránsfugas, han cambiado la voluntad popular y están haciendo toda una demostración de cinismo con tal de volver a tener otra oportunidad de gobernar Madrid. Es una actitud muy poco ética, y en ningún caso presentable, la que está teniendo el Partido Popular.        

P.– Es inevitable, viendo todo lo que está pasando, hacerle la pregunta que sirve de argumento al Sr. Tamayo y a la Sra. Sáez para defenderse: ¿Pedía IU realmente el 50 por ciento en el pacto que se negociaba con el PSOE?      

R.– Nosotros lo que pedíamos en primer lugar es acordar un programa de gobierno, y luego ser corresponsables con ese programa de gobierno, ser parte del Gobierno y que se visualizase ante los ciudadanos. Eso se hace llegando a algunas áreas de gestión. Nosotros habíamos planteado que hubiese un área muy importante de repercusión social y habíamos pedido Educación, y luego algunas áreas que también inciden en la vida ciudadana de una forma importante, sobre todo lo que tiene que ver con servicios al ciudadano. Hemos hablado de Vivienda, de Medio Ambiente... Creemos que representamos la sensibilidad más medioambientalmente activa en nuestra Comunidad. Y así, habíamos hablado de Deportes, Juventud y más ámbitos...     

Eso, presupuestariamente, no es mucho y no creo que políticamente lo sea tampoco. Otra cosa es que sabíamos que en una negociación se empieza con una petición de máximos para luego alcanzar una situación de equilibrio o de acuerdo. En la negociación era público que había una piedra en el camino que no éramos capaces de solucionar y que era Educación. No fuimos capaces de avanzar porque antes sobrevino el conflicto de la Comunidad de Madrid.   

Por lo demás, nosotros pedimos una parte que era acorde con la importancia que teníamos a la hora de conformar Gobierno. Sin nosotros era difícil conformar mayorías, por lo tanto nuestros votos, que hubiesen supuesto el 18 o el 20 por ciento del total del Gobierno, lo que estábamos pidiendo era un poco más que eso. En ningún caso el 50 por 100. El argumento del 50 por ciento son excusas de otros; pero en el fondo son sólo eso, excusas.      

P.– ¿Por qué cree que podía preocupar tanto que usted controlara la construcción de viviendas protegidas, como se prometió?        

R.– Lo tengo muy claro. Si la construcción de viviendas es el negocio que es en Madrid, lo es porque desde el Partido Popular se han encargado de acabar con la vivienda protegida. Todo el mundo que ha querido comprar una vivienda ha tenido que ir al mercado libre. Han dado de sí los precios hasta donde han querido o hasta donde han dado de sí los bolsillos de las familias, porque para comprar una vivienda hay que unir todos los ingresos familiares.         

Nuestro programa es un programa muy serio y muy trabajado para permitir volver a las viviendas protegidas de iniciativa pública, de iniciativa social, o de iniciativa privada también. Hemos demostrado que en algunos municipios donde ha podido gobernar la izquierda se acababa ese gran negocio. Si éramos capaces de pasar de ese 9 por ciento de viviendas protegidas al 50 por 100, yo estoy seguro que una gran parte de los ciudadanos habría comprado viviendas a quince, dieciséis millones de pesetas, y no hubiese ido a comprarlas a cincuenta millones de pesetas porque no les quedaba más remedio...         

P.– Cuando el pasado 10 de julio los dos diputados traidores del PSOE abandonaron la Asamblea, se le pasarían muchas cosas por la cabeza. ¿Le hubiese gustado preguntarles algo entonces?      

R.– Preguntar no, lo que me hubiese gustado es tener el mecanismo para forzar la verdad, para forzar respuestas verídicas, reales y no con retazos de verdad mezclados con ausencias o con mentiras.        

Yo creo que no han contado la verdad, sino lo que les excusaba y han ocultado lo que les inculpaba.       

P.– ¿Cree que la Comisión de Investigación servirá para esclarecer los acontecimientos?       

R.– No servirá para esclarecer todas las cosas, o al menos esa impresión tengo tras tres días de funcionamiento de la Comisión. Pero algunas sí van saliendo y cada vez tenemos más claro que una trama de intereses económicos ha aprovechado las disensiones de un partido político, en este caso del Partido Socialista, para cambiar el signo de la voluntad popular. Esa es una parte, pero la otra va a ser más difícil de demostrar.        

P.– Finalmente, a la vista de todos los acontecimientos y de la situación de crisis y corrupción que parece que rodea a la política, ¿se arrepiente de haberse dedicado a ella?         

R.– Creo que hay que saber estar a las duras y a las maduras. Hicimos una campaña electoral difícil y para estas campañas políticas siempre son difíciles las situaciones. Parecía que estábamos en una buena situación para cambiar el signo y la forma de gobernar la izquierda en una ciudad tan importante como Madrid, pero hoy todo eso tenemos que darlo por frustrado.        

Sin embargo hay que saber aguantar. Si todo esto no se va a llevar a cabo y hay que ir a unas nuevas elecciones, hay que tener presencia de ánimo suficiente para trasladarle a la gente que si a la primera se nos frustró, hay que ser persistentes y lograrlo a la segunda, y además con más ventaja y con más claridad que la vez anterior.        

P.– Si me lo permite, hablemos un poco de usted, para que le conozcan mejor los ciudadanos. Realizó sus estudios de Magisterio entre Madrid y Cáceres...        

R.– Sí, concretamente en Cáceres. Una parte del bachillerato la hice en Madrid, pero digamos que en general fue en Cáceres.        

P.– Y tras sus estudios, ¿siempre ha procurado mantener el contacto con el sector de la educación?        

R.– Por supuesto. He trabajado activamente durante más de 17 años en un colegio y procuro estar siempre informado y mostrar gran interés por la educación, que después de todo es la base de mis estudios y lo que va a formar el futuro de este país.         

P.– ¿Por qué decidió dar el salto a la política o, por lo menos, dedicarse a ello de manera más particular?        

R.– Bueno, yo he militado políticamente siempre, desde que era muy joven, desde la Transición. Empecé en la política local y de ahí, poco a poco, me he ido implicando. Comencé de concejal, después de alcalde y ahora de diputado y coordinador de IU, pero siempre he participado en política.        

P.– Desde 1975 es usted militante del Partido Comunista. Por comentarios recientes puede verse que la actitud de parte de la población hacia este partido es de cierto temor o desconfianza. ¿Cuáles son las ideas que representa y que le hicieron ingresar hace ya 28 años?        

R.– En el momento de la Transición, cuando yo ingresé en el PCE, era el partido que de verdad se oponía al franquismo y que luchaba y peleaba para acabar con la dictadura.        

Creo que de las ideas del PCE me quedaría con su deseo de mayor justicia social. Eso es una necesidad que creo sigue vigente hoy día. A veces se puede estar más conforme con alguna medida concreta, otras veces menos, pero a nivel de España y sobre todo a nivel del mundo, estamos en una sociedad más injusta que nunca.      

P.– En 1995 es elegido alcalde de Rivas Vaciamadrid, donde permanece durante dos legislaturas, aproximadamente ocho años, hasta el pasado 14 de julio. ¿Se ha arrepentido en algún momento del cambio que realizó?         

R.– No, en absoluto. Lo cierto es que fue una toma de decisión difícil, pero fue en su momento cuando decidí presentarme a diputado, lo cual era incompatible con ser alcalde. Así que no, no me arrepiento.        

Creo que todas las personas tenemos etapas en nuestra vida y hay que saber decir hasta aquí he llegado y ahora me toca otra función, otra etapa en mi vida. Y supongo que habrá otra etapa, no sé si más pronto o más tarde, en la que volveré a mi puesto de trabajo, que digamos es mi situación final, donde tengo que acabar hasta que me llegue la edad de la jubilación. Quizás dentro de unos meses o quizás dentro de unos años, pero lo tengo asumido, que ese es mi itinerario vital y laboral en los próximos años.        

P.– Me gustaría conocer su opinión acerca de la política exterior que ha mantenido España en estos últimos tiempos. Por ejemplo, ¿qué tipo de relación cree que debería mantener España con EE.UU.?       

R.– En cuanto a política exterior creo que estamos peor que nunca, peor casi que en el franquismo.        

En este mundo unipolar en que EE.UU. se ha convertido en el gendarme, en quien decide y dispone qué es lo que hay que hacer con distintos países, España o mejor, el Gobierno de España se ha puesto incondicionalmente a su servicio y a sus órdenes. Eso para mí es un grave error.      

Vivimos en un mundo surcado de tremendas injusticias, con un mundo rico que vive en la opulencia, y un mundo de varios miles de millones de personas que están en el límite de la subsistencia. Eso da lugar a conflictos permanentemente, y ahora esos conflictos están, sobre todo, encauzándose a través de movimientos e integrismos religiosos. Pero habría que ir a solucionar las causas en vez de a reprimir los efectos.       

P.– En cuanto al conflicto de Irak, ¿quién cree que debe asumir la responsabilidad de que no aparezcan las famosas armas de destrucción masiva que provocaron el inicio de la guerra?         

R.– Respecto a asumir las responsabilidades, creo que las sociedades que vienen practicando y viviendo en un sistema democrático desde hace tiempo, como son Inglaterra y EE.UU., nos están dando una verdadera lección de cómo se aplica la normativa democrática, exigiendo responsabilidades a sus dirigentes.        

En España, el Partido Popular desde su mayoría absoluta ha establecido un cinturón de defensa en torno al presidente Aznar, y creo que ahí estamos suspendiendo en democracia.        

P.– Hablando de los medios de comunicación ¿qué opina de la reciente sentencia que condena a RTVE por manipular la información sobre la Huelga General del pasado año?      

R.– Si tenemos en cuenta que ya varios medios privados están a disposición de lo que son los intereses del poder, pues en este caso, un medio público, con directores de televisión que están puestos por el partido en el Gobierno, están haciendo no un medio para todos sino un medio del partido. Tenemos la TV del PP, no es televisión española. Y eso se demuestra con esta sentencia, en la que incluso los jueces han tenido que decir que ha sido completamente abusivo. Es además totalmente novedosa, no sólo en España sino en toda Europa, donde un medio de comunicación que tiene como deber responder con su información a la verdad es condenado por un tribunal por falta del cumplimiento de esa tarea o misión.         

P.– Centrándonos más en Madrid, usted es coordinador general de IU de esta Comunidad desde marzo de 2002. ¿Qué opinión le merece la actuación de Gallardón durante sus 8 años de presidencia?       

R.– En estos ocho años, o mejor en estos últimos cuatro años que se ha notado de manera especial, siempre he admirado del señor Gallardón su capacidad para comunicar, para vender humo. No le recuerdo ninguna iniciativa importante en esta Comunidad que le haya salido bien y, sin embargo, tiene una buena imagen entre los madrileños.      

Vender como un éxito lo que ha sido Xanadú, lo que está siendo el parque de la Warner, o vender también como un éxito en términos de comunicación de usuarios lo que está siendo el Metrosur, me parece más un acto de prestidigitador que de gestor. Eso el señor Gallardón lo hace muy bien. Sólo faltaría que sus proyectos funcionasen, entonces estaríamos todos satisfechos...     

P.– Teniendo en cuenta sus estudios, así como su trayectoria en educación, supongo que le produciría interés la situación de la juventud madrileña.  En particular, ¿qué opina de la Ley Antibotellón?       

R.– Me parece que es una ley que no debería haber existido. Hay fenómenos que se plasman a veces en sectores que son conflictivos socialmente, como es el botellón en sí.       

El botellón tiene unos damnificados que son los ciudadanos del entorno donde se produce, pero que no se soluciona con represión, en este caso a los jóvenes. Son decenas de miles de jóvenes, no estamos hablando de delincuentes sino de jóvenes a los que el modelo del ocio les cierra las puertas por su situación económica y se han buscado otra alternativa.        

Habría que volver a pactar sobre esta ley. Habría que sentar a jóvenes, incluso a empresarios de la industria del ocio y a las Administraciones, el Ayuntamiento y la Comunidad, y proponer una solución que pasaría a mi entender porque esa ley no se aplique y encontrar un punto de encuentro entre los implicados en el tema. Me parece que fue una medida que venía a justificar todo lo que no se había hecho, que era intentar que hubiese un mínimo consenso entre realidades que a veces chocan en las comunidades modernas en las que vivimos.       

P.– ¿Y qué piensa respecto al problema de la asignatura de religión en los colegios?         

R.– A mí me parece que es una vuelta atrás. No llego a entender siquiera a quienes tienen la responsabilidad de la Iglesia Católica por su intento de introducir la religión en los colegios.        

La separación entre Iglesia y Estado en un país cada vez más plural en lo religioso, implica que el Estado debe ser total y absolutamente aconfesional.    

La Iglesia debe tener sus propios medios y recursos para llegar y acercarse a aquellos a quienes quieren catequizar. Incluso podría ser en los colegios, pero fuera de los horarios lectivos, con sus propios recursos y de manera voluntaria. Yo creo que volver a la religión obligatoria y a estudiar la religión es un paso atrás en el respeto a todos en esta sociedad, incluido a aquellos que son de convicciones religiosas y son católicos.      

Debemos tener en cuenta que casi todas las religiones tienen una historia bastante truculenta. La verdadera historia de las religiones es la de las persecuciones por motivos religiosos.        

Lo que antes se llamaba “historias sagradas”, son una especie de cuentos ilustrados a color. Yo creo que lo que hay que hacer es sacarlo, y quien quiera que se acerque, y quien no que no se acerque, pero sin ningún tipo de agravio, ni ningún tipo de problema. Sacarlo por tanto, como ya he dicho, del horario lectivo de los colegios es la mejor solución posible.       

P.– ¿Confía todavía en conseguir un Gobierno de izquierdas?      

R.– Queda mucho por reflexionar en la gente. Hay muchos ciudadanos y ciudadanas ahora mismo desencantados, pero creo que hay que hacer llegar la reflexión de que esto no ha pasado por casualidad, sino que ha habido intereses que han empujado para que esto suceda así y que ellos no pueden ser colaboradores, ni siquiera pasivos, con esos intereses desistiendo tan pronto, rindiéndose tan pronto. Hay que volver a dar una oportunidad a la izquierda, darle una segunda oportunidad aunque con la primera tendría que haber bastado.    

 


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