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Portada Nº Abril 2004
Información General y Opinión
Sección General


EDITORIAL


Que se cumpla
el Estatuto de RTVE

   Si relacionamos todo lo analizado en los dos artículos que pueden leer en esta primera página "Otra política para la radiotelevisión pública" y "Política democrática y medios de comunicación"–, con la realidad que se vive día a día en RTVE, todavía prisionera del Gobierno de Aznar, podremos convenir que el Estatuto del Ente Público ha sido, aun reconociendo todos sus defectos, un medio decisivo en la reciente historia española para asentar la democracia y contribuir a la modernización social. Todavía representa un modelo diferente y un freno a los reiterados intentos de situar los contenidos de los medios audiovisuales en su nivel más vulgar.   

   Pero RTVE ha sido alejada paulatinamente de lo que debe ser una auténtica radiotelevisión pública. La entrada en funcionamiento de las televisiones privadas y el simultáneo incumplimiento, por acción y por omisión, de los principios que refundaron RTVE para la democracia, han provocado su debilidad económico-financiera en beneficio de intereses privados y, al mismo tiempo, que sus contenidos hayan sido desviados del objetivo final. Que no es otro que informar, formar y entretener, así como servir a la sociedad de puente entre la política, los políticos y esa misma sociedad como realidad plural.     

   En RTVE la Ley se incumple en cuanto se refiere a objetividad, veracidad, imparcialidad, respeto al pluralismo, promoción de la cultura, el diálogo y el debate, fomento de la producción propia, defensa de la calidad por encima de la captación masiva de audiencias, financiación pública, presupuestos equilibrados... Normas, todas, que no necesitan ser reformadas, como se proclama continuamente, sino cumplidas.    

   Quienes instrumentalizan RTVE son sus gestores, no sus trabajadores, que tantas veces han pagado con marginación profesional la defensa de estos principios, base fundamental del pluralismo.    

   La deslegitimación económica, financiera y de contenidos llega ahora a su fase definitiva después de este periodo que afortunadamente termina, el más crítico, el más errático, el más sectario; con nada menos que cinco directores generales en ocho años (incluyendo a un diputado que había sido condenado anteriormente por abuso de autoridad y a Ferrari, el máximo responsable de las acciones manipuladoras que han valido la condena de Urdaci y de él mismo, no hay que olvidarlo, pasando por la absoluta incompetencia del último de la saga). Se han sucedido los intentos desde el poder político de convertir RTVE en algo testimonial, siempre con el apoyo de poderosos sectores económicos y de sus terminales mediáticos, que desean ocupar el espacio que deje libre la radiotelevisión pública. Logrado esto, sólo entonces habría uniformidad de valores sociales, culturales, políticos y económicos; en definitiva, de formación de la opinión pública. Nos estaban acostumbrando a una única forma de ver y escuchar.    

   Pero hay otro modelo, otra forma radicalmente distinta de hacer las cosas.    

   Y consiste en poner en funcionamiento unos auténticos medios audiovisuales públicos, que sean punto de referencia alternativo a los intereses del mercado y de sus propietarios.   

   La primera condición es que RTVE no desaparezca, que no se reduzca su dimensión, que se asegure su financiación pública estable. Defendemos el derecho de la sociedad española a tener una radiotelevisión pública independiente, profesional, estable, participativa, capaz de cumplir la misión democrática que le ha sido encomendada. Dirigida a ciudadanos, no sólo a consumidores. Con una información en la que se vea representada la sociedad tal como ella misma se manifestó el mes de marzo.    

   El Gobierno que pronto verá la luz, y el Parlamento recién constituido, deben garantizar este servicio público por encima de intereses partidistas o económicos, tal como se ha comprometido a hacer Rodríguez Zapatero. Y mientras se estudia y desarrolla su nuevo modelo, al menos que se cumpla el Estatuto de RTVE. 6 abril 2004    

 


OPI


Esta publicación es fruto del empeño personal de Valentín Álvarez


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