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Portada Nº Abril 2004
Información General y Opinión
Sección General


MAR SÁNCHEZ


El sentido común
de Mariano Rajoy

Dice la voz popular que el sentido común es el menos común de los sentidos. Tal vez por ese motivo, y por que una bebió de las fuentes tradicionales, no entiendo qué quiere manifestar Mariano Rajoy cuando dice que apoyará al PSOE en cuestiones que afronte su rival con sensatez y sentido común.    

Aunque sensatez y sentido común parezcan sinónimos, no lo son. La palabra sensatez se asemeja más a racionalidad. Lo razonable, por tanto, sería lo sensato. Pero estas dos palabras a su vez son difícilmente adaptables a la política que hemos vivido, al menos, en los últimos tiempos. ¿Ha sido acaso sensato mantener las desigualdades económicas extremas entre países pobres y ricos? ¿Cerrar los ojos ante una evolución del islamismo radical que comenzó hace décadas? ¿Continuar considerando el conflicto judeo-palestino como irresoluble...?     

Si analizamos el sentido intrínseco de la palabra razonable, podemos llegar a la conclusión de que tampoco ésta es sinónimo de justicia. Lo razonable, en algunos casos, no nos lleva inevitablemente al sentido de justicia, y esto, a su vez, nos abre paso a la comprobación de las lagunas legales existentes.     

Con este lío de los sinónimos, que en algunos temas políticos son más bien antónimos, ando dando más vueltas que una peonza intentando descifrar el sentido de las palabras de Rajoy rueda de prensa, tras su intervención en la ronda de consultas mantenida por el Rey con todos los partidos políticos para la investidura del nuevo Gobierno.    

En esa rueda de prensa Rajoy manifestó que Zapatero tendrá que llamar al PP, más tarde o más temprano, "para hacer las cosas sensatas y de sentido común". También aseguró que su partido haría una "oposición leal, constructiva, pero a la vez exigente". Añadió que para eso le han votado más de nueve millones de ciudadanos en las urnas. Es sensato, razonable y justo que nos recuerde los 9.700.000 votos que le respaldan. También lo es que vea su nueva etapa política en la oposición como leal, constructiva y exigente. Es más, sobre todo en los momentos que vivimos, es un dato a agradecer.    

Si hubiera terminado en ese punto su intervención, la ilusión por una vía de diálogo constructivo y el camino abierto para la concordia serían francamente positivos. Es más, nos hubiera dejado a todos atónitos por su nuevo espíritu de concordia y su visión aperturista ante un juego político donde primarían más los intereses generales que los partidistas.      

Pero, ¿qué quiso decir con sensatez y sentido común? Analicemos. Lo contrario a la sensatez y al sentido común, es la locura. Por tanto, si más tarde o más temprano Zapatero tendrá que llamar al PP para hacer las cosas con sensatez y sentido común, quizás se refiera a que el PSOE necesitaría de ellos para introducir algo de cordura en la política del Estado y de las autonomías. También entra dentro de la posible que su intención fuese decir que apoyaría a Zapatero, antes o después, en las cosas lógicas y razonables. Otra lectura sería que las cosas lógicas y sensatas para Rajoy, por lo menos hasta el momento, sean opuestas sustancialmente a las del PSOE; con lo cual el que les llame o no el señor Zapatero, antes o después, no llevará a una oposición leal ni constructiva.     

El abanico de posibilidades que dan las palabras sensatez y sentido común en 
la boca de Mariano Rajoy, por tanto, es amplio, ambiguo y variado. Son muchos los puntos concretos que podríamos seguir analizando, pero sólo nos centraremos en el que, según las recientes encuestas, más interesa a la opinión pública: el terrorismo.    

Creíamos todos los ciudadanos, con nuestro sentido común, sensatez, lógica y raciocinio, que la unión frente al terrorismo es básica y esencial. No fue el pueblo el que hizo la división entre terroristas de primera y de segunda clase. Lo cual no significa que no nos preocupe, y mucho, el ser foco directo del terrorismo islámico. Desgraciadamente, este último nos tiene sumidos en una angustia evidente y racional. No es una locura, por tanto, que se quieran mejorar o realizar nuevos pactos y leyes que nos lleven a ampliar todas las medidas de seguridad, tanto en el ámbito interno como en la relación con otros países. Nuestro mismo sentido común nos dice que todo en esta vida es factible de cambios y mejoras. Lo que no nos entra en la cabeza es que nos tengamos que aferrar a un Pacto Antiterrorista como dogma de fe o como el niño que no quiere cambiar su juguete por uno mejor. Las circunstancias actuales requieren más que nunca de todas las medidas que estén a nuestro alcance. Lo contrario sería demostrar poco sentido común, mucha insensatez, infinita irracionalidad y tremenda injusticia. 14 abril 2004   

 


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