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Portada Nº Abril 2004
Información General y Opinión
Sección General


ELIA ARMERO I GIMÉNEZ


Negar lo evidente

En nuestra sociedad se encuentra la memoria histórica de los pueblos, porque en ella hay símbolos, folklore y un sinfín de tradiciones y culturas que nadie ni nada, mediante el uso de su poder, puede arrebatar legítimamente. En todas las fiestas patronales, en las vestimentas, las danzas, en nuestra Semana Santa…, en todas estas actitudes diarias existe un imaginario cultural y tradicional muy arraigado.       

Estos temas son de vital importancia en los tiempos en que nos hallamos para poder ser personas tolerantes. Después de lo acaecido en España el pasado 11-M, es de considerar que en todas y cada una de las distintas civilizaciones existe un maremagno de tradiciones, que nos hacen portadores de las muy diversas y antiguas culturas de la especie humana.    

En nuestra condición de españoles, la cultura musulmana ha estado durante muchos siglos presente en nuestras tierras. Por este motivo, no se entiende la desvinculación que en la actualidad se sufre de las propias raíces.     

Sin esfuerzo podremos encontrar en nuestro vocabulario palabras procedentes de aquella época, utensilios inventados por esos pobladores, localidades fundadas por ellos que conservan su nombre, o monumentos como los castillos que dibujan la orografía de muchos municipios mediterráneos.    

No es lícito que ahora, según el poder imperante en el mundo, dirijamos nuestros ojos de manera xenófoba. Nuestros orígenes han de ayudarnos a entender que quienes ahora se han empeñado en presentarnos a los musulmanes como nuestros enemigos más bárbaros, acaso desconocen la antigüedad, el pasado glorioso en cuanto a cultura, expansión, agricultura, regadío, arte, arquitectura…, que nos aportaron más de siete siglos de convivencia y desarrollo.     

Cuando en el 711 los musulmanes cruzaron Gibraltar, llevaban consigo una lengua y una religión distinta a la nuestra, pero no una raza. Tenían en su poder inventos tan relevantes como la brújula, el papel, la astronomía, los molinos de agua… Un mundo donde el Mediterráneo no fue frontera, ya que era un mar compartido por todos. El Islam no creaba fronteras y el Mediterráneo se veía como un espacio de encuentro de culturas.     

En ninguna religión, en ningún libro sagrado, hay una sola página donde el hombre se equipare a la mujer, donde la igualdad sea efectiva… Hoy día podemos ver que la opinión pública está más informada, quiere saber más de lo que los poderes, en quienes no confían, les dejan saber. La opinión pública muestra su protagonismo y no se espera a comparecer cada cuatro años ante las urnas. Porque hay otra forma de considerar la historia.     

La religión no puede suponer la causa de tantas barbaries como han sucedido a lo largo de la historia. Sólo si recuperamos las señas de identidad podremos comprender nuestro mestizaje cultural de cientos de años de historia.     

Vivimos inmersos dentro de un planteamiento de "moros malos", de terroristas internacionales, de peligro para la humanidad… Pero no pueden pagarlo todos. Es más, muchos españoles tenemos fuertes ascendencias musulmanas. Negar nuestra procedencia, sería negar lo evidente. 19 abril 2004   

 


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