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Portada Nº Abril 2004
Información General y Opinión
Sección General


ELIA ARMERO I GIMÉNEZ


No se puede permitir
el triunfo del caos

Esta semana ha circulado por internet una "noticia" relacionada de nuevo con la posible actuación de algunos terroristas-integristas islámicos. Después del caos que supuso lo acaecido en Leganés, así como la profanación reciente de la tumba del GEO que murió asesinado a causa de la inmolación de los terroristas, esta información ha caído como un jarro de agua fría sobre mucha gente de buena fe que navega por la red. La información en cuestión hablaba de una escena en un tren entre varias personas. Una de ellas, con "acento árabe", aseguraba a algunas mujeres que viajaban en el convoy que lo ocurrido el 11-M no tenía comparación con lo que pasaría el 21 de abril en varios centros comerciales.     

En el documento se aseguraba que una de las personas partícipes de la conversación denunció el suceso a la Policía, y allí pudo reconocer aquel hombre que quien había hablado estaba vinculado a los atentados en Madrid y se hallaba en busca y captura.    

Después de contrastar las presuntas informaciones con distintas fuentes, todas ellas completamente fidedignas,  podemos afirmar que no existe tal denuncia. La historia nos lleva a preguntarnos: ¿Por qué? ¿Quién tiene un especial interés en crear una alarma innecesaria en la sociedad? ¿Con qué finalidad? Algún desalmado ha tenido la brillante idea de sembrar el sobresalto, la incertidumbre, y cuanto menos el caos entre la población española. ¿Cómo hemos de reaccionar ante esta circunstancia? ¿Qué apunta la Justicia en estos casos?     

Realmente es vergonzoso que exista gente que disfrute manipulando asuntos de tal envergadura. Hemos podido corroborar que es algo común la incursión en la red de desinformaciones de este calibre. Por ello, los servicios de seguridad, la Policía y demás organismos gubernativos están siendo acosados por una avalancha de llamadas que desean corroborar si es posible el cumplimiento de la amenaza apuntada en el mensaje. Ello interfiere en su trabajo y provoca un retraso inútil en sus investigaciones. Cada día los portavoces de la Policía Nacional atienden alrededor de trescientas llamadas relacionadas con este tema.      

Nadie puede asegurarnos que este grupo extremista islámico no volverá a actuar. Nadie. No obstante, sabemos que ni la Policía, ni la Delegación del Gobierno en Madrid, tienen constancia alguna de la existencia de tal denuncia, por lo que nos induce a pensar que el mensaje forme parte de un artificio irresponsable de personas descerebradas o algo peor…     

Estos acontecimientos pueden provocar inconvenientes considerables. Por un lado, existe el peligro de que proliferen este tipo de llamadas y mensajes ficticios hasta el punto de que los órganos de la seguridad del país lleguen a tener que ignorar situaciones que podrían convertirse en ciertas. Por otro lado, es lamentable pensar que la población pueda restar importancia o credibilidad a esta clase de sucesos por tenerlos acomodados en su mente como algo terriblemente cotidiano; ya viene ocurriendo cada vez que nos sorprende uno de los atentados de la banda terrorista ETA.     

Ante estas cuestiones, de un calibre destacadamente serio, la pregunta de rigor es: ¿qué necesidad hay de sembrar el miedo entre la ciudadanía? Alguien se ha propuesto aprovechar la situación para continuar alargando el camino del horror cuyo inicio partió en la mañana de aquel jueves. No hemos de permitir el triunfo del caos.26 abril 2004   

 


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