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CARLOS HERNÁNDEZ, EX REPORTERO DE GUERRA EN IRAQ "Es inconcebible que el Gobierno español considere patriótico el silencio y no la justicia en el asunto Couso" Por LETICIA ALONSO
"Me temo que después de las elecciones generales, una vez que no haya riesgo electoral, en Antena 3 volverán a la carga, con un nuevo paquete de despidos" El edificio de la revista La Clave es el nuevo lugar de trabajo del periodista Carlos Hernández. Tras su despido de Antena 3 en noviembre del año pasado, ha abandonado el sangriento escenario de las guerras para iniciar una etapa más tranquila como coordinador de nacional e internacional de la revista. Su carrera profesional es un ejemplo de transparencia y buen hacer como informador. Licenciado en Periodismo por la Facultad de Ciencias de la Información de la Complutense de Madrid, comenzó su trayectoria por la puerta grande al entrar en Antena 3 cuando cursaba cuarto curso de carrera. Desde entonces han pasado 14 años y miles de experiencias que le han convertido en el profesional que es hoy y que le ha valido, entre otros, el premio al "Periodista del Año 2003" de la Asociación de la Prensa de Madrid (APM). Testigo directo de la guerra de Irak, entre otros muchos conflictos, trató de informar con objetividad de cada bombardeo y acontecimiento ocurrido. Asegura estar convencido de que fue esa búsqueda de la verdad la que le costó el puesto en Antena 3, pero también asegura que volvería a hacer lo mismo si se repitiese la historia. Carlos Hernández es un periodista cercano que derrocha sinceridad en cada una de las respuestas a esta entrevista. Ahora que va a cumplirse un año de la guerra de Irak, en medio de la polémica sobre la inexistencia de las armas de destrucción masiva, su testimonio es un ejemplo de que es posible trabajar con honestidad. Pregunta. Tras su despido de Antena 3 mucha gente se preguntó qué iba a hacer después. Ahora está trabajando en La Clave; pero, ¿por qué se decidió por este trabajo? ¿Qué labor realiza? Respuesta.– Salí de Antena 3 en noviembre de 2003, tras ser despedido con el expediente de regulación de empleo. A los pocos días me llamó José Luis Balbín, al cual no conocía personalmente, y me ofreció venir a La Clave. Tuve mucha suerte, pues estuve menos de un mes fuera de juego. Mi trabajo aquí es el de coordinar nacional e internacional, aunque a la vez intento crear temas. Trato de no ser un mero coordinador, porque eso sólo me aburre. Me gusta involucrarme en las historias, salir a la calle... Supongo que es la costumbre. P. Parece que se convirtió un poco en el símbolo de esos despidos, en la imagen del buen periodismo. ¿A qué cree que se debió esa reacción? R. Fue un cúmulo de circunstancias. Evidentemente Rosa María Mateo, por poner un ejemplo, es una gran profesional, a la que me gustaría parecerme algún día, y se lo hubiese merecido más que yo, pero en mi caso se conjugaron diversas causas. En primer lugar, acababa de regresar de Irak y era una persona bastante valorada por mi trayectoria entre los compañeros. Además, me impliqué a fondo en el caso de José Couso, pidiendo que se hiciese justicia y se investigasen las circunstancias de su muerte, lo que me dio un cierto protagonismo. Y por último, dentro de las manifestaciones que se organizaron en torno a los despidos de Antena 3, fui una de las personas que consideraba que el expediente de regulación de empleo no tenía ninguna base jurídica, y así lo expresé. Dije que era una simple maniobra para convertir empleo fijo de periodistas en empleo inestable, y que eso era un atentado contra la profesión periodística en general. A estas circunstancias se unió la iniciativa llevada a cabo por algunos compañeros que estuvieron conmigo en Bagdad, mandando un comunicado de apoyo. Yo me enteré más tarde y lo que ocurrió es que se les fue de las manos. Empezaron a meter a más gente y finalmente se convirtió en una recogida de firmas, que no era la intención del principio. Cuando vi que habían firmado más de 1.900 compañeros me quedé muy sorprendido y les estaré agradecido a todos durante mucho tiempo. P. La gran cantidad de despidos habrá dejado un vacío para trabajar que será necesario cubrir de alguna manera. ¿Cree que se recurrirá a gente de prácticas que cobren un sueldo sustancialmente inferior? R. Por las informaciones de compañeros que están dentro, ya lo están haciendo. Se hacen contratos en peores condiciones y, además, se están haciendo muchas contrataciones a través de productoras o empresas de trabajo temporal. Espero que este expediente haya sido el primero y el último de Antena 3, pero me temo que después de las elecciones generales del 14 de marzo, una vez que no haya riesgo electoral, volverán a la carga. Desde el principio vimos que la nueva casa no apostaba por los Informativos y se anteponían los intereses económicos a la calidad de la información. A esta situación se añadía todo el condicionante político que hay en Antena 3. Desde la compra hace años por Telefónica, se ha convertido en un medio de comunicación muy teledirigido desde un determinado partido político, y con el cambio en la dirección de Informativos de hace unos meses todavía más (aclaración de OPINAR: Carlos Hernández se refiere al nombramiento de Gloria Lomana como jefa de Informativos, de quien se dice que es más del PP que los propios miembros del Partido Popular, y que incluso en Televisión Española se consideró demasiado escandaloso su ejercicio de manipulación de la información a favor de Aznar). Se ha pasado de una línea editorial más o menos sostenible, a la manipulación directa de la información. P. Toda esta situación en la directiva de la cadena habrá determinado su despido. ¿Hasta qué punto cree que se debió a presiones políticas? R. Todos los compañeros de la redacción éramos conscientes de lo que estaba ocurriendo, lo que pasa es que cada uno se rebela en la medida de sus posibilidades, y a veces son pocas. Este tipo de manipulaciones se hacen casi siempre de modo que no puedas evitarlas, por mucho que luches. Cuando estaba en Antena 3 era una de las personas que más me resistí a esa situación, y no por que me mueva una ideología concreta. En los 14 años que he trabajado en Antena 3 he vivido varios cambios de accionariado, acompañados de cambios en la línea editorial. Empezamos con Luis Herrero y una línea de centro-derecha. Con Campo Vidal pasamos a una de centro-izquierda. Pero en ninguno de los dos momentos tuve más problemas de los habituales como informador. El conflicto viene cuando de la línea editorial se pasa a algo más grave, como ocultar noticias, evitar determinados temas e incluso mentir. Es fundamental tener muy clara la diferencia entre la línea editorial y la manipulación. Si tienes una línea de centro-derecha y te llega una noticia que perjudica al Partido Popular, puedes contarlo sin "hacer sangre" sobre el asunto, pero lo cuentas. El problema es cuando se oculta esa información. Tengo muy clara la diferencia entre información y opinión. Lo que no puede hacerse es ocultar la opinión en un mensaje informativo que engañe al público. P. Una cadena que es acusada frecuentemente de manipular la información, teniendo incluso una sentencia condenatoria, es RTVE. ¿Qué opinión le merece esta situación? R. Me parece incluso peor la situación en Antena 3 que en RTVE. Antena 3, al ser una televisión privada, no tiene una obligación ni un control de ningún tipo. En RTVE al menos hay un Consejo de Administración con representantes de todas las tendencias políticas de este país, que quizás no sirva para mucho, pero se pueden presentar quejas e, incluso, como usted comentaba, presentar una demanda que acabó con una sentencia contra los Servicios Informativos. Todo eso no puede ocurrir en Antena 3 al ser un medio de comunicación privado. Los políticos deberían replantearse la Ley de la Televisión Privada y la situación en general de nuestros medios de comunicación. Lo que no puede ser es que una televisión como Antena 3, que cumple un servicio público, no tenga ninguna forma de control sobre los contenidos de los Servicios Informativos. Lo que de verdad añoro es la situación de otros países. Veo lo que ha ocurrido en la BBC, a pesar del final truculento, y desearía que España tomara ejemplo. No sólo de los medios de comunicación británicos, sino también de otros países. Yo fui muy crítico con el papel de los medios estadounidenses en la guerra de Irak, que tuvieron que doblegarse a las presiones del Pentágono y la Casa Blanca, e hicieron un periodismo más patriótico que otra cosa. Pero una vez concluida la guerra y la presión que sufrían volvieron a la carga y a brillar por su independencia. Quiero decir que hay grandes diferencias entre estos medios que comento y los españoles, y un ejemplo muy significativo lo tenemos con el tema de las armas de destrucción masiva. En España, ahora empezamos a insistir un poco en el asunto, pero estamos a años luz de lo que han hecho los medios británicos y estadounidenses. Allí, incluso han abierto investigaciones propias y han ejercido tal presión que Bush y Blair no han tenido más remedio que abrir sendas comisiones de investigación sobre el tema. En definitiva, me encantaría que en España hubiese una BBC. P. Sabiendo que su trabajo en la guerra de Irak fue determinante para su despido de Antena 3, ¿cambiaría algo de lo que hizo para poder haberlo evitado? R. No, en absoluto. Si mañana tuviera que volver y se repitiera la historia, volvería a actuar del mismo modo a sabiendas de que me iban a despedir. Es un tema que he pensado bastante durante este tiempo, sobre todo en el momento del despido. Te planteas si podría haber estado un poco más acorde a la línea que se me exigía desde Madrid, pero luego pienso que si al volver, gente como la familia de José Couso me hubiese dicho que se me notaba que era un vendido y no buscaba la verdad, entonces sí hubiese recogido mis cosas y hubiera abierto un bar o algo por el estilo. El hecho de que la causa de mi despido sea mi trabajo durante la guerra de Irak no me avergüenza. Si el motivo es querer contar la verdad, creo que incluso acabaré poniéndolo en el currículum. Estoy orgulloso de mi trabajo y del de todos mis compañeros. Mi trabajo no fue ni mejor ni peor que el del resto. Yo tiendo a ser muy crítico con nuestra profesión, pero en Irak conviví con profesionales de medios de muy distintas líneas editoriales y puedo asegurar que las informaciones que mandábamos no eran tan diferentes entre sí. Al final nosotros somos periodistas y lo que tenemos que hacer es contar lo que vemos, contar la verdad. P. Ha pasado a ver la guerra de Irak desde la televisión, como la mayoría de los españoles. Pero usted ha estado allí. ¿Se echa de menos un trabajo en el que te juegas la vida todos los días? R. Sí que se echa de menos. Estoy encantado en La Clave, pero mentiría si no dijese que, al ver todos los días las informaciones que llegan de Irak, me encantaría estar allí de nuevo. Además, creo que es ahora el momento en que hay que prestar más atención a lo que allí ocurre. Los informativos siguen abriendo con noticias de Irak, ya que dada la magnitud de la masacre que vive el país, es imposible obviarlo. Pero me pregunto qué pasaría si ya no hubiese tropas extranjeras en Irak y creo que la atención prestada por los medios sería mucho menor. Sería simplemente otro país que vive un conflicto armado. Sólo hay que ver el ejemplo de Afganistán, donde sigue muriendo gente todos los días aunque a lo mejor no son soldados extranjeros o no son matanzas tan numerosas como en Irak, y apenas hay informaciones. Por eso creo que es imprescindible informar ahora de lo que ocurra y hacerlo en sus justos términos. Personalmente, me sorprende oír cómo EE.UU. asegura que es Al-Qaeda la que busca una guerra civil entre chiíes y suníes. Tengo la sensación de que se están poniendo la venda antes de tener la herida. Son conscientes de que puede haber una guerra civil en Irak y quieren eludir la responsabilidad que evidentemente tendrían. P. Como está comentando, la situación de la población iraquí es cuanto menos muy delicada. Los conflictos por el poder entre kurdos, chiíes y suníes están provocando numerosas muertes en atentados y parecen difíciles de solucionar. ¿Es la guerra civil un final inevitable? R. No, yo creo que aún puede evitarse. Afortunadamente kurdos y chiíes, las dos etnias más poderosas y mejor armadas, hoy en día son aliados y ni siquiera tienen intereses enfrentados porque están separados geográficamente. El conflicto es entre suníes y estas dos etnias, pero el escaso poder de los primeros hace complicada una guerra civil en estos momentos. El problema es que se ha creado una situación de inseguridad y caos que puede acabar de cualquier manera. Pero hay que dejar las cosas claras. Los responsables de toda esta situación son quienes organizaron, promovieron y realizaron esta guerra, y no es una opinión sino un hecho objetivo. Irak era un país con muchísimos defectos, el principal que tenía un tirano como Sadam en el poder, y la única solución a la represión existente tenía que venir por los propios ciudadanos del país. Es increíble que los que organizaron la guerra no tuviesen pensado el día después, cuando todo el mundo sabía que sería muy conflictivo. Lo cierto es que, aunque no haya guerra civil, la situación que hay ahora mismo, con más de cien muertos en dos días, se le parece mucho. P. Cuando estuvo en Irak pudo ver con sus propios ojos la realidad que vivía esa población las veinticuatro horas del día, pero las crónicas que llegaban a Madrid no superaban los tres minutos. ¿Es posible resumir esa realidad en tan poco tiempo? R. Es difícil. Las televisiones y las radios teníamos más dificultades porque tenemos menos tiempo, pero creo que sí se pudo transmitir una visión global de lo que ocurría. El espectador, para estar bien informado, no tiene que nutrirse sólo de un medio de comunicación, sino recurrir a varios. En la televisión podrá ver las imágenes, pero si se compra un periódico podrá ver esa información analizada y más detallada. Lo que intentábamos los medios era no ceñirnos a la mera batallita, como muchas veces se nos pedía. Lamentablemente, las televisiones tienden a convertir las guerras en un espectáculo y nosotros lo que pretendíamos era evitar eso. Queríamos que la gente entendiese que detrás de cada bombardeo, con una luz muy espectacular, había un sufrimiento y unas víctimas. P. Comentaba antes que echa de menos estar allí y contar ese sufrimiento. ¿Qué mueve a un periodista a vivir una guerra, hasta el punto de añorar esa vivencia? R. Es una pregunta difícil de contestar, porque no sé cómo explicarme. Creo que son varias cosas. En primer lugar, hay un interés profesional. Como periodista considero que no hay nada más interesante que cubrir una situación de este tipo. Es lo más difícil, pero a la vez lo más gratificante como profesional. En segundo lugar, hay una cierta conciencia de que alguien tiene que hacerlo. No somos héroes, simplemente aprovechamos que nos gusta y que alguien ha de estar allí para contarlo. Puede parecer complicado de entender, pero creo que no sabes si puedes hacerlo hasta que no estás allí. Hay gente que reacciona de todas las maneras, desde un miedo extremo y comprensible, hasta un exceso de valentía. Hay que entender que miedo tenemos todos, pero intentamos que no nos domine. Por último, creo que estar allí es una especie de servicio público. Contar lo que ocurre sirve para concienciar a la opinión pública y que luego pueda tomar sus decisiones con conocimiento de la realidad. Puede parecer que tenemos muy poco poder para decidir en estos asuntos, y es cierto, pero cada ciudadano va a votar cada cuatro años y su voto puede cambiar las cosas. También hay que tener en cuenta que estos conflictos siempre son menos violentos cuando hay testigos. El hecho de que haya periodistas ayuda a las víctimas y hace que los jefes militares se piensen un par de veces sus decisiones antes de comenzar una operación. P. ¿Qué opinión le merece la polémica sobre las armas de destrucción masiva? R. Como periodista, lo que me indigna es que se esté tratando de reescribir la historia. Tratan de cambiar el pasado tan sólo diez meses después de que haya ocurrido y la gente aún tiene fresco en la memoria todo lo que se dijo. Es increíble que desde determinados poderes de este país se diga que es Naciones Unidas la que tiene que explicar por qué dijo que en Irak había armas de destrucción masiva. Los inspectores de Naciones Unidas lo que dijeron es que no podían asegurar la existencia de las armas y pidieron más tiempo. Por tanto, la realidad es que hubo tres naciones, EE.UU., Gran Bretaña y España, que se negaron a darles más tiempo y desencadenaron una guerra. Eso ocurrió así y no pueden tratar de reescribir los hechos diez meses después. A nivel periodístico, opino que los medios debemos seguir investigando si se mintió intencionadamente, ya que hay elementos que parecen confirmarlo, o si fueron los servicios secretos en general los que cometieron errores. Esto hay que investigarlo seriamente, porque no es lo mismo un error de los servicios secretos a que éstos hicieran informes a la carta para satisfacer unos determinados objetivos políticos. P. El 8 de abril se cumplirá un año de la muerte de José Couso. ¿Qué recuerda de ese día? R. Lo recuerdo todo. Cada detalle desde primera hora de la mañana. Un hecho así te marca personal y profesionalmente. La muerte de un compañero es lo peor que te puede pasar. Cuando llevas conviviendo con alguien más de dos meses, compartiendo cada día, es muy duro aceptar que muera de esa manera. Podría haber muerto trabajando, como Julio A. Parrado, y dentro de la enorme pena que te produce son, como suele decirse, los gajes del oficio. Yo defiendo, junto a otros compañeros, que lo que ocurrió con José fue un asesinato. Fue un crimen de guerra. Se disparó de manera intencionada contra el hotel en el que estábamos los periodistas, y por tanto se fue a matar periodistas, lo cual está tipificado por la Convención de Ginebra como un crimen de guerra y debe ser investigado. Pero es que yo me baso en mi propio testimonio. Yo lo viví. Observé cómo aquellos tanques llegaban a primera hora de la mañana al puente del río Tigris. Nosotros estábamos asomados a las terrazas y se nos veía perfectamente. Es más, con su sistema de visión debían ver hasta el color de ojos que teníamos... Cuando dispararon sabían que iban a matar algún periodista, pero sigo sin saber bien por qué lo hicieron. Hay muchas hipótesis, pero yo no puedo creerme la versión que se nos dio, porque además se dijeron cosas contradictorias. Tiene que investigarse, porque tenemos derecho a conocer la verdad y pedir responsabilidades. En cuanto a vivencia personal, lo recuerdo como lo peor que te puede ocurrir. El obús cayó en nuestra planta, a unos cinco o seis metros de mi habitación. Impactó en la habitación de la agencia Reuters y enseguida nos percatamos que había sido en nuestra planta. Fuimos corriendo para allá y nos encontramos al cámara ucraniano, Taras, prácticamente muerto. Intentamos ayudar todo lo posible, pero sentí una impotencia enorme. Ni yo ni muchos compañeros tenemos conocimientos de primeros auxilios y creo que en una situación como una guerra sería imprescindible que los tuviésemos. Una vez que trasladamos a los heridos a los coches me percaté de que el impacto podía haber afectado a alguna habitación más. Tanto en la planta superior como inferior tenía amigos. Arriba estaban los compañeros de Televisa, compañeros mexicanos con los que estábamos todos los días. Recuerdo perfectamente cómo corrí a la planta 16, llamé a la puerta y, como nadie me contestaba, la reventé. Vi una cámara destrozada, pero no había sangre, así que creí que no había pasado nada. Habían pasado unos veinte minutos desde el disparo. Bajé corriendo a la planta 14, a la habitación de los compañeros de Telecinco. Vi la puerta abierta y me encontré el charco de sangre, la cámara de José destrozada... Busqué nervioso a alguien que me contase qué había sucedido y fue entonces cuando me enteré. Lo que vino después es conocido por todos. Seguimos su evolución hasta que finalmente murió. Ahora pedimos responsabilidades. El trato que recibió la muerte de José dista mucho del que recibió Taras en su país. Es lamentable cómo ha tratado el Gobierno español a la familia de Couso, sin ninguna atención ni ninguna ayuda. Y no ha sido apoyada porque no se comportaron como lo que ellos entienden por un comportamiento patriótico. A juicio del señor Aznar, el patriotismo es mostrarse orgulloso de la muerte de un hijo y después mantenerse callado. Pero esto no es así. La familia de José Couso es igual de patriota que la de cualquiera de los militares que ha caído en Bagdad. Es inconcebible que el Gobierno considere patriótico el silencio y no la justicia. La cuestión era mucho más sencilla. España tendría que haber pedido explicaciones aprovechando su condición de aliado, haber prestado ayuda a la familia y, por supuesto, haber mostrado más sensibilidad hacia los que estábamos en Bagdad. Recuerdo cómo compañeros de otras naciones, como Grecia, Italia, etc., recibían llamadas a diario del ministro de Defensa o de instituciones de su Gobierno para ofrecer su ayuda y conocer cómo se encontraban. Sin embargo, nosotros, hasta después de la muerte de José Couso no recibimos ninguna llamada. Y las que recibimos a continuación fueron, sencillamente, ridículas. P. Oyéndole hablar, se deduce que tiene muy claro cómo debe actuar un buen periodista. ¿Qué principios procura tener presentes a la hora de realizar su trabajo? R. Mis valores son muy sencillos, porque son los que te enseñan en la Facultad, lo que pasa es que parece que mucha gente los olvida con el tiempo. Un periodista debe intentar ser objetivo. Todos sabemos que la objetividad absoluta no existe, que siempre das un sesgo u otro a la información, pero el objetivo claro de todo profesional debe ser el de contar lo que ocurre. Tratar siempre de contar la verdad. Es una desgracia que haya medios informativos que trabajen para otros intereses que no sean los de contar la verdad, y eso es algo denunciable. El fin de todo periodista debe ser siempre buscar la verdad y no favorecer a determinados intereses políticos. Yo defiendo la honestidad del 99 por ciento de la profesión, pero al final creo que con este tipo de actuaciones nos estamos cargando la profesión. Y ante esto hay que reaccionar. Del mismo modo que llamamos prevaricador a un juez que dicta una sentencia a sabiendas de que es falsa, también debemos denunciar a un periodista que miente conscientemente, como sabemos que ocurre en este país. Igual de grave es una cosa que la otra. En conclusión, estamos perdiendo credibilidad ante la opinión pública. Y, o se toman medidas ya, o el futuro de la profesión será cada vez más complicado. |
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Portada Portadilla Nº Abril 2004 Reportajes y Entrevistas Sección General © OPIN@R. Las personas interesadas en
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