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Portada Nº Julio 2004
Cultura, Ciencia y Sociedad
Sección General


ANTONIO VIDAL


Historia Impía de las Religiones

Presentación del libro Historia Impía de las Religiones (Foto: Teresa Soria)

Hace muy poco tiempo, concretamente el día 23 de Diciembre, mientras viajaba a Valladolid desde Murcia oía la radio sin prestar demasiada atención porque, la verdad es que estaba más preocupado del tráfico que de los villancicos, panegíricos familiares, etc. que, dadas las fechas, salían a las ondas… hasta que, de repente, no tuve mas remedio que prestar atención al oír lo que decía sin empacho de ninguna clase todo un Catedrático de Teología de cuyo nombre no puedo, ni quiero, acordarme. Por cierto ¿como puede haber cátedras de una disciplina de la que no hay nada seguro, estando como está la Teología basada en y únicamente en suposiciones e inventos?    

Pero, a lo que íbamos, estos oídos escucharon que al morir Jesús en la cruz se produjeron multitud de resurrecciones, como consta en varios escritos (de imposible datación, claro, pero seguro que muy posteriores a los hechos relatados) y que, entre ellas, también se produjo la resurrección de San José, ascendiendo éste al cielo en cuerpo y alma, estando desde entonces en la Gloria, nunca mejor dicho, con La Virgen y Jesucristo, pero... siendo San José el jefe de los tres, como padre de La Sagrada Familia. Esto, naturalmente, lo consideré una ofensa gravísima al raciocinio y a la inteligencia de los oyentes pero, recapacitando, caí en la cuenta de que ¿cuántos disparates así o peores están siendo considerados como dogmas solo porque un autonominado Vicario de Cristo o sus aláteres así lo han dispuesto?   

Pero es que no solo en esta religión de nuestros pecados, que es la católica, se decretan por sus sacerdotes cosas tan peregrinas como ésta o la asunción y la virginidad de la Virgen María. No, no solo en la católica. En todas partes cuecen habas, pues la misión de algunos en este mundo es engañar confundiendo, dominar amedrentando, manipular…, y no hablo de los políticos, me refiero en este caso a los sacerdotes como tales y de todas las religiones.    

Y sobre todo esto trata Historia Impía de las Religiones, un libro que nos abrirá los ojos un poco más acerca de estas cuestiones, pues creo que para eso nos mandó Dios (obsérvese, nos mandó Dios) a su autor, Fernando de Orbaneja, que cual caballero andante de los siglos XX y XXI se dedica, para bien del género humano, a desbrozar, deslindar y desenmascarar conductas, pensamientos, órdenes y sobre todo, desórdenes, tanto en el ámbito del Cristianismo, en obras anteriores, (véase Lo que Oculta la Iglesia) como en el de otras religiones, lo que sucede en el libro que hoy nos ocupa.    

Este libro, curiosamente, a pesar de tratar de las religiones es objetivo, Fernando en este caso puede que haya prescindido de su muy santa falta de piedad, para narrar esa impía historia de forma didáctica y breve.    

Es posible, solo posible, que una de las causas de su benevolencia sea la falta de espacio impuesta por las editoriales, que no quieren libros voluminosos; porque un libro exhaustivo sobre este tema, sería escandalosamente grueso y denso. Por eso: ¿escribir en España sigue siendo morir, Fernando? Y... ¿escribir en España sobre religión es morir todavía un poco más? Es posible. Ya nos aclarará Fernando de Orbaneja algunos aspectos de lo qué pasa en España cuando quieres publicar lo que de buena fe piensas, estudias, analizas y al final concretas en escritos acerca de cuestiones religiosas, si no obtienes antes un refulgente pasaporte conocido hasta hace muy poco tiempo como Nihil Obstat.   

El problema de las religiones, visto de una forma global, no es si hay Dios o no hay Dios, o si este es uno o es trino, o son cuatro contando a la Virgen, o si son cinco contando a San José, (que no olvidemos que es el jefe)... o si es un panteón de doce o de veinte. El problema, problema, es que SÍ hay religiones y, según lo que se desprende del libro de Fernando y de la historia más o menos sagrada, se da la circunstancia de que cuantos menos dioses forman el panteón, más sanguinarios son sus sacerdotes, y así es en el cristianismo, que parece que inventó las rebajas (por lo de tres en uno), con las trágicas consecuencias que conocemos y, sobre todo sufrieron: desde los mismos cristianos que disentían de la línea "oficial" desde el siglo I, pasando por los "herejes" (sobre todo aquellos cuyos bienes eran ambicionados por la Iglesia) durante los largos siglos inquisitoriales, hasta los sacerdotes partidarios del Concilio Vaticano II en la actualidad, sin ir más lejos.    

En esto de los dioses soy de la opinión de que bastante tiene un dios con andar haciendo universos y cosas así como para ocuparse de nosotros. Pero resulta que para eso, para "ocuparse" de nosotros, están los que, enarbolando la bandera que más les conviene, se ocupan y preocupan de que los preceptos por ellos instituidos den sus dividendos terrenales con la promesa para los fieles de la recompensa post-mortem en la supuesta Gloria, aunque hay que reconocer que algunas situaciones post-mortem son más atractivas que otras, porque: ¿como vas a comparar lo de las huríes semidesnudas moviéndose sensualmente al ritmo de la música, entre velos transparentes en el Jardín del Edén, rodeadas de fuentes de vino e hidromiel, con el aburrido cielo prometido a los católicos lleno de mofletudos y regordetes angelitos asexuados tocando la lira, como única diversión para toda la eternidad?. ¡No hay color! Si la cosa fuese así, tan segura, la inmensa mayoría de los varones seríamos mahometanos. Eso lo creo indiscutible.    

Y, por otro lado, ¿por qué ese empeño de los sacerdotes en hacernos ver a dios, al dios que sea, como si fuera un guardia urbano vigilando y multando a quién va por dirección prohibida o aparca en doble fila? Si un dios nos ha creado, ¿es que sería tan tonto como para darse trabajo extra teniéndonos que vigilar uno a uno para pillarnos "in fraganti" y así poder castigarnos? ¿Para qué quiere castigarnos? ¿Para disfrutar con ello? Suena, por lo menos raro, y además, si un dios nos ha creado a su imagen y semejanza: ¿Aparca dios en doble fila también a veces? ¿Comete pecados dios? ¿Contra quién?   

Lo que sí está muy claro es que alguien muy, muy humano fomenta, rige, ordena, planea, maquina, regula y organiza el fabuloso circo de la religión. Y ahora... ¡mediático!: ¡con el Gran Vicario besando el suelo!, ¡con el Gran Vicario de nuevo de viaje alrededor del mundo mientras otros mangonean los sucios negocios de esa fábrica de santos que es El Vaticano!, ¡el Gran Vicario con los jóvenes del mundo!. Y ese Gran Vicario, inútil y balbuceante, incapaz de fijar la mirada y de articular palabra ante todas las televisiones del mundo, es quien dicta los dogmas que deben considerar sagrados los católicos. Sería patético si no fuera trágico.    

Los sacerdotes, para poder dominar mejor a sus acólitos, han intentado siempre mantenerlos en la ignorancia y también han intentado borrar de la memoria colectiva el saber que pudiéramos haber recibido ancestralmente. Espero que para ustedes el ejemplo que voy a dar a continuación sea tan válido como lo es para mí: la serpiente. Para la religión judía y las sectas que de ella han derivado y derivan, es signo de oscuridad y objeto de maldición divina, a pesar de que en otras culturas se le considera beneficiosa. Según una de las acepciones simbológicas, en el Diccionario de los Símbolos, de Cirlot, la serpiente puede considerarse como una manifestación de la persistencia de lo inferior en lo superior y: ¿recordamos como está la serpiente en el escudo de la medicina y de la farmacia? Está enroscada en una doble hélice, tal y como es la vida en esencia: el ADN. ¿Casualidad? No lo creo. ¿Se conocía de antiguo la relación entre lo pequeño, y lo universal? Sin duda, pero el papel fundamental de las religiones ha sido siempre alejar al hombre de los conocimientos, primordiales o no, y ello para el íntegro y material provecho de sus representantes, esos Vicarios de los dioses, en La Tierra.     

Creo que este podría ser el tema de otro trabajo, naturalmente escrito por Fernando, que es todo un especialista pero, en fin, estamos aquí para presentar Historia Impía de las Religiones, libro que considero de obligada lectura para aquellos que quieran adentrarse en los densos parajes de las religiones y sus diáconos, y también lo considero de obligada lectura para todos los demás y sin más dilación.    

Imagino a su autor, mientras lo escribía, con pilas de libros a los lados del ordenador (Popol Vuh, Apócrifos, etc), porque la cantidad de información que en él se baraja no cabe en cabeza humana, ni siquiera en la de este caballero andante, y galante, que es Don Fernando de Orbaneja, cuya vida guarde Dios, todo dios, muchos años. 28 abril 2004     

 


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