CECILIO URGOITI Desarrollo sustentable o sostenible En la actualidad y ante los graves problemas que afectan a la sociedad, y que atentan contra la supervivencia de la humanidad y del planeta, surge la necesidad de afianzar en cada persona el pensamiento de desarrollo sustentable. Y la mejor manera de lograrlo es mediante las universidades, como instituciones de enseñanza y formación de profesionales capaces de transformar esa crisis. La civilización industrial, materialista, capitalista y tecnocrática que rige nuestra sociedad, pone en evidencia su inviabilidad mediante el constante incremento de la pobreza, tanto material como espiritual. La gran mayoría de las organizaciones internacionales, y por ende los estados que las componen, se han dedicado a registrar y analizar la pobreza material que impera en naciones del Tercer Mundo. Sin embargo, no es la única en presencia: encontramos también la miseria existencial, que es muy distinta, pues afecta a la esencia de la naturaleza humana. Se genera no por la ausencia de satisfacciones materiales, sino por su propagación. Se trata, entonces, de una crisis de abundancia, que nace de la manera de encontrar satisfacción. Es así un síntoma de una sociedad donde los avances tecnológicos y el desarrollo material han dejado en la cuneta aspectos como la convivencia, la moral o la solidaridad humana. Las estadísticas muestran un creciente deterioro en la calidad de vida de las sociedades industriales: altos índices de criminalidad, consumo de drogas, creciente número de suicidios y divorcios..., son claros ejemplos de la crisis existencial a la que hacemos referencia. La pobreza material aumenta cada día a pesar del crecimiento sostenido de la riqueza mundial. Así, la sociedad vive un proceso de polarización acelerada; es decir, los pobres cada vez se hacen más pobres, mientras que por el otro lado los ricos acumulan cada vez más y más riquezas. Sin embargo, esta pobreza material penetra y aumenta en los países industrializados, así como el resto de las miserias, de igual manera que lo hace en los países de Tercer Mundo. La sociedad industrial padece de una doble crisis: una de carácter social, y otra de carácter ecológico. El planeta ha sido convertido en un espacio geográfico adecuado a las necesidades humanas, gracias a factores como el desarrollo del transporte, la expansión de las comunicaciones, el crecimiento de las transacciones económicas y el acelerado aumento de la población humana. Los seres humanos, como sociedad, afectan a la naturaleza por dos vías: apropiarse de los elementos naturales y expulsar desechos hacia la esfera de lo natural. Los habitantes de la Tierra no conocemos el verdadero valor de la naturaleza en nuestra vida:
Hay cada vez más evidencias que demuestran la imposibilidad de mantener funcionando la relación entre seres humanos y naturaleza bajo el sistema industrial. Las últimas décadas han mostrado un incremento de los desechos industriales y urbanos, poniendo de relieve la insuficiencia de la capacidad de reciclamiento. Los dos fenómenos que más se conocen como consecuencia de lo anterior son la afectación de la capa de ozono, así como las modificaciones producidas por la acumulación de bióxido de carbono, metano, óxido nitroso y otros gases de la atmósfera, produciendo el calentamiento global del planeta. Las proyecciones demuestran que de no revertir las condiciones actuales de contaminación, la raza humana experimentará una situación de alto riego dentro de muy pocos años. La naturaleza no está asignada a nadie, se ha convertido en un producto histórico. Los innumerables eventos que han azotado al mundo no son otra cosa que fenómenos producidos a consecuencia de la actuación social humana Todos estos eventos han hecho surgir una nueva tendencia, donde el hombre se considera integrante de una especie que forma parte del cosmos y que debe interactuar en equilibrio con sus medio para poder sobrevivir. Surge ahora un nuevo enfoque que busca la integración de las ciencias de la naturaleza con las ciencias sociales, además de una nueva concepción donde el conocimiento deja de ser el único componente para entender la realidad y se transforma en un componente más en el momento de tomar decisiones y resolver problemas. La problemática ambiental de hoy constituye el mayor reto para la ciencia contemporánea, pues además de demandar nuevos enfoques para obtener información confiable, requiere de la solución pronta de la crisis para evitar la desaparición del planeta y de la raza humana. Como respuesta se ha presentado un fenómeno que da lugar a una serie de ciencias híbridas, que tiene como principal influencia la ecología y es, además, un suministrador de la integración de las partes. Al comienzo del nuevo milenio, se presentan dos visiones opuestas del futuro de la sociedad y su entorno: La primera es el desarrollo sustentable. Deriva de reflexiones de décadas atrás, y se le da expresión masiva en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo celebrada en Río. Esta visión tiene raíces en los avances teóricos de la ecología política, la crítica al optimismo económico y tecnológico, así como en los aportes de los movimientos ambientalistas. Este enfoque enfatiza el uso de la política pública, de la investigación científica y tecnológica, y de la acción de los movimientos sociales para preservar la biodiversidad y promover comunidades y regiones autosuficientes, así como industrias no contaminantes. Finalmente, apoya el uso democrático de la información, del capital, de la investigación científica y tecnológica, y procura la toma de conciencia para incrementar la igualdad y la calidad de la vida humana en armonía con la naturaleza. Es en esencia una visión que tiene como fin la defensa de la naturaleza y de la especie humana, que otorga un papel importante a los principios de diversidad, autosuficiencia y solidaridad para preservar el patrimonio biológico y cultural de los pueblos. Existe una visión contraria, denominada “neoliberalismo”, que persigue la eficiencia y productividad del mercado para ofrecer satisfacciones, energía y alimentos. Este enfoque propaga un modelo productivo basado en la agricultura a gran escala, intensiva en capital y energía. El total de los costos sociales, ecológicos, culturales y de salud son considerados como externos, que serán pagados por las generaciones actuales y futuras. Esto incluye la sobreexplotación de la energía y el agua, el deterioro del suelo, el empobrecimiento de las poblaciones rurales, la disminución de la biodiversidad y la distribución desigual de la riqueza material. El conflicto entre ambos enfoques es un problema que debe enfrentar toda nación. En el centro de este dilema aparece la supervivencia humana. Y del resultado de este conflicto depende la misma. Las proyecciones estadísticas anuncian condiciones más difíciles para los próximos años, como consecuencia no sólo del incremento demográfico, o monetario, sino de la forma en que estos dos fenómenos se adaptan a las condiciones globales. Todo esto se puede explicar mediante los principios que impone el “neoliberalismo”. Estas tendencias, ante la impasibilidad de la sociedad, sólo encuentran reacción en los fenómenos que afectan el equilibrio ecológico del planeta. Y conforme transcurre el tiempo, se ha pasado de catástrofes locales a otras de carácter regional e inclusive global. La imperiosa necesidad de transformar el modelo industrial vigente, debido a la amenaza de la supervivencia de la especie y del planeta, hace que instituciones como las universidades, y de forma muy especial las públicas, que proveen a la sociedad de científicos, técnicos, humanistas, etc., se comprometan con este modelo. Así, una universidad comprometida con el desarrollo sustentable debe inducir a sus miembros a la nueva conciencia de la especie y de la solidaridad con su entorno. Es ahí donde se debe llevar a cabo el rompimiento con el individualismo mediante la reformulación de los programas, a los que deberán agregarse formas de articulación del conocimiento, además de establecer una relación entre las ciencias naturales y las sociales que ayude a comprender de mejor manera la relación que existe entre las sociedades y el entorno en que se desenvuelven, así como su vital importancia. Se debe formar una universidad que se concentre en la resolución de los conflictos, tanto sociales como ecológicos, preocupada por involucrarse en las problemáticas más cercanas a su entorno, pero sin perder de vista las repercusiones globales. Es de tal importancia el papel de las universidades en ese cambio trascendental, del que depende la existencia humana, que sin su participación sería imposible lograrlo. Si estas instituciones no orientan todo su esfuerzo a la construcción de una nueva alternativa, no será posible alcanzar una solución efectiva a la crisis que amenaza a la humanidad. Es fundamental introducir una nueva cultura de pertenencia y sustituir al individualismo, que ha conformado a la sociedad industrial y que se centra en obtener un beneficio propio sin atender ni en lo pequeñísimo a las necesidades comunitarias, ni a las del medio donde se desarrolla y sin el cual no sería posible la vida. Es vital un cambio en las condiciones que rigen a la
sociedad para lograr, antes que nada, la solución a los problemas ecológicos
que nos amenazan, para después alcanzar una concienciación que permita
conocer la importancia de formar parte de un sistema, para así actuar como
parte de él. Es aquí donde las universidades deben tener una participación
activa. Y fundamentalmente apoyar los principios del desarrollo sostenible,
no sólo para buscar nuestro bien, sino por la supervivencia de nuestra
especie, que sin dejar de ser nuestro bien lo será de las futuras
generaciones.
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