CECILIO URGOITI Sobre el pensamiento único o neoliberalismo El pensamiento único no existe, lo que existe es el pensamiento sistémico. Se trata del pensamiento hegemónico en Occidente desde 1980. Su aparición coincide con un fenómeno económico de gran relevancia, la globalización. Globalización que viene unida a la reaparición del pensamiento liberal, a la hegemonía del neoliberalismo, y propicia la aparición del concepto “pensamiento único”. Es una pescadilla que se muerde la cola: las ideas neoliberales se convierten en la causa del nacimiento y posterior expansión de esta nueva forma de analizar y someter al mundo que sería el pensamiento único. Si hacemos una referencia a economistas clásicos, como David Ricardo, veremos que afirmaba que “había que dejar actuar al mercado, tanto en el interior de los Estados como en el exterior de los mismos”. Librecambio sin ningún tipo de proteccionismo, apertura al exterior, lo que provoca un incremento del crecimiento económico, porque toda economía nacional es limitada, no se puede alcanzar la eficiencia óptima. Todas las economías tienen carencias, así que necesitan de las importaciones para cubrir las necesidades de su propio mercado interno. Por otra parte, todas las economías tienen abundancia de otros recursos productivos, que exportan. Esto sirve para justificar la necesidad del comercio exterior. Supone que todas las economías tienen alguna ventaja comparativa que les permite exportar y, con lo obtenido por medio de esas exportaciones, importar aquello de lo que carezcan. Todas las economías pueden acceder al crecimiento económico exportando los recursos que son abundantes. Se trata de un enfoque que cree en la bondad del comercio internacional, del mercado, de la globalización de la economía. La realidad es bien distinta. El mercado y sus mecanismos distan mucho de ser bondadosos. En el mercado internacional coinciden economías con abundancia en un mismo recurso productivo, lo que crea competencia entre ellas por conseguir una mayor cuota de mercado. Esto obliga a mejorar, aumentar la eficiencia del sistema productivo, producir más cantidad, mejor y más barato. La realidad demuestra que la abundancia en un tipo de recursos produce mayor crecimiento que la abundancia en otros. Hay ventajas comparativas que propician mayor desarrollo económico. Son las caracterizadas por una mayor productividad. Las ventajas comparativas están limitadas por otros fenómenos: recursos con demanda elástica o inelástica, recursos fácilmente sustituibles, fluctuaciones del tipo de cambio... La globalización no apareció de repente a comienzos de la década de los ochenta. Sigue un delicado proceso que comienza tras la Segunda Guerra Mundial. El comercio internacional desde esta fecha hasta ahora se caracteriza por un gran incremento. Las razones del crecimiento son las siguientes: Productividad: los mercados pequeños se han quedado pequeñísimos, tienen que vender una parte cada vez mayor de las mercancías internas. Revolución de los transportes. Se transporta más mercancía en menor tiempo y más segura, así se disminuyen los costes por transportes. Desarrollo de las telecomunicaciones. Nuevos focos de industrialización, que nacen con vocación exportadora. La llamada “nueva estrategia” de las multinacionales. Consiste en un proceso de especialización de algunas zonas, fabricar distintas partes de un producto en distintos países, lo que yo llamaría como “toyotismo mundializado”. Creación del Fondo Monetario Internacional, en 1944. Se desarrolla el comercio internacional, porque garantiza la estabilidad cambiaria. Creación del GATT, organización intergubernamental, que sirve exclusivamente para favorecer el comercio mundial en un momento en que el aislacionismo de los años 30 es sustituido por un progresivo librecambismo, tras la Segunda Guerra Mundial. Librecambismo acentuado tras la creación de la Organización Mundial del Comercio, que sustituye al GATT. En la actualidad sólo sobrevive una fracción de los aranceles, que son una tercera parte de lo que eran hace 50 años. Simultáneamente aparecen las tendencias neo-proteccionistas: cada país trata de colocar lo máximo posible en el mercado mundial, viéndose invadido a su vez por productos exteriores. Para evitarlo, cada Estado defiende su producción nacional por medio de ayudas y subvenciones. Otras políticas incentivan la exportación, haciéndola más competitiva. Este neo-proteccionismo es simultáneo a la liberalización, pero globalmente el marco institucional favorece al comercio internacional. Cambio de contenido: el comercio colonial en términos cuantitativos es anecdótico, el comercio de bienes intra-industriales ha crecido más que la media del comercio internacional. El mapa comercial ha cambiado en las últimas cinco décadas por el cambio en el mapa productivo: el área Asia-Pacífico, Australia, Japón, China y América, resta protagonismo al área del Atlántico, que había dominado el comercio mundial desde la Segunda Guerra Mundial. Las nuevas economías industriales son las que están experimentando unas mayores tasas de crecimiento en el comercio exterior, son economías exportadoras. Tendencia a la globalización y a la regionalización. Se consideraban opuestas, que una frenaba a la otra. Pero el tiempo ha demostrado lo contrario. La consolidación del comercio regional, junto con la globalización creciente, son dos procesos que se están complementando, ya que las regiones están cada vez más insertas en la economía mundial. Comercio mundial: hay dos etapas. Tras la Segunda Guerra Mundial y hasta los 80, enorme expansión frente al aislacionismo de los años 30. En los 80 comienza el auge del comercio regional. La presión sociopolítica en la actualidad es muy reducida, lo que contrasta con la situación del mercado: elevados niveles de desempleo y salarios bajos. El desempleo es estructural y los salarios, en el mejor de los casos, han aumentado al unísono de los precios. Así es la vida. Nadie da nada por nada. Tú a lo tuyo. Hay que resignarse. Las cosas son como son. Es lo que hay. Siempre ha sido así. No me afecta. Qué se le va a hacer... Aparece el conformismo social, un comportamiento colectivo inhibidor de la conciencia, y limitador de la voluntad, que termina en un estado de autocomplacencia. Se razona parcialmente, en el caso de que se razone. El conformismo social crea una sociedad de cobardes. Veamos lo que dice al respecto la profesora García Picazo, en su obra ¿Qué es esa cosa llamada Relaciones Internacionales?: “Las cosas no son como son, sino como cada uno queremos que sean.” Ahí esta la clave de la lucha, de cada uno de nosotros, para lograr vencer el conformismo social. Alain Touraine, en el prefacio de Contra el pensamiento único, de Joaquín Estefanía, describe el por qué de la terminología. Para él, el pensamiento único es lo políticamente correcto. La unión de los valores del liberalismo económico y conservadurismo que se manifiestan en lo cotidiano como pensamiento único y dominante en gobiernos, universidades, medios de comunicación… Se sostiene en tesis tipo: primacía de lo económico sobre lo político, identificar mercado con democracia, el tratamiento de la persona como recurso humano. El pensamiento dominante, que en este caso se trata del neoliberalismo (Touraine identifica claramente pensamiento único con pensamiento liberal), aspira a ser único. Para conseguirlo se presenta como indiscutible y como entorno en el que no pueden participar más que los especialistas. El pensamiento único trata de crear, y lo está consiguiendo, una ideología cerrada en la que el mercado gobierna y el Gobierno administra. Ignacio Ramonet también nos ofrece su definición en Un mundo sin rumbo. Crisis de fin de siglo. ¿Qué es el pensamiento único? La traducción en términos ideológicos y con pretensión universal de los intereses de un conjunto de fuerzas económicas, en particular las del capital internacional. La repetición constante (que en nuestras sociedades mediáticas equivale a demostración) en todos los medios de este catecismo, por parte de casi todos los políticos, le confiere tal fuerza intimidatoria que ahoga cualquier tentativa de reflexión libre, y convierte en muy difícil la resistencia contra este nuevo oscurantismo. Este nuevo oscurantismo no es ni más ni menos que el liberalismo. Neoliberalismo por el que puja el mercado, neoliberalismo que ata de pies y manos a los gobiernos de los Estados. Ramonet y Estefanía coinciden en su desprecio por el mal llamado pensamiento único. Y escribo mal llamado, porque de lo que están hablando es del neoliberalismo que se cierne sobre el mundo como una losa. No hay ni una sola característica que atribuyan al pensamiento único que no forme parte del universo conceptual del liberalismo de Adam Smith, evolucionado hasta el milenio que comenzamos. Pensamiento único es liberalismo. Liberalismo de nuestros días, o lo que es lo mismo, globalización. Ramonet recopila el decálogo que comprende el pensamiento único (Estefanía lo recoge también en su libro), donde lo económico predomina siempre sobre lo político: 1. El mercado corrige las asperezas del capital. Sami Nair, por su parte, concreta: asistimos al advenimiento de una conciencia de clase a escala internacional. Esta nueva conciencia es la de las élites dirigentes del proceso de mundialización: agrupaciones financieras, etc. Tienen la convicción de que la dictadura de los mercados financieros moderniza las sociedades y crea riqueza. Es un reflejo pauloviano, se trata de aplicar la fórmula TINA en cuanto se emite la menor crítica contra el sistema: There Is Not Alternative! Esta fuerza supuesta del sistema enmascara la más lamentable miseria intelectual, la incapacidad de ver más allá, el rechazo de la imaginación creadora. Nair identifica el pensamiento único con una religión fundamentalista de la que no escapa nadie, una forma de vida que condena al sufrimiento a la mayoría de la población en beneficio de las élites. Afirma que la mundialización termina con el Estado social. Como hemos dicho en repetidas ocasiones a lo largo de la exposición, el pensamiento único es neoliberalismo, globalización. Ni tan siquiera sus teóricos ofrecen una definición que distinga los términos de tal forma que no haya lugar a dudas. Extendemos un concepto completamente económico al conjunto de la sociedad. Lo económico predomina sobre lo político, sobre lo social, sobre el medio ambiente, sobre las personas (que son tratadas como mercancía). Asistimos a un proceso de deshumanización. Ya nada importa. Esto es lo que ha creado el neoliberalismo: sociedades de autómatas. Un sistema que deja de lado a los más débiles porque sólo los más fuertes tienen derecho a una recompensa, donde siempre habrá desigualdades porque están en la naturaleza humana. Se acabó la historia. La sociedad siempre será capitalista y liberal. Estos son los principios del nuevo sistema de creencias que parece
dominarnos. Aprovecha el momento de crisis de identidad que vivimos,
propiciado por los cambios acontecidos en los últimos años, por una rapidez
que no espera a los rezagados y engulle con sus tretas cualquier síntoma de
disconformidad. Para combatirlo, es necesaria la capacidad de crítica y de
luchar a través de las “ideas” como única alternativa y patrimonio que posee
la mayoría social.
|
|
![]() |
Portada Portadilla Nº Julio 2004 Información General y Opinión Sección General © OPIN@R. Las personas interesadas en
publicar sus colaboraciones en OPIN@R o ponerse en contacto con la Redacción, |