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Portada Nº Julio 2004
Reportajes y Entrevistas
Sección General

 


ELIA ARMERO


Les Fogueres de Sant Joan:
Una fiesta que nace
para morir ardiendo

Centenares de figuras decoran Alicante durante la fiesta (foto E. Armero)

Alicante, ciudad integrada dentro de las más íntimas aguas del Mare Nostrum, se viste de gala en los días en que el calor invade sus calles. Alicante es puro fuego, y ahora más, cuando se hace coincidir la entrada del cálido solsticio de verano con Les Festes del Foc: Les Fogueres de Sant Joan d’Alacant.    

En la noche del 20 de junio, fruto de un ya tradicional rito nocturno, se lleva a cabo La Plantà. Este júbilo, esta acción festera es la encargada de dar comienzo a Les Fogueres de Sant Joan. Cada foguera que se planta en plena calle a partir de las doce de la noche no es simplemente un monumento de cartón, colorista y satírico, sino que se transforma en todo un símbolo del nacimiento alegre, del vivir digno y glorioso de una fiesta que nace para morir ardiendo.   

La foguera, que es la base de la fiesta, esconde dentro de su superficialidad plástica, atrevida, el talento de un pueblo con historia, con señas de identidad propias. En este arte popular es importante que tanto la estética como la crítica estén unidas formando una armonía inseparable, impredecible, donde cada año sorprende por su genialidad y creatividad. De los centenares de figuras que decoran la ciudad solamente una será salvada de la pira. Solamente el denominado Ninot Indultat, que se convertirá, por decisión popular, en el único testigo.   

La mujer tiene un papel predominante en Les Fogueres. En sus orígenes, ésta era una fiesta creada exclusivamente por hombres, y de edad avanzada, pero el símbolo femenino siempre estuvo presente. Tanto es así, que en la actualidad la máxima representación viva de Les Fogueres es la mujer, la Bellesa del Foc. Asimismo, en el organigrama interno de la fiesta, la mujer ha pasado a desempeñar la mayor parte de los cargos de más responsabilidad.  

Es bien conocido por todos el afán lúdico, “marchoso”, de las fiestas de la ciudad. La noche es la principal protagonista. Incita al colorido porque miles de bombillas de muy distintos colores y multitud de cohetes iluminan el oscuro y estrellado cielo mediterráneo. Se trata en una verdadera lucha contra el sueño. No obstante, no hemos de menospreciar con ello la Festa. Un acto protocolario donde la variedad sensorial está asegurada; es más, está justificada. El Mediterráneo valenciano se ha venido caracterizando por su gran sentido musical, por el amor a la pólvora, por la fiesta, por la alegría y el buen humor. Como era de esperar, todo ello se convierte en los pilares fundamentales de este festejo. Alicante estos días está cercado de música y pólvora, desfiles y barracas, luz y color, corridas de toros… Acontecimientos que definen una fiesta que se extiende por las calles, pobladas de gente que transforma la faz urbana de la ciudad en un museo popular. La romana Lucentum se deviene en un marco de sensaciones, de sentimientos, de convivencia…, que puede con todo, calendario laboral y escolar incluido.  

En cada distrito la música y la pólvora se repiten varias veces durante el día. ¿Qué mejor forma hay de incluir a la totalidad de la población en una fiesta sino es desde buena mañana? Cada día, a las ocho de la mañana, la banda de música y un saco cargado de petardos, tracas y palmeras recorren la ciudad. Se trata de la Despertà. Es inútil resistirse a ella. Como inútil es enfrentarse a la monumental Mascletà, que se lleva a cabo durante seis días intensos de pirotecnia. Es una sinfonía de cohetes, de cientos de kilos de pólvora, que llevan un tempo casi musical. Donde algunos oyen ruido, los alicantinos oyen música; donde los foráneos ven humo, los alicantinos ven belleza.  

Y entre risas, gente, color, calor… la fiesta llega a su fin. El colofón de todo un año de sacrificio, de duro trabajo físico e intelectual, tiene su cita la noche del 24 de junio, La Nit de Sant Joan, con la tradicional Cremà. Esta noche se fusionan perfectamente elementos míticos y ancestrales, alegrías y tristezas, aplausos y lágrimas. Esta noche supone el final, la conclusión, pero a su vez es la señal de que todo vuelve a nacer. La ciudad entera arde. Y todo ello es lo que pasa por la cabeza de cuantos se hallan sobrecogidos “A la llum de les Fogueres”, como reza el himno de la fiesta.   

A la mañana siguiente, los artistas foguerers prepararán nuevamente su taller para impregnarlo del arte que un año más tarde será condenado al fuego. Es un juego. Esta impecable contradicción es la que define todo el sentir de un pueblo. “En las Hogueras el arte nace para que lo mire el Sol y lo destruya la Llama”. 22 junio 2004   

En este arte popular es importante que tanto la estética como la crítica estén unidas (foto E. Armero)

 


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