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Portada Nº Junio 2004
Información General y Opinión
Sección General


MAR SÁNCHEZ


Tortura y sadismo

Ando perdida buscando en mi raciocinio los motivos que impulsan a ciudadanos aparentemente normales a cometer atrocidades del calibre de las que se han cometido en la guerra de Irak. No encuentro razón alguna ante las famosas fotos que nos tienen sumidos a todos en la más absoluta indignación y nos mantiene sobrecogida la conciencia colectiva. Atrocidades que, por otra parte, consiguen su fuerza por su soporte: la imagen. Las torturas han pasado de ser meros números o denuncias de oirganismos humanitarios, como Amnistía Internacional o la Cruz Roja, para transformarse en personas de carne y hueso.        

Las instantáneas nos acercan a seres humanos concretos, con una fisonomía particular, en un estado de vejación o humillación precisos. El hecho de verlos con nuestros propios ojos deja fuera la posibilidad de manipulaciones o de interpretaciones y nos transmiten parte de la angustia de ese ser humano mientras es torturado; torturas que se impresionan en nuestras retinas hiriéndonos los principios más primarios del homo sapiens.                       

Mientras vemos a los supuestos "salvadores" del pueblo iraquí convertidos en verdugos sádicos, quien más quien menos ha vuelto la vista al pasado y a las omisiones constantes del Convenio de Ginebra. Un pasado que en numerosos casos continúa siendo presente en muchas zonas del globo. La primera pregunta es: ¿cuándo nos mostrarán las fotos de Guantánamo?          

No han faltado tampoco las teorías arcaicas que han intentado justificar estas imágenes hirientes y aberrantes con el mal innato que lleva dentro todo ser humano y que se manifiesta en circunstancias extremas. Thomas Hobbes y su famosa frase de "el hombre es un lobo para el hombre" ha resurgido después de siglos. Hemos vuelto a tener que escuchar planteamientos cercanos al absolutismo histórico en el seno de países democráticos, y a soportar con estoicismo o indignación contenida que este tipo de abusos es la consecuencia lógica de una guerra que ha tenido como precedente el ataque terrorista del 11-S. De esta forma, la única responsable última de las torturas sería Al Qaeda.       

Responsabilizar al terrorismo islámico como el causante del odio generado entre las filas de los soldados y que ha dado como consecuencia este tipo de actuaciones irracionales ha sido, además de hiriente al sentido común, un engaño manifiesto. Fueron opiniones que provenían mayoritariamente de un sector de personajes que deseaban ocultar la mentira que dio pie a la guerra, cuando hablaban de salvar al pueblo de Irak, tan privado de libertades y oprimido por un dictador. Necesitaban ocultar tanto los principios económicos inherentes a esta intrusión como las atrocidades cometidas por sus fuerzas de ocupación, atribuyéndolas a posturas individuales, hasta cierto punto comprensibles por el resentimiento particular.    

Los acontecimientos y las pruebas han derrumbado las desviaciones que han querido realizar los altos mandatarios políticos de EE.UU. Hoy por hoy, ha quedado claro que las humillaciones y las torturas cometidas por el último eslabón de la cadena son consecuencia de las órdenes y de una manera de actuar establecida en la dinámica del ejército y que emana de su esfera superior.    

Pero, a pesar de que se sepa abiertamente el nombre del responsable máximo de este atropello a los derechos humanos, nada exime de responsabilidad a todos y cada uno de los coautores de lo sucedido. Y llegados a este punto, lo que se me escapa entre tantos análisis, pruebas y manejos políticos es el motivo que lleva a asumir a los soldados de a pie órdenes como éstas. Al fin y al cabo, cada uno de ellos es quien tiene que mirar de frente a las personas que tortura, sus ojos son los que se cruzan con la mirada del otro, sus oídos son los que escuchan las súplicas y los gritos. ¿De qué pasta están hechos estos seres que son capaces de llegar hasta este punto de barbarie y asumir las órdenes sin cuestionarse lo que están haciendo? ¿Cómo un ser humano normal puede salir sonriendo en una foto mientras los ojos de otro ser humano le miran derrotado, humillado y herido tanto físicamente como en la más íntimas de sus creencias? ¿Cómo podemos ver expresiones de satisfacción en las caras de los torturadores?     

Lo incomprensible se escapa a la razón y hay que buscar salida en actitudes enfermizas y mentes trastocadas. De ahí que el artículo de Luis Rojas Marcos, publicado en El País el 13 de marzo, representara para muchos de nosotros una ventana abierta ante la pesada oscuridad de los acontecimientos. Según su análisis psicológico, lo que tienen en común los soldados es el sadismo intrínseco de los personajes. Cuando habla de los torturadores, los define como poseedores de "una personalidad impulsiva e irascible, baja autoestima y con infancias saturadas de rechazos". Y prosigue:  "Insatisfechos, resentidos e ineptos ante los desafíos que plantea la vida, anhelan sensaciones que mitiguen su impotencia y los saquen momentáneamente de la banalidad de sus existencias". En ellos se une el comportamiento sádico con un ansia de dominio sobre los demás,  pues les "gratifica la sensación excitante de poder absoluto".   

Las opiniones de Rojas Marcos, además de aclararnos las motivaciones de estos soldados convertidos en torturadores y verdugos, nos llevan mentalmente al exponente histórico del sadismo, el Tercer Reich. El marqués de Sade baja en el escalafón de los sádicos más sobresalientes de la humanidad, puesto que su sadismo se quedaba enmarcado en juegos de salón y al grupo de los asiduos a su camarilla. Y ascienden prácticamente al mismo plano Adolf Hitler y George Bush, en los que encontramos el principio del ansia de dominio sobre los demás y la gratificación del poder absoluto. Si Hitler llevó el sadismo hasta el exterminio, Bush lo ha institucionalizado en la cadena de mando de su ejército a partir de las órdenes surgidas desde la cúpula militar estadounidense, con el conocimiento y el consentimiento y hasta es posible que con la congratulación de los últimos responsables en la escala de mando. 18 mayo 2004   

 


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