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Portada Nº Junio 2004
Información General y Opinión
Sección General


MAR SÁNCHEZ


PP: Pásalo, Pásalo

“Pásalo” es la palabra más controvertida de la campaña del PP ante las elecciones europeas. Detrás de cada eslogan radiofónico, este imperativo aparece reflejado como si fuera un final típico de los mensajes de los teléfonos móviles, con frases como “Vota PP, pásalo” o “España necesita que votes al PP, pásalo”.      

Tengo que reconocer que estoy algo confusa ante esta multiplicación de mensajes típicos de SMS transformados en consignas publicitarias con una fuerza subliminal subyacente. A todos nos recuerdan las manifestaciones frente a las sedes del PP el 13-M. A los SMS que se mandaron los ciudadanos para citarse a través de una consigna común: “Pásalo”. A la ocultación de la autoría de la masacre de Atocha. A las mentiras institucionales a un pueblo herido por la barbarie; un pueblo que se echó a la calle mayoritariamente, dando lugar a manifestaciones tan numerosas que consiguieron el calificativo de históricas. A Acebes aferrándose a su discurso cuando ya su descrédito era total. Al vuelco de las urnas el 14-M a favor del PSOE. Y, por supuesto, a los continuos desmarques, ofensas, deslealtades y errores políticos dignos de la más furiosas pataletas y de la continuidad en la prepotencia demostrada durante su mandato. Prepotencia que en la oposición le está costando la caída en picado en las proyecciones demoscópicas, tanto en la intención de voto frente a las elecciones europeas como en el prestigio de sus dirigentes; además de unas divisiones internas tan importantes que han logrado traspasar los muros de Génova.     

Por tanto, al oír la palabra “Pásalo” de la campaña del PP para los comicios europeos no sé si el director de la misma, Juan Carlos Vera, es un topo infiltrado del PSOE que quiere continuar en la línea del revanchismo acérrimo a favor de Borrell; un currito al que le deban atrasos en Génova, y que intenta cobrárselos descaradamente; un amigo íntimo de Acebes que desea apoyar a toda costa su actuación tras el 11-M; o tal vez, un profesional que no ha sabido evaluar de forma ecuánime las implicaciones que esa palabra puede acarrearle al PP de cara a la opinión pública.   

Según manifestó J. C. Vera, el objetivo ha sido desdramatizar la palabra y acercarse a los jóvenes a través de su lenguaje. Pero lejos de desdramatizar lo sucedido, confunde, manipula y se acerca mucho más a incrementar el debate mantenido hasta hoy sobre los acontecimientos que dieron lugar a la caída del PP. Su eslogan, para conseguir el objetivo manifestado, debería ir acompañado de una campaña explicativa. Mientras tanto, muchos seguiremos pensando que su propósito no es otro que el de querer continuar ahondando en la duda relativa, que ha intentado fomentar el partido que paga los honorarios de la campaña, sobre el manejo de los mensajes y el foco inicial de los mismos. Un debate que ha tenido como sustento el intento de empañar el giro del voto en las urnas y la trayectoria política de los primeros pasos del PSOE en la Moncloa.   

Cuando todos pensábamos que la discusión estaba zanjada en espera de los resultados de la investigación parlamentaria, tras el acuerdo alcanzado entre los dos partidos mayoritarios para investigar en el Congreso los antecedentes del 11-M en su globalidad, de nuevo el PP nos sorprende con el mismo Caballo de Troya del resentimiento. Hecho que por otro lado deberían agradecer los partidarios de Borrell, puesto que saca a la palestra aquellos acontecimientos que hicieron que el pueblo se volcara el 14-M a favor de un cambio. La memoria selectiva nos transporta a un antes y un después. El antes, el recuerdo traumático del 11-M y, con él, el “No a la guerra” expresado mayoritariamente por los ciudadanos en la calle y que desoyó el anterior Gobierno del PP. Y el después, la pataleta de Acebes y Aznar, la dramática situación a la que se ha llegado en la guerra de Irak y los nuevos pasos aperturistas del PSOE.   

Siguiendo los datos de la evocación colectiva, no podemos olvidarnos que tras el “pásalo” inicial de unos ciudadanos indignados por la ocultación de la realidad, y con unos medios públicos de comunicación manejados por el Gobierno, los jóvenes se sumaron a la postura del cambio político. Pero habrá que decirle a Juan Carlos Vera que ser joven no es sinónimo de ceguera. Menospreciar la inteligencia por su edad, intentando incorporar un vocabulario cercano a sus años en el eslogan, es algo más que hiriente. Ellos han comprobado, como todos, las continuas deslealtades que durante este tiempo ha realizado José María Aznar, con llamadas y visitas a Bush en las que ha aprovechado para insultar la capacidad intelectual de cualquiera, al otorgarle el mérito de la mayoría socialista en las urnas a Bin Laden. También han visto los insultos y descalificaciones de Acebes al ministro Alonso, por decir que hubo imprevisión política ante los grupos terroristas islámicos, y cómo luego Acebes tuvo que frenar cuando el propio Aznar lo reconoció. Tampoco se les han podido pasar por alto las torturas y la situación catastrófica de Irak, ni el regreso prometido de las tropas españolas. Y han podido evidenciar las segmentaciones internas del PP y a Rajoy hundiéndose cada día más en el pozo de los sondeos.    

Frente a todo pronóstico, el PP continua por los caminos del rencor y las descalificaciones, con las posturas limítrofes con el aznarismo feroz, aunque se quiera soterrar con la misiva de acercamiento a la juventud y a su forma de expresarse. Al parecer, continuaremos con una campaña impregnada de descalificaciones, con dimes y diretes, y alejada de su principal cometido: Europa. 2 junio 2004   

 


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