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Portada Nº Mayo 2004
Información General y Opinión
Sección General


SANTIAGO DEL VALLE


Mentira histórica

No hay ninguna duda, José María Aznar pasa a la historia. Pero no será en el pedestal que esperaban sus partidarios, sino por haber mentido al mundo entero.       

Perder elecciones no es ninguna indignidad; pero recibir un vapuleo por haber intentado manipular a la opinión española, y a todos los gobiernos del mundo, es patético. "Piange Ana Botella, la bella e ambiziosa moglie....". La palidez de Aznar y las lágrimas de su esposa mientras votaba, sirvieron a la enviada especial del diario italiano La República para explicar a sus lectores cómo se evaporó de repente todo el prestigio internacional que pudiera haber alcanzado el presidente en funciones.      

Se va como Nixon, marcado por una mentira contumaz que afectaba a la esencia misma de la democracia. Porque poner micrófonos en un hotel para espiar al adversario político vulnera las reglas del juego; pero manipular la información sobre un atentado, instrumentalizar el dolor e intoxicar incluso a los gobiernos amigos para conseguir una resolución del Consejo de Seguridad sobre datos falsos es todo un record, un fraude mundial que figurará para siempre en las actas de la ONU.     

Los españoles somos en general tolerantes con ciertos pecados. De los más de nueve millones de personas que votaron al PP, probablemente muchos sabían que el Gobierno había mentido. Pero fueron muchas las personas indignadas que al movilizarse reforzaron al PSOE, que en las encuestas ya acusaba un crecimiento constante.      

Sin embargo, será difícil que en la escena internacional se perdone nunca a Aznar haber mentido a todo el mundo y haber sido descubierto tan pronto. Sólo un año después del triunfal abrazo de las Azores, Aznar abandona la escena hacia las cloacas de la historia, invalidado para ningún puesto internacional importante, porque es un hombre que ya siempre generará desconfianza. Gobernó con prepotencia, ofendiendo al discrepante y manipulando la información. Al final, como en una tragedia griega, fue víctima de sí mismo. En el último acto, su mayor mentira, la más grave, la más ofensiva, desbordó un vaso que estaba muy lleno. Millones de ciudadanos que pedían un cambio, y muchos que tal vez no pensaban votar, acudieron a las urnas para dejarle a Rajoy la parte de la herencia de Aznar que sin duda hubiera querido evitar: la movilización ciudadana contra la antidemocrática mentira .      

 


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