MAR SÁNCHEZ Y volvimos a creer Una piensa que el abuso político de la derecha, los problemas sociales inconclusos, y la incapacidad personal para hacer algo determinado frente al poder establecido, mataron nuestras ilusiones políticas y la rebeldía que demostramos en otra época: éramos los desengañados, los que votamos por principios ideológicos a la izquierda pero deslizándonos entre uno u otro partido según las circunstancias del momento y pensando, sobre todo, en el juego político y muy poco en el voto útil. Nos tuvo que unir la desgracia; de ella recuperamos las fuerzas, las ganas de volver a la lucha ideológica activa, con esa mezcla de culpabilidad por no haber visto claro, desde el principio, el error tan grave que supuso el no creer en nosotros mismos, y el sentimiento autocrítico constante que emana de nuestra misma fuente ideológica. Ante la desgracia nos salvó –sólo en parte– la unión que demostramos contra la guerra de Irak, pero sus consecuencias nos han sumido en una tristeza moral que nos hace repetirnos: "quizá no hice lo suficiente, quizá no vi claro que mis idas y venidas beneficiaron la prepotencia y seguridad que ha demostrado la derecha, quizá yo también soy culpable...". Con la desgracia volvimos a creer en las urnas, en el valor de cada voto, en el juego político racional y, ante todo, en la democracia. Le duela a quien le duela, la democracia es la triunfadora. Los jóvenes que votaron por primera vez en estas elecciones recogieron la antorcha, que algunos creímos aparcada en el olvido, e incluso la consigna política de otros momentos: "El pueblo, unido, jamás será vencido". Frases e ideología de aquellos grupos de jóvenes que la gritaron, con esa misma fuerza y empuje de antaño, en las manifestaciones contra el terrorismo el 12-M y que trasladaron a las urnas dos días después. Algunos tuvimos la sensación de que éramos sus antecesores los que debíamos ponernos a la cola, justo detrás de ellos. Zapatero salió triunfante a la calle Ferraz y recogió la antorcha transportada en la frase, famosa ya, "No nos falles" –tan directa, tan corta y con tanto trasfondo–. La sensibilidad ante aquella consigna nos ha demostrado a muchos, sin duda alguna, su carisma y su madera de líder. |
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