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Portada Nº Mayo 2004
Información General y Opinión
Sección General


MAR SÁNCHEZ


Kirchner pide perdón
por las atrocidades
de la dictadura argentina

Han tenido que transcurrir más de dos décadas para que un presidente argentino reconozca la masacre y el horror que sufrió su pueblo durante la dictadura militar. Durante este tiempo, juicios e indultos sangrantes han mantenido abiertas las heridas de los seres humanos que sufrieron, en carne propia o a través de sus seres más queridos, la doble tortura que supusieron, en primer lugar, las villanías llevadas a cabo por el régimen militar y, posteriormente, la inmoral inanidad de sus sucesores en la Casa Rosada. Denigrantes para la humanidad fueron los indultos concedidos por el presidente Carlos Menem a trescientos asesinos, entre los que se encontraban nombres tan destacados como Jorge Rafael Videla, Roberto Viola, Eduardo Massera, Orlando Agosti o Armando Lambruschini.     

Los pasos que ha dado durante este mes el presidente Néstor Kirchner abren una vía a la esperanza. Importante, desde luego, e incluso valiente, ha sido su apoyo al juez Rodolfo Canicoba, quien dispuso la inconstitucionalidad de dos de los diez decretos de indulto de Menem, generando así una brecha para futuras actuaciones judiciales. Esta decisión del magistrado ha puesto de manifiesto sustanciales desacuerdos entre la cúpula jurídica del país, a pesar de que Canicoba se apoya en la Corte Interamericana de Derechos Humanos de la Organización de Estados Americanos (OEA) y, por lo tanto, en la preeminencia del Derecho Internacional sobre el interno en esta materia.      

El reconocimiento público y el perdón que pidió Kirchner en nombre de la nación a las víctimas desoyendo las voces dictatoriales que aún persisten en la cúpula militar del país, ha sido otro paso importante del presidente argentino; tanto de cara a la opinión pública nacional, como a los tratados internacionales de derechos humanos.      

El anuncio, en el 28 aniversario del golpe de Estado, de que uno de los campos de exterminio más sangrantes y vergonzosos de la humanidad, la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), se transformará en un museo del horror, ha supuestopor las connotaciones que conlleva un símbolo con el que nos congratulamos todos los que seguimos creyendo en la justicia y en los derechos humanos. Llegó tarde y se hizo eterna la espera, pero aún así ha sido una fuente de esperanza. También las palabras de Kirchner fueron un regalo bien merecido a nuestros oídos y a nuestras almas: "Pido perdón en nombre del Estado a las víctimas por la vergüenza de haber callado durante 20 años de democracia tantas atrocidades". Así como la consigna que lanzó a los militares: "Nunca más un golpe de Estado para subvenir el orden institucional".      

Pero aunque a estas alturas sea, tanto interna como internacionalmente, reconocido el horror, no han faltado las voces de protesta de algunos mandos militares, algunos de los cuáles han pedido el retiro voluntario. Hechos que ponen de manifiesto la existencia en los acuartelamientos argentinos de una corriente pro-golpista o extremista. La consigna dirigida a las Fuerzas Armadas estuvo bien, pero quizá debiera ir acompañada de una limpia de altos mandos, para que sus palabras contengan, además de un deseo, visos de futuro.       

Tampoco se pueden borrar de un plumazo los continuos abusos acaecidos y los vaivenes jurídicos sufridos por las víctimas, quienes pidieron que se continúe en la línea de acción abierta por el magistrado Rodolfo Canicoba. Las voces para que el brazo de la Justicia castigue a los asesinos fueron expresadas con contundencia por dos hijos de desaparecidos: "Que vayan presos a una cárcel común, con cadena perpetua, todos y cada uno de los torturadores, asesinos, secuestradores y apropiadores de bebés".    

Ha pasado demasiado tiempo y los culpables continúan en libertad. El paso de Kirchner contra una dictadura que masacró a unas 30.000 personas, el apoyo a la inconstitucionalidad de los indultos de Menem, el hecho de pedir perdón y reconocer en tanto jefe del Estado argentino el silencio político aberrante, durante dos décadas, es sin duda un paso positivo para amortiguar, en algo al menos, los terribles recuerdos y suponen un espaldarazo a la esperanza.28 marzo 2004    

 


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