MAR SÁNCHEZ El autobús de Aznar o la salud mental del perdedor A pocas horas de su última intervención en el Consejo Europeo, y rodeado de toda la cúpula directiva del PP, José María Aznar se reunía en Madrid con sus seguidores en un mitin post-electoral. Si el viernes en la UE fue algo más que escueto en su intervención –que rayaba en una falta de tacto y diplomacia absoluta ante sus, todavía, homólogos europeos–, con un discurso que constaba exactamente de ocho palabras ("Muchas gracias y que les vaya muy bien"), el sábado nos dejaba atónitos y boquiabiertos a los españoles con la frase que dirigía a José Luis Rodríguez Zapatero: "Que España no se baje del autobús antiterrorista". De nuevo parece que Aznar ha perdido, tras las elecciones, aparte de la presidencia del Gobierno para su partido, los papeles y hasta el raciocinio. Si no, ¿cómo explicar a un pueblo que sólo hace días acaba de sufrir el mayor ataque terrorista de su historia, y que continúa atónito y angustiado, tales palabras? ¿De donde emana la duda terrible del comentario ruin? ¿Se olvidó, tal vez, de la manifestación de unidad de todos los partidos políticos frente al terrorismo y por la paz? ¿No ha comprendido aún que su reunión en las Azores nos puso en primera fila frente a los grupos de terroristas islámicos? Fue una pena que, siendo todavía presidente del Gobierno y tras la masacre que conmovió al mundo, él no dejara su sillón para acercarse a algún hospital, ver las caras y mirar directamente los ojos de las víctimas. No creo posible que de haber acudido fuera capaz de decir las cosas que está diciendo, ni de exponer la más ligera duda sobre la unión política frente a un horror de esta envergadura. Mi único dilema al respecto es si hubiera sido capaz de mantener la mirada fija frente a tantos seres sufriendo y el recuerdo en su mente de las Azores. Pero, por otro lado, hubiera sido un buen antídoto frente al sufrimiento tan atroz que está demostrando –con palabras como las del fin de semana– por la derrota de su partido en las elecciones. Para su tranquilidad y por su buen juicio, debiera congratularse con el consenso alcanzado en la UE el viernes pasado. Por fin Europa se encamina hacia una unión fructífera y real, y uno de los puntos clave es la lucha antiterrorista. Indudablemente, todos juntos y con una política común de medios e información, será más fácil y efectiva la lucha frente al terror. Por otra parte, y aunque parezca seguidor de San Mateo –es decir, primero ver y después creer–, los hechos le han demostrado que, por la otra vía que decidió tomar, los resultados han sido catastróficos. El efecto dominó que está teniendo la derrota del PP se ha puesto de manifiesto en la política internacional, y la unidad europea que se antojaba inviable ayer parece factible y cercana hoy. En el mapa político internacional la postura belicista de los Estados Unidos comienza a perder adeptos y resurge con fuerza la diplomacia y el diálogo. El lema "divide y vencerás" se les quedó obsoleto, y Europa vuelve a coger las riendas de su destino. Así que, señor Aznar, duerma usted tranquilo: no sólo nadie se va a bajar de ningún autobús, sino todo lo contrario: en pocos días se han renovado las flotas internacionales de autobuses contra el horror y la barbarie, se han hecho líneas y conexiones que antes estaban dispersas y sin continuidad, y hemos dificultado las actuaciones de algunas líneas exteriores partidarias de circular de forma temeraria. Por el precio del billete tampoco pierda el sueño: la compañía
está en buenas manos y la continuidad en la austeridad asegurada. Eso sí, tendremos que
aumentar la plantilla, cuidar los sueldos de los empleados, convencer a determinados sectores que la austeridad también va con ellos, incorporar a las mujeres que están
preparadas y flexibilizar las líneas autonómicas. Tampoco tome ningún valium o similar, por el manejo de los medios de comunicación: sólo cuando han estado bajo su mandato hemos vuelto a saber lo que era la censura acérrima, y el tener que leer, oír o escribir entre líneas.
Por último, como máxima cabeza visible del PP, aplíquese el cuento que lanza a sus seguidores de ser decentes, actuar sin rencor, admitir la derrota y no tacharla de simple
contratiempo. Y, por supuesto, procure hacer el relevo limpiamente en todos los
sentidos. |
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