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Portada Nº Mayo 2004
Información General y Opinión
Sección General


BEATRIZ ELOLA


¿O todo o nada?

Paisaje de alta montaña (foto A. Alejandre)

Fui con unos amigos a la sierra madrileña a practicar un deporte que me gusta mucho por su perfecta conjunción de ejercicio físico, adrenalina y entorno natural: el esquí. El último elemento es un factor nada desdeñable para el disfrute del esquí. Gracias a mi afición, he podido contemplar gran número de paisajes maravillosos de alta montaña que te hacen sentir en sintonía con la tierra, fascinada por una grandeza que te pierde la mirada en el horizonte y felíz por poder acariciar suave y respetuosamente una pequeña parte de su inmensidad. Lamento decir que lo de respetuosamente no todo el mundo lo cumple.     

No pude más que dar voz a mi indignación cuando un amigo, después de comer, pretendía arrojar los despercicios al suelocomo siempre hace, claro. No puedo permanecer callada ante el constante atentar contra la naturaleza que con tanto desparpajo se realiza, ante el esfuerzo continuo de transformarlo todo en un enorme basurero que no te deje olvidar, estés dónde estés, que no hay respeto, que el espíritu destructor de muchos seres humanos no descansa nunca. Y es que esa falta de respeto no es sólo arrojar, por sistema, todo aquello de lo que quieres desprenderte al suelo; es una actitud que va con uno.      

Pues bien, en el momento en que salgo en defensa del entorno y mi bienestar visual, alegando que no cuesta nada tirar las cosas a la basura de la misma manera que se tiran al suelo, o en el caso en el que no haya un cubo cerca no constituye un esfuerzo relevante guardar la bolsa de los despercicios en la mochila hasta encontrar uno, entra en la conversación otro de mis amigos diciéndome que no puedo pretender cambiar el mundo. Y es que está claro que el mundo no cambia gracias a mentalidades así, pero yo no pretendía tampoco eso. Hasta que no nos concienciemos de que la dinámica social que vemos tan incontrolable está formada de los pequeños gestos y actitudes de cada uno de nosotros, hasta que no nos demos cuenta de que todas las grandes cosas que ocurren tienen infinidad de causas aparentemente insignificantes, no asumiremos nuestra responsabilidad para con el mundo y, por ende, la situación tétrica que vivimos no hará más que crecer. Y cuando se activa una mínima actividad de la conciencia, se apaga rápidamente con una excusa que no permita a uno sentirse en el error, como mi amigo "el desperdicios", que decía que daba trabajo a los basureros (que no eran otros que personal de la estación, cuyo trabajo consiste en vigilar los remontes, poner a punto las pistas, transportar a los heridos...). O como mi otro amigo, "el determinista", que piensa que como no se puede cambiar todo, mejor es no hacer nada.    

No hay que conformarse, naturaleza y futuro van de la mano. Y la paz que se siente cuando te rodea, bien merece que se luche por ella.31 marzo 2004    

 


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