ANTONIO GARCÍA DE DIEGO Del divino impaciente El morbo está servido. Uno ya no pregunta aquello de "¿y de lo mío qué?". ¡Qué va! Ahora los parientes del novio van y parten la tarta nupcial. Ya no se sabe muy bien quien es el verdaderamente importante, si el anfitrión, que es el causante y responsable de la fiesta, o los amigos, por aquello de apoyar... Sobre todo, cuando se da aquello de "suba usted, joven, que yo le empujo". Al nuevo presidente del Gobierno no se lo están poniendo nada fácil. ¡Y aún no se ha sentado! Entre las últimas bocanadas aznaristas sobre Irak, léase relevo de tropas más los cheques al portador que aún hay sin pagar, y el frotamiento de manos de Chirac, colmillo retorcido donde los halla, políticamente hablando y sin ánimo de ofender, se le une la impaciencia catalana. La señora consejera de Educación, como alumna aventajada que se sabe la pregunta, levanta incesantemente la mano para hacerse notar ante los demás de la clase. Este nerviosismo, torpe actitud en política, pone en tesitura nada deseable a Rodríguez Zapatero, quien ya había manifestado, en el momento oportuno, su disconformidad con la Ley Orgánica de Calidad de la Enseñanza. El apresuramiento mostrado para oponerse a la aplicación de la referida Ley –pues eso hay que pensar que sea esta actitud, y no un aviso a navegantes–, manifestación a la que también se han sumado las comunidades autónomas del País Vasco y de Canarias, no es lo más aconsejable. Ni tampoco es éste el estilo que está anunciando el señor Rodríguez Zapatero, el que quiere imprimir a su Gobierno. Y es que, de seguir por este camino, el futuro presidente se va a asemejar más a un malabarista que a un gobernante. Porque, a ver, ¿cuál es el siguiente paso? ¿No hubiera sido más sensato que desde el Gobierno, una vez constituido, se hiciesen las consideraciones oportunas y pertinentes sobre esta Ley?. Porque, ¿qué otra cosa se pretende? ¿Recordarle las promesas? ¿Ahorrarle esfuerzos? Las consultas sirven para algo, y quien está en política sabe perfectamente las repercusiones que tiene hacer unas declaraciones de esta envergadura. ¿Fue la señora consejera, ella sola consigo misma, quien se lanzó al ruedo? Que el señor Rodríguez Zapatero
disfrute de amplia y franca sonrisa, algunos lo han podido interpretar como que quiere estar preparado para salir bien en la foto, como si tuviera algo de vocación artística.
Olvidan que la sonrisa es la exteriorización de la amabilidad, el humor y la estabilidad
emocional. Que es un síntoma de acercamiento y una predisponibilidad de no crear
tensiones. Estoy seguro de que, ante la desvelada impaciencia mostrada por aquellos que recelan, o que de pronto quieren emular aquellas simpáticas frivolidades de "mamá, quiero ser artista" , aparecerá la sonrisa del señor Rodríguez
Zapatero no con propensión protagonista, sino para transmitir seguridad y confianza, sobre
todo a los demás compañeros de la clase, que con toda seguridad se sabían la lección y, pacientes ellos, esperaban a que el profesor les
preguntase...
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