ROSANA RUIZ CARRILERO Sentimientos del 11-M Incredulidad. Eso fue lo que sentíamos todos la mañana tempranera de aquel maldito jueves que lo cambió todo. Eso fue lo que me ató al sofá, lo que hizo que me clavara allí como si de una estatua de piedra se tratara y mirara la pantalla de televisión embobada, sin saber bien qué pasaba. Perplejidad. Pasaban los segundos, los minutos, las horas, la mañana entera, y yo seguía allí fija, sin perder ni un momento el hilo conductor de una historia macabra que dibujaba sus líneas poco a poco en imágenes que iban brotando de diversas fuentes. Asombro. Primeras lágrimas, primeros rostros desesperados, sangrientos y sufridores. Primeros muertos. Y yo desde mi rincón cada vez más dolida, como si mi propio cuerpo hubiera sido rasgado por dentro, destrozado por bombas injustas que nadie esperaba. Inquietud. Crecía por momentos la intensidad de la tragedia, las voces que gritaban desde Madrid a toda la ciudad y al mundo entero. Mucha confusión y temor que se retransmitía mediante ondas televisadas y empujaba el aliento desgarrador de la muerte. Yo continuaba observando aquella estampa, ya temblando, ya asustada por lo que parecía que era la masacre más grande ocurrida en el lugar más cercano que podíamos imaginar. Y tras el temor, llegó el momento de intentar comprender: ¿quién? ¿cómo? Y sobre todo, ¿por qué? ¿Qué razones había para llevar a cabo tal barbaridad? Posiblemente, ninguna; era una sinrazón. Pero pronto llegó la tarde de ese jueves lleno de comentarios, preguntas, dudas... Y la incomprensión dio paso al dolor, la indignación, la desesperación, la furia y la rabia, sentimientos todos ellos que impulsaron el ánimo de los millones de ciudadanos que salieron a la calle al día siguiente. Y después, ¿qué? Tristeza. Tras los atentados sólo queda la pena y las lágrimas por los que se fueron y por los que se quedan sufriendo. La vida, sin más, continúa, pero cargando con la sombra maquiavélica del terror que la sociedad moderna y la época que nos ha tocado vivir nos impone. Ojalá termine el miedo y ojalá permanezca siempre el recuerdo. La misma historia se repite para que los
seres humanos no la olvidemos...
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