MAR SÁNCHEZ La paz en
Oriente Próximo, Una manifestación pacífica transcurre por una amplia avenida. Se ven ciudadanos corrientes, desarmados; adultos, jóvenes, niños marchan gritando sus protestas. Sobre sus cabezas sobrevuela un helicóptero. Un rayo luminoso parte del aparato. En segundos la sangre, el miedo y el pavor transforma un derecho de expresión en una masacre sin sentido. La imagen es espeluznante y, por sí sola, recuerda un ataque terrorista. La voz del comentarista de televisión nos pone ante una tesitura aún peor: esta atrocidad parte de un Gobierno concreto, el mismo que ayer dio muerte a más de una veintena de civiles, que lleva décadas utilizando a su libre albedrío la fuerza en contra de la diplomacia y el raciocinio, y que ha firmado acuerdos en busca de la paz para inmediatamente incumplirlos. En el instante en que vemos reflejados en nuestras retinas el nuevo horror y la nueva barbarie contra el más elemental de los derechos humanos –la vida–, sabemos que vendrán las duras quejas y la repulsa de numerosos Estados. Denuncias de países y organismos internacionales que parecen clamar en el desierto, año tras año y década tras década. Existe un poder de facto infranqueable: el derecho a veto de EE.UU. y el impensable desmarque de su apoyo incondicional a Israel, una nación con la que mantiene lazos económicos y políticos tan importantes en su mismo seno interno. La prudencia es algo a lo que no nos tienen acostumbrados Sharon ni el Likud, pero tras los nuevos pasos con la retirada de Gaza y la posible retirada posterior de Cisjordania se abría una nueva vía hacia la paz. Y muchos quisimos creer que esta palabra “prudencia”se abría paso en el diccionario político israelí. La situación lo exigía ante una diplomacia caótica en todos los países de Oriente Medio, con posturas extremistas alarmantes, al borde de la catástrofe diplomática y con la Liga Árabe pendiente del conflicto judeo-palestino. Un conflicto que continúa siendo germen del impulso del islamismo radical y apoyo y sustento de grupos terroristas. La paz vuelve a distanciarse del mapa político
internacional con intervenciones militares como la denominada “Arco Iris” y
la destrucción de las casas del “Corredor Filadelfia”, dos nombres que
conllevan muerte, destrucción, barbarie, masacre, horror... Sólo la unión
unánime de todos los países contra tanta sinrazón podrá abrir el camino del
diálogo
–cerrado
de golpe con sangre de víctimas inocentes–
y obligar a Israel y a su principal aliado, EE.UU., a compromisos férreos e
indestructibles a favor de la estabilidad mundial.
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