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Portada nº 23
Información General y Opinión
Sección General


SANTIAGO DEL VALLE


Manipulación y derechos humanos

Un interesante artículo de Umberto Eco publicado a mediados de noviembre en importantes diarios de todo el mundo describía las eficaces técnicas de manipulación propagandista desplegadas por Berlusconi, quien abre sistemáticamente nuevas polémicas como cortinas de humo cada vez que quiere distraer la atención de algún asunto que le molesta.     

El caso es que el sistema funciona y un amplio sector de la opinión pública, acostumbrado a consumir la información de forma acrítica y pasiva, se fija en las liebres que se le sueltan delante y aplaza u olvida asuntos más importantes y graves.       

En política internacional también padecemos este sistema. Puede servir un ave petroleada en Alaska para justificar una guerra en Irak. Como se utilizó un ataque de musulmanes integristas contra Nueva York para justificar el ataque contra un dictador musulmán laico y la ocupación de sus pozos por las compañías petroleras norteamericanas.       

Invocaban la democracia y los derechos humanos para justificarse. Y pretenden que esa invocación valga para todo, incluida la vergüenza de Guantánamo, que supone el secuestro de personas sin ningún control.      

La Cruz Roja sospecha que tienen allí encerrados algunos menores de doce años. Pero la administración americana no se siente obligada a dar ninguna clase de explicación, y priva de protección jurídica a los secuestrados simplemente declarándolos en un limbo territorial. Es probable que no hayan encontrado pruebas para condenar judicialmente a los secuestrados de Guantánamo y por ello resulta mas práctico mantenerlos encerrados sin dar ninguna clase de explicación.      

Es lo mismo que hacían algunos tiranos medievales, que encerraban de por vida en su torre a quien les inquietara sin sentirse obligados a dar más explicación que señalarlo como su enemigo.       

Yo no pensaba que el mundo hubiera llegado a un altísimo grado de civilización; pero creía que algunos países se habían alejado más de la barbarie. Sadam Hussein, como muchos tiranos, era capaz de encerrar a sus enemigos sin garantías judiciales y muchos morían por las torturas. Pero es más preocupante que sea el gobierno de un país de tanta tradición democrática como EE.UU. el que silencie estas situaciones, o aporte justificaciones estrafalarias para asesinatos como el del cámara de televisión José Couso; o la muerte en los calabozos de Bagdad del ex general del ejército del aire iraquí "parece" –dicen– que por causas naturales. A lo mejor es verdad, pero ¿quién podrá creerles si bloquean y manipulan casi toda la información? ¿Quién podrá creerles si hace pocos días nos mostraron las imágenes de la detención de un general del antiguo ejército iraquí, al que los heróicos propinaban golpes ante la cámara; y al cual mostraban después seriamente magullado?      

¿Y quién podrá creer a los que, orgullosos y azorados, o en silencio vergonzante, apoyan la vulneración de los derechos humanos más básicos?     

 


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