LETICIA ALONSO La doble moral de la Conferencia Episcopal Española Aseguran los católicos que Dios es omnipresente, es decir que está en todas partes. Puede vernos las veinticuatro horas diarias pero no interviene en nuestros actos, pues de intervenir sería de suponer que muchas desgracias no tendrían lugar. Aún así, aquellos que se encargan de comunicar su mensaje en la Tierra sí intervienen en los problemas que sufre nuestra sociedad. ¡Y de qué manera! Nos referimos en este caso a la Conferencia Episcopal Española, que ha lanzado un documento explicando la raíz de todos los problemas humanos. En sus más de 250 páginas puede leerse que "la revolución sexual ha separado la sexualidad del matrimonio, de la procreación y del amor", y señalan como "frutos amargos" de esa revolución (que sitúan en los años sesenta) la violencia doméstica, los abusos sexuales y los hijos sin hogar. Resulta sorprendente observar las estadísticas de mujeres maltratadas y muertas a manos de sus parejas y ver cómo los obispos encuentran una solución tan rápido. El razonamiento que siguen parece sencillo: si antes de los sesenta no conocíamos tantos casos de violencia doméstica es porque no los había. Pues bien, esta conclusión resulta realmente indignante. Si cada vez hay más casos de mujeres que hablan y denuncian un maltrato es porque están perdiendo el miedo. Los obispos parecen preferir que se viva ese sufrimiento en silencio, ya que después de todo si es tu marido el verdugo tampoco te permiten divorciarte. La doctrina del silencio que propugna la religión católica se muestra insultante, y extremadamente peligrosa, para las víctimas. Pero en esas 250 páginas pueden leerse más afirmaciones sorprendentes. Arremeten también contra los medios de comunicación y la comunidad política, a los que acusan de "haber sido infeccionados por determinados grupos de presión, como por ejemplo los lobbies homosexuales". La lectura de semejante documento podría tomarse a risa, dado lo absurdo de sus conclusiones, pero la realidad es que un tema tan grave merece toda la seriedad del mundo. La Iglesia católica tiene una gran influencia en nuestro país, dado el apreciable número de población creyente. Pero debería tener en cuenta que también existen otras religiones y, sobre todo, que según nuestra Constitución España es un Estado aconfesional y no tiene una religión oficial, al menos en teoría. Por tanto, pretender que el pensamiento cristiano sea asumido por todos los españoles es un ejemplo de intolerancia con aquellos que no lo comparten. La institución de la Iglesia se ha quedado obsoleta para los nuevos tiempos y no parece dar muestras de querer adecuarse a la nueva realidad. El sexo sin amor, las parejas homosexuales, los anticonceptivos, etc., no son "frutos amargos" de nada, sino reconocimientos de realidades que trajo consigo la libertad. Deberían empezar a plantearse hasta dónde llega su responsabilidad. Durante años la Iglesia ha difundido una doctrina machista basada en el sometimiento de la mujer al hombre, y documentos como éste demuestran que para los obispos nada ha cambiado. Coincidiendo con el documento episcopal, otros acontecimientos mantienen a la religión católica en el centro del debate. Recientemente, el párroco del pueblo cordobés de Peñarroya era condenado a 11 años de cárcel por abusar de seis niñas menores de edad. A raíz de la condena, varias mujeres se han atrevido a denunciar públicamente que también sufrieron abusos del párroco cuando eran niñas. El suceso es de una gravedad tremenda, pero aún más grave es que el obispado de Córdoba, tras conocer la sentencia, diera su total apoyo al párroco y le mantuviese en su cargo. Necesitaron más de veinticuatro horas para que matizaran dicho apoyo y decidieran destituirle a regañadientes por la fuerte presión social que tuvieron durante ese tiempo. De nuevo la doctrina del silencio. De nuevo pretenden callar a las víctimas, silenciar su sufrimiento y hacer como si no pasase nada. Estamos hablando de una condena en firme por abuso a menores, no de una acusación sin probar. La culpabilidad del párroco era ya incuestionable, así que imaginamos que el obispo no consideró tan grave lo ocurrido como para destituirle inmediatamente. Alguien debería recordarles que ellos mismos califican los abusos sexuales como consecuencia de la revolución sexual, así que podrían explicar cuándo se produjo la revolución sexual en el seno de la Iglesia. La actuación recuerda a la de Fraga, que ante un caso semejante, los abusos del alcalde de Toques a una menor, calificó el comportamiento de "menudencias" y también necesitó tomarse su tiempo para rectificar por la presión social y de su propio Parlamento. O las declaraciones de la esposa del presidente del Gobierno, José María Aznar, y destacada militante del PP, Ana Botella, quien se deshizo en alabanzas del alcalde de Ponferrada, Ismael Álvarez, cuando fue procesado por acoso sexual a su concejal de Hacienda, Nevenka Fernández, resaltando la actitud impecable de este personaje por dimitir; sin que la señora Botella tuviera ni una palabra de consideración hacia la víctima, compañera también de su partido. Hasta el día de hoy, con el ex alcalde ya condenado por el Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León, y con Nevenka prácticamente exiliada en Inglaterra, mientras su acosador campa por sus respetos, la señora Botella no se ha pronunciado arrepintiéndose de sus palabras, ni de sus silencios. ¿Hasta dónde llega la doble moral? Para pedir determinadas cosas, lo primero que deberían hacer es predicar con el ejemplo. Apoyan a unos abusadores de menores, pero luego no dudan, por recordar un caso, en despedir a una profesora de religión por el simple hecho de estar casada con un divorciado. Hemos cumplido 25 años de democracia. Los derechos y libertades del ciudadano español están contemplados en nuestra Constitución. Si los obispos están preocupados por "la pérdida de la herencia cristiana en España", a lo mejor deberían empezar a pensar que no todo tiempo pasado fue mejor. La historia de la religión católica está llena de capítulos oscuros, que siguen escribiéndose en nuestros días. Aseguran los católicos que Dios es omnipotente, es decir, que todo lo puede. La fe se basa en creer lo que no puedes ver y es una decisión personal. Creamos antes en lo que vemos, y dispuestos a tener fe, creamos en una sociedad donde todo el mundo sea respetado. Creamos que con el tiempo ninguna voz se alzará sobre los llantos de otras más débiles. |
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