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Portada nº 23
Reportajes y Entrevistas
Sección General

 


DAVID PÉREZ, DIPUTADO DEL PP EN LA ASAMBLEA DE MADRID

"En política me muevo por los valores de libertad e igualdad"


Por LETICIA ALONSO

David Pérez (foto L. Alonso)

Estamos en plena precampaña para las elecciones generales del 14 de marzo. El Partido Popular se enfrenta a las urnas con un nuevo candidato, Mariano Rajoy, y los resultados de las urnas parecen más difíciles de pronosticar que nunca.      

David Pérez es diputado del PP en la Asamblea de Madrid, además de portavoz en la Comisión de Telemadrid y portavoz adjunto en la Comisión de Presidencia.     

Titulado en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid, su carrera profesional fue conduciéndole hacia la política, pero nunca ha perdido ese contacto con el periodismo. Su labor en el partido se desarrolla en el ámbito de la comunicación, que como él mismo dice es donde más a gusto se siente.     

Pérez es responsable de la campaña de comunicación de Mariano Rajoy en la Comunidad de Madrid, por lo que tiene por delante un duro trabajo por realizar hasta el día de las elecciones. A pesar de ello, como buen periodista no duda en concedernos esta entrevista y contestar a todas nuestras preguntas con el mejor talante.    

Pregunta.– La última vez que nos vimos estaba inmerso en plena campaña electoral de Madrid. ¿Qué ha estado haciendo estos meses? ¿Ha cambiado en algo su trabajo desde entonces?     

Respuesta.– Tras constituirse la Asamblea, y una vez acabada la labor electoral, cada partido pasó a comenzar el trabajo que le correspondía. A la oposición, articular su papel opositor; y al Partido Popular, articular su labor de gobierno y su labor parlamentaria. Son dos funciones que se controlan una a la otra y que están encaminadas a cumplir el programa electoral.      

Una vez constituidos los grupos parlamentarios se han distribuido dentro de esos grupos a los diputados en comisiones. Hay una comisión por cada Consejería, que se encarga de vigilar su actuación.      

Yo soy portavoz de la Comisión de Control de Telemadrid y mi función es representar a mi partido en ella. Asimismo, soy portavoz adjunto de la Comisión de Presidencia. Aparte de esto, ya es simplemente preparar el trabajo parlamentario.         

P.– ¿Realizará algún trabajo para la campaña de las elecciones generales del 14 de marzo?     

R.– Sí, soy responsable de la campaña de comunicación de Mariano Rajoy en la Comunidad de Madrid. Mi función es dirigir la política de comunicación en este territorio, para lo cual ya he constituido un equipo, tanto de comunicación interna como externa, para empezar a trabajar de inmediato.    

P.– Si tuviese que resumir el programa electoral del Partido Popular, ¿qué ideas cree que representan mejor el mensaje que desean transmitir?    

R.– La idea principal es la consolidación del progreso que ha vivido nuestro país los últimos ocho años, en términos de creación de empleo, de política social, de defensa de la familia... Queremos adecuar esta política de progreso para la próxima década, dentro de la política de la Unión Europea y del creciente papel de España en la política internacional. Todo, por supuesto, sin perder de vista el origen de esta situación, es decir, una política económica acertada, una bajada de impuestos continuada y con una política social muy comprometida.      

P.– Imagino que le interesarán también los programas de la oposición. ¿Qué le parece, por ejemplo, la reforma fiscal que propone Zapatero?     

R.– El Partido Socialista está echando por tierra todo el patrimonio político que se había ganado. Está ejerciendo una política irresponsable, contradictoria y muy poco unificada entre sus portavoces.      

No soy partidario de que haya un pensamiento único dentro de un partido. Por supuesto debe haber diálogo y diferencias, cosa que ocurre en todos los partidos. En el PP se produce, hay órganos donde se discute y se alcanzan acuerdos, como es normal. Pero en el PSOE, lo que se está demostrando es la falta de liderazgo de Zapatero y su incapacidad para trazar una línea política coherente. Hay temas donde puede dar más o menos igual, pero hay otros muy importantes, como los que tienen que ver con la unidad del Estado, política autonómica, etc.       

Zapatero está defraudando al votante del Partido Socialista. Hay mucha gente que se identifica con el PSOE y les está votando a pesar de que aprecia el descontrol que hay dentro de esas filas. Puede que a mí no debiera afectarme al pertenecer a otro partido, pero creo que todo votante tiene derecho a que su partido le represente bien. El ciudadano tiene que acudir a las urnas con confianza y tranquilidad, y no viendo a unos señores que se contradicen e improvisan en todo lo que dicen.      

Hay un partido, que es el PP, que tiene las cosas claras. Las dice y las cumple, como nos avalan estos ocho años de gobierno. Y luego está el PSOE, que es un partido a la deriva.        

P.– Comentaba que no está a favor del pensamiento único dentro de un partido. Muchas veces el PP da imagen de funcionar de este modo. ¿Es realmente así?      

R.– En mi partido hay una enorme libertad, y el día que dejara de haberla yo no podría seguir en él. Evidentemente hay mucha gente que piensa cosas diferentes, y lo que se hace es dialogar y llegar a acuerdos. En un partido donde sólo hubiese una persona, sólo habría una opinión. Pero donde hay setecientas mil personas, ya hay setecientas mil opiniones, y aquí entra una labor de puesta en común.     

Se trabaja en equipo, y los problemas, que es normal que los haya, se trata de que no salgan al exterior porque ya se discuten dentro, que es lo lógico. Y si se difunden tampoco pasa nada.         

El Partido Popular no da los espectáculos que da el Partido Socialista, pero eso no significa que no haya debate. Sería imposible que no hubiese debate en un partido que duplica en afiliados al PSOE. Lo que pasa es que últimamente lo que hay dentro del partido es una homogeneidad entre sus integrantes.    

P.– Puede ser la tranquilidad de estar en el poder…       

R.– Pues seguramente. La responsabilidad institucional de estar en el poder también influye en un partido.       

Eso se nota mucho en Izquierda Unida. Es un partido que no tiene vocación de gobierno porque sólo puede gobernar en coalición. No tener responsabilidad de poder le permite ser un partido radicalizado. Y cuando ha tenido poder ha abdicado inmediatamente de sus planteamientos utópicos e idealistas, y se ha vuelto el más pragmático de los pragmáticos.        

P.– Aún están muy recientes las elecciones a la Comunidad de Madrid del pasado 26 de octubre. Ganar gracias a que tuvieron que repetirse las elecciones, ¿no deja una cierta sensación de regusto amargo?       

R.– No, porque no ganamos a la segunda. Ganamos por segunda vez, que es muy distinto. Nosotros fuimos el partido mayoritario, el más votado, y sólo la unión de otros dos partidos, que además habían concurrido de forma separada a la campaña, podía desbancarnos del gobierno.    

El hecho es que fuimos el partido más votado la primera vez, y la segunda ya ganamos de forma indiscutible.     

Sea a la primera o a la segunda, lo cierto es que no es nuestra culpa. La realidad es que hay un partido que ha sido incapaz de controlar a su propia gente y el tiempo ha demostrado que todo lo que pasó fue un problema interno del PSOE. Se equivocó en la estrategia de involucrar a más gente y por eso ha perdido las elecciones.        

Ignoro si un cambio de actitud le habría dado la victoria, pero con lo que hizo lo único que consiguió fue perder la credibilidad. Simancas es ahora mismo un político con cero de credibilidad. La gente no se fía de Simancas porque le han visto mentir, manipular... Y algo que nunca se puede hacer como político, que es no asumir tu responsabilidad. Él podía haber asumido su error y pedir una segunda oportunidad, pero en lugar de eso decidió mentir hasta crear una mentira tan grande que le ha hecho perder la confianza de sus propios votantes.       

El tiempo demostró que nosotros no teníamos nada que ver. Pero lo que tendría que haberse demostrado fueron las acusaciones de que habíamos comprado las elecciones. Zapatero aseguró tener pruebas que lo demostraban, y esas pruebas nunca se han llegado a ver. Y no se han visto por una razón muy sencilla, porque no existen.     

A lo mejor al hablar desde dentro puedo no ser objetivo, pero realmente, ¿alguien puede pensar que el PP va a ir a comprar a unos señores para ganar las elecciones? Es absurdo.      

Llevamos veinticinco años de vida constitucional y estas cosas no pasan. El último que lo hizo fue el PSOE, con un tránsfuga que fue el señor Piñeiro. Ellos sí gobernaron con él. ¡Tanto que decía el señor Simancas que los tránsfugas eran "despojos humanos"! Pues el PSOE gobernó con un tránsfuga del PP durante cuatro años. Aunque en las siguientes elecciones conseguimos gobernar y desde entonces seguimos gobernando. Y es que esas actuaciones se pagan, y los ciudadanos se lo hicieron pagar al PSOE.        

Nosotros nunca nos prestaremos a gobernar con un tránsfuga, ni en Madrid ni en ningún sitio.      

Hay que ser limpio en política y creo que ha quedado demostrado que en el PP lo somos.        

P.– Los problemas entre Esperanza Aguirre y Gallardón, ¿permiten trabajar con libertad?

R.– Como diputado me siento del mismo partido que mis compañeros del Ayuntamiento y desde dentro no percibo esos problemas. Realmente creo que no existen y se crean desde fuera.      

El señor Gallardón tiene tanto trabajo encima que no puede perder el tiempo con tonterías. Y la señora Aguirre está tan ocupada tras un año de retraso en su programa que lo último que se le ocurre es ponerse a pelear con Gallardón. Lo que pasa es que basta cualquier pequeño desencuentro, o cualquier mínimo malentendido, para magnificarlo y montar una polémica periodística. Y por supuesto ya está el señor Simancas ahí para alimentar presuroso la polémica.    

Ya se decía con Gallardón y Álvarez del Manzano, y siempre ha sido mentira.       

Lo cierto es que en todos los sitios donde hay administraciones con competencias muy limítrofes pueden surgir debates, pero que se solucionan hablando.    

P.– Es posible que esos rumores surjan de otros que apuntan a que Gallardón no es muy valorado dentro del partido...  

R.– Eso es completamente mentira. Es verdad que se comenta, y puede parecer que doy la versión oficial, pero es que es falso.     

El señor Gallardón tiene una valoración que no tiene ni siquiera Zapatero dentro de su partido. La adhesión que hay en el PP al señor Gallardón, en cantidad y calidad,  no la tiene ningún político dentro del PSOE.      

No existe ningún problema dentro del PP. Lo único que existe es mucho trabajo y muy poco tiempo para contestar a las mentiras que se invente Simancas.     

P.– Lo que sí es cierto es que al tener que repetirse las elecciones tienen menos tiempo del habitual. Tengo entendido que aún no está aprobado el presupuesto. ¿Dará tiempo a cumplir todo lo prometido?        

R.– Vamos a intentar que sí dé tiempo. Estamos trabajando a pleno rendimiento y a partir de febrero la actividad legislativa va a ser muy dura. Empezando por la aprobación del presupuesto y siguiendo por las proposiciones de ley y no de ley que hay en marcha, que son muchísimas.     

Tenemos que recuperar el año perdido, pero evidentemente esta pérdida se va a notar. Confío en que se va a cumplir el cien por cien del programa como ha ocurrido siempre, sólo que esta vez va a requerir un trabajo mucho más arduo.    

P.– ¿Cómo se ha vivido dentro del PP la designación de Rajoy como líder del partido? ¿Se consultó para su elección o fue una decisión unilateral tomada por Aznar?      

R.– Rajoy es un grandísimo candidato y va a ser un grandísimo presidente. Esta es la percepción unánime en el partido. Podría existir gente reticente o en desacuerdo, pero no la hay. Creemos que se ha acertado.       

Lo que sí es cierto, y hay que decirlo, es que una vez que se produce esa nominación, el partido ha cerrado filas en torno al candidato. Y ese cerrar filas se debe a la confianza de la gente. Rajoy es un político muy querido en el partido, que ha demostrado su valía en muchos años de profesión. Es una persona dialogante, moderada, y que siempre ha ido con la verdad por delante. Eso la gente lo valora.     

Es un candidato muy adecuado para la situación de nuestro país, donde la gente quiere un político que trabaje por ellos y se deje de falsas promesas.    

En cuanto a cómo se decidió su elección, diré que el partido sí participó en la decisión. Lo que se le concedió a Aznar fue la proposición de su nombre, pero se podrían haber presentado otros candidatos. Una vez presentado Rajoy, fue el partido con los órganos competentes para ello quien lo aprueba.
Hay que aclarar bien las cosas. Todo en la democracia tiende a la abstracción. Me explico: si te juntas con veinte personas y votáis las veinte, eso es la "democracia directa", lo cual era posible en Atenas pero no en el sistema actual. El proceso aquí es diferente. España está dividida en Comunidades Autónomas, y cada una de ellas tiene una sede con una estructura. De cada sede se coge a unos dirigentes para formar un órgano que represente al distrito territorial y a esa estructura de partido. Es igualmente una democracia, pero en vez de directa, de delegación.      

Puede pensarse que cuando se presenta el nombre de Rajoy al órgano correspondiente, éste no va a decir que no. Pero la cuestión es que sí es preguntado y que en esta ocasión estaban conformes. A pesar del cansancio de haber pasado por dos campañas, el sentimiento interno del partido es de entrega incondicional al candidato, además de tener una ilusión tremenda en trabajar por la victoria.         

P.– Uno de los principales problemas a los que enfrentarse es el de la vivienda...    

R.– Es evidente que la vivienda es un problema real. Es un problema generalizado en toda Europa, no sólo en España o Madrid, pero hay que reconocerlo y quien no lo haga será un farsante.      

Uno de los objetivos del programa de Rajoy es trabajar en el tema de la vivienda para conseguir contener el aumento de precios. Es un problema complejo que no se soluciona con medidas sencillas. Hay que atacarlo en todos sus factores y, por tanto, abordar la política del suelo, la política de financiación de las haciendas locales, fomentar la vivienda en alquiler, etc. No hay medidas mágicas y no va a haber soluciones mágicas. Lo lógico es pensar que va a persistir durante un tiempo, aunque se están poniendo en marcha mecanismos que a medio plazo contengan ese precio y resuelvan el problema.      

Pero sí, he de reconocer que es un asunto prioritario, junto a la seguridad, el empleo, y la política educativa y social.     

P.– Afirma que la educación es también un asunto prioritario. Hablando de este tema, ¿ve factibles las propuestas de Zapatero acerca de los ordenadores en los colegios, la enseñanza bilingüe, etc.?    

R.– Hay ámbitos de la política donde no se pueden hacer experimentos y uno de ellos es la educación. Me inquieta pensar en la improvisación y la originalidad de estas propuestas.          

Son políticas hechas para no cumplirse.    

Zapatero es consciente de que va a perder las elecciones, y lo que está emprendiendo es una especie de lucha desesperada con promesas que sabe no va a poder cumplir.    

Busca paliar su derrota en la medida de lo posible. Si por alguna cosa del destino ganara, ya tendrá tiempo de incumplir todo lo prometido.       

P.– Otro de los ejes principales de esta campaña es el debate sobre el modelo de España. ¿Cómo cree que hay que afrontar la cuestión de los nacionalismos?    

R.– Es un tema complicado. Puede existir un nacionalismo razonable, pero luego hay otro nacionalismo que va contra toda razón, que no entiende que un país es un proyecto común de muchas comunidades que cooperan entre sí.    

Las ideas de cooperación y cohesión social están para todos. Si mañana hay una Comunidad Autónoma que necesita a España, el Estado se vuelca en ayudarla y en que salga adelante. El mejor ejemplo lo tenemos en la tragedia de Galicia, que contó con la ayuda incondicional de España.       

La cohesión social también es que si determinadas comunidades tienen unas carencias, éstas se suplen con las ayudas de las comunidades que tienen unos excedentes.      

España es un proyecto común en el que todos crecemos juntos. Si la gente empieza a ir por libre, al final nadie progresa. No puede apoyarse en una política de dispersión.       

Todas estas ideas no excluyen la singularidad de ciertas comunidades. Las diferentes culturas y lenguas han de ser fomentadas, porque es una riqueza que tiene nuestro país. Pero hay que hacerlo con sentido común y con responsabilidad.       

Los grupos nacionalistas que no entienden esto afortunadamente son minoritarios, y la responsabilidad de los grandes partidos nacionales es estar unidos frente a la amenaza de dispersión que representan.      

Además, falta realismo en muchas actitudes. El País Vasco ha de ser consciente de que si se separa de España pasa a inscribirse inmediatamente entre los países del Tercer Mundo. Para empezar, tendría que destinar el 60 por ciento de su presupuesto a pagar a los pensionistas que en este momento paga el Estado español. Por tanto, sólo dispondría del 40 por 100 restante para todo lo demás. En conclusión, es absurdo.       

Es justificable que uno quiera a su tierra, pero el problema está en que son actitudes en que prima la pasión sobre la razón.         

P.– Siguiendo este razonamiento, ¿cree que va a perjudicar al PSOE el pacto tripartito de gobierno en Cataluña?    

R.– Por supuesto. El pacto catalán no puede salir bien, igual que no salió bien el de Baleares. El PSOE cree que puede firmar un pacto con unos partidos que están descontrolados y controlarlos más tarde, pero se equivoca. Será el pueblo catalán quien pague la irresponsabilidad del Partido Socialista. Y Zapatero pagará en las urnas la decisión de haber permitido un pacto de gobierno que es una locura. A mí no me importa el precio que pague Zapatero, pero sí las consecuencias que va a sufrir el pueblo catalán.   

Hay que ser coherentes. Ni el PSOE, ni IU, lo están siendo. Y es una pena, porque creo que es necesaria una responsabilidad de todos los partidos, no sólo del PP.    

P.– Últimamente parece haber un desencanto político entre la juventud. Aunque el PP parece tener un apoyo sólido entre los votantes más mayores, ¿no le preocupa que pueda perjudicarles en el futuro?    

R.– Es una situación que hay que estudiar con detenimiento.      

En la pasada década, lo que había era un desinterés de la juventud hacia la política. Y es verdad que lo que hay ahora es un cierto desencanto. Nuestra responsabilidad como partido es animar a esos jóvenes y enseñarles que hay muchas formas de hacer política. Hay que mostrarles que la política es fundamental para el funcionamiento de la sociedad.        

Pero todo esto es recuperable. De hecho, el PP cuenta entre sus filas con "Nuevas Generaciones", que representa un sector de juventud muy involucrado.   

P.– En cuanto a la guerra de Irak, ¿cree que puede perjudicarles para los resultados del 14 de marzo?    

R.– No, no nos afectó en las elecciones autonómicas. Y en Madrid concretamente acabamos de ganar la Federación de Municipios, lo que significa que hemos ganado más ayuntamientos que nadie y que ha habido un apoyo generalizado.     

La guerra fue una decisión política que puede ser cuestionable. Dentro del partido habrá quien esté de acuerdo y quien no, pero la realidad es que se ha terminado con un señor que era una amenaza contra la humanidad. Pero es una situación superada y que no tendrá consecuencias en las urnas.   

P.– ¿De verdad está superada?    

R.– Es cierto que hay una situación muy delicada en Irak, que hay que administrar con mucha serenidad y con el apoyo de las Naciones Unidas. El objetivo es instaurar la democracia en Irak, pero para un país sin tradición democrática empezar esta andadura es un trabajo difícil. Se requiere un proceso lento, con unas adaptaciones culturales y unos mecanismos institucionales que ya se han puesto en marcha.       

El mayor problema es una amenaza terrorista de una minoría que no acepta el cambio. Es la minoría que salía beneficiada de la dictadura y vivía muy bien bajo el terror. Afortunadamente, ahora es la población la que puede vivir tranquila, y esa minoría radical desaparecerá con el tiempo.     

P.– Ahora que acabamos de celebrar veinticinco años de democracia, ¿ve necesario reformar algunos aspectos de la Constitución?    

R.– Creo que cuanto menos se toque  la Constitución, mejor. Si es necesario reformar algo se puede hacer, pero siempre que exista un consenso total en hacerlo. Lo deseable es que no haya que tocar la Constitución, porque para eso hay muchas leyes y normas secundarias que pueden dar respuesta a las necesidades que surjan.      

P.– ¿Qué puede pasar el 14 de marzo?    

R.– En mi opinión, las elecciones no están ganadas por el Partido Popular. Estamos asistiendo al desmoronamiento del Partido Socialista, pero no deja de ser un partido con una gran base social y un gran número de votantes.      

Mi pronóstico es que el PP va a ganar las elecciones. Pero sobre todo creo que es necesario que la gente vea la necesidad de que el PP continúe con su política de progreso.      

Necesitamos el apoyo de muchos votantes porque no hay nada decidido. El PP tiene que ganar para continuar con una política que está llevando al país a lo más alto.      

P.– Mirando hacia delante, ¿cómo ve su futuro político a corto y largo plazo?    

R.– A mí me gustaría estar durante un tiempo haciendo trabajo parlamentario, porque me apetece y me ilusiona mucho.    

En el futuro, Dios dirá. La gestión me atrae bastante, pero en este momento mi atención está centrada en el trabajo parlamentario en la Asamblea de Madrid. Soy madrileño y creo que es una Comunidad Autónoma con unas posibilidades tremendas y una gente que cree en su futuro. Merece la pena trabajar por una Comunidad así, y para mí es un gran honor ser representante en la Asamblea de esta comunidad.      

P.– Y echando ahora la vista atrás, ¿cómo definiría las bases ideológicas que le movieron a dedicarse a la política?    

R.– Nací en 1972 y pertenezco a esa generación de jóvenes que se levantaba cada mañana con un nuevo caso de corrupción. Era el momento en que empiezas a tener una conciencia política, y recuerdo una pérdida de confianza tremenda entre la gente hacia sus políticos. Empiezo a preguntarme si la política tiene que ser así, y enseguida veo que no.     

Siempre he tenido afición por la lectura del ensayo político y veía que la política no era eso.     

Mi idea es una política de servicio. Es simplemente aceptar un encargo para administrar el futuro de la gente. Es una labor de una importancia inmensa, y creo que hacerlo bien es algo que merece la pena.       

P.– ¿Cómo definiría a la derecha?   

R.– Para empezar yo no me siento de derechas, ni me siento militando en un partido de derechas. Yo soy una persona moderada que está en un partido de centro.    

Dentro de los valores en los que uno cree, a mí me mueven los valores de la libertad y la igualdad. Tradicionalmente ha habido el malentendido histórico de que esos conceptos tenían que estar enfrentados. Parecía que la izquierda se encargaba de defender la igualdad, y la derecha la libertad...  

En mi opinión, sin libertad no puede haber igualdad. Ambos valores se necesitan el uno al otro, pero creo que la base previa para que se desarrolle la democracia es la existencia de libertad.     

Creo en la libertad porque creo en la capacidad de la gente para decidir sobre su futuro. Tiene que haber una esfera pública bien formada, pero que tenga como centro al individuo y a la sociedad.      

 


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