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Portada nº 24
Cultura, Ciencia y Sociedad
Sección General


LETICIA ALONSO


La tiranía de la moda

En los últimos años una enfermedad ha adquirido un tremendo protagonismo y parece convertirse en el mal del siglo XXI. La anorexia y la bulimia se extienden entre la población, especialmente adolescente, para susurrarle al oído que la imagen es más importante que su vida. Los enfermos tienen un claro enemigo, la comida, y un claro objetivo, la delgadez extrema. Las cifras de afectados son espeluznantes y parecen ir a peor. Se necesitan soluciones inmediatas y, ante todo, efectivas. Las víctimas son chicas jóvenes en su gran mayoría, aunque el porcentaje de chicos está aumentando considerablemente, y esta franja de población es el mañana de la sociedad. Preguntarnos por el culpable de la situación llevaría a un callejón sin salida que tampoco aportaría ninguna respuesta. Todos debemos asumir la responsabilidad de vivir en una sociedad tiranizada por las modas, aunque unos sufran el peso de la culpa más que otros.      

Los modelos a imitar en estos tiempos cumplen unas condiciones estéticas imposibles de seguir por la mayoría de la humanidad, y es esa búsqueda de "ser como..." lo que lleva a caer en una enfermedad con muy difícil cura. La anorexia y la bulimia no se resuelven con medicamentos, necesitan un tratamiento arduo, lento y mucha paciencia y comprensión. La sociedad aún no entiende la gravedad de la situación y las familias de los afectados se sienten desamparadas ante un sufrimiento que les desborda.      

Se acusa a la industria de la moda de tener gran parte de la culpa y, aunque los modistos, tiendas de moda juvenil, etc., lo niegan sistemáticamente, hay relevantes datos que dicen lo contrario. La realidad es que no son los únicos culpables, pero sí deben aceptar una importante responsabilidad en el problema.      

Una visión analítica de aquello que es imitado y valorado por la juventud nos aporta unas respuestas ante las que cada uno ha de extraer su conclusión.     

Si miramos hacia las pasarelas veremos modelos con cuerpos perfectos que simbolizan el éxito social. Parece como si únicamente unas medidas determinadas pudieran garantizar el triunfo personal. Hace años, cuando esta enfermedad empezó a adquirir protagonismo, se impuso a los diseñadores españoles no subir a sus pasarelas chicas con menos de una talla 40. La medida podría parecer efectiva, pero si miramos con ojos realistas veremos que ninguna de las modelos ha engordado ni necesita más talla que antes. ¿Cómo es esto posible? Quizás es que no han cambiado las exigencias de talla y cuerpo, sino simplemente se ha cambiado la etiqueta de la ropa. Es muy fácil, donde antes ponía 36, ahora pone talla 40, porque hay que escuchar la Ley, pero a lo mejor no se escucha tanto a la conciencia...     

Por otro lado, si nos acercamos al día a día de la población afectada, la realidad es que la juventud no puede permitirse la ropa de los grandes diseñadores, y se mueve entre tiendas, por todos conocidas, mucho más accesibles económicamente.      

Pero, ¿puede comprar cualquier chica ropa en tiendas como Zara, Mango, Blanco, etc.? Aunque por dinero pueda permitírselo, a veces esto no es suficiente. Estas superficies son el paraíso para una gran mayoría de las adolescentes, pues allí encuentran ropa a la última moda y a un precio muy razonable. El problema viene cuando una chica no cumple los cánones estéticos que esas tiendas consideran normales, y no puede comprarse nada. La talla 44 es ya muy difícil de encontrar en sus estanterías y de aquí para arriba es mejor olvidarse de encontrar algo. Seamos realistas, ¿acaso es tan raro tener una talla 44 ó 46?       

Quien sufre este problema siente una enorme frustración por un doble motivo. Primero porque ir a comprar ropa y no encontrar nada de tu talla, porque alguien ha decidido no fabricarlo, produce una sensación de aislamiento que puede tener graves consecuencias. Si en las tiendas se hace creer que estas tallas son propias de "bichos raros", parece comprensible que adelgazar pueda convertirse en una obsesión que acarree graves enfermedades. Y en segundo lugar, se produce un sentimiento de inadaptación, pues ¿dónde compran entonces la ropa? Al final se encuentra con que su única solución es acudir a tiendas especiales de tallas grandes que le quedarán bien de medida pero que, normalmente, no responden al estilo propio de la juventud.  

En una sociedad cada vez más influenciada por la imagen, una enfermedad relacionada con la estética se convierte en el gran problema de nuestro tiempo. La necesidad de reflexionar es ya una obligación. Todos hemos de mirarnos al espejo, y aguantar su reflejo. Aquellos que estén enfermos deben mirar su imagen reflejada y valorar su autoestima por encima de su cuerpo, y el resto de la sociedad debemos asumir la responsabilidad del problema, porque a lo mejor buscar soluciones en el presente evita las lágrimas en el futuro.     

 


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