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LETICIA ALONSO Zapatero Presidente
Los españoles acudieron el 14 de marzo en masa a las urnas y decidieron dar un cambio hacia la izquierda, otorgando la victoria al Partido Socialista. José Luis Rodríguez Zapatero obtuvo casi 11 millones de votos, que le convierten en el próximo presidente del Gobierno. El Partido Popular, con Mariano Rajoy a la cabeza, sufrió un llamativo fracaso al obtener 700.000 votos menos que en las elecciones de 2000, y más teniendo en cuenta que la participación ciudadana fue mucho mayor que hace cuatro años (un 77,22 por 100 frente a un 68,71 por 100) y que había un número mucho más elevado de votantes en los actuales comicios. Con el 99,8 por ciento escrutado, los resultados definitivos dan 164 diputados en el Congreso al PSOE, frente a los 148 del PP. Como premio de consolación, el Partido Popular ganó la batalla al Senado al obtener 102 escaños frente a los 93 del PSOE, consolación que no sirvió para levantar anoche el ánimo en su sede de Génova. Los otros dos protagonistas de la noche fueron el líder de Esquerra Republicana de Cataluña, Josep Lluis Carod Rovira, y el candidato de Izquierda Unida, Gaspar Llamazares, que representaron también el éxito y el fracaso respectivamente. El ascenso espectacular de ERC eleva de 1 a 8 su representación en el Congreso, formando así grupo parlamentario propio y confirmando el apoyo de su electorado frente a los ataques sufridos especialmente desde el Partido Popular por la inconveniente entrevista de Rovira con ETA. La otra cara de la moneda vino protagonizada por Gaspar Llamazares –víctima del voto útil al PSOE y de sus propios errores, al dejar fuera de sus listas a diputados de prestigio como Marisa Castro–, que perdió 140 000 votos, quedándose con 5 escaños, cuatro menos de los que tenía, y dejándole una sensación que calificó de "agridulce", pues a pesar de todo "se abre una nueva etapa progresista", afirmó. A las diez de la noche, el secretario de organización del PSOE, José Blanco, oficializaba la victoria y la alegría se desbordaba en la sede socialista de Ferraz. Simpatizantes del partido iban llenando la calle y festejaban el triunfo a gritos de "¡Zapatero Presidente!". Un triunfo sin precedentes que Zapatero vivió desde su despacho en la cuarta planta de la sede, y del que no salió hasta las once de la noche para su primera intervención pública como ganador. Con un talante tranquilo pero emocionado, su primera frase fue en recuerdo de las víctimas del atentado en Madrid del 11 de marzo y expresó "un recuerdo a las familias que aguardan a sus seres queridos en los hospitales y a quienes lloran a los suyos todavía. En este momento pienso en las vidas rotas el jueves por el terror y pido que guardemos aquí un minuto de silencio y de recuerdo para no olvidar nunca". Se hizo el silencio en la sala hasta que, pasado el minuto, fue roto con un sonoro aplauso. Zapatero, que desde el principio dejó claro que cambiaría el talante de la presidencia del Gobierno, quiso demostrarlo teniendo unas palabras de reconocimiento a Mariano Rajoy como "digno rival" y al que tendió en ese momento la mano "para cooperar en los asuntos de Estado". Aprovechó para asegurar que se guiará siempre por la Constitución y garantizó "impulsar la España social, actuar desde el diálogo, la responsabilidad y la transparencia, trabajando por la cohesión, la concordia y la paz, y combatir toda forma de terrorismo". Minutos antes de la intervención de Zapatero comparecía Rajoy, escoltado por José María Aznar y Rodrigo Rato. El rostro serio de los tres mostraba el tremendo fracaso popular y por unos instantes se rumoreó una posible dimisión de Mariano Rajoy, que finalmente no se produjo. El candidato del PP anunció que ya había felicitado a su rival y expresó su "orgullo como español de haber trabajado a las órdenes de Aznar". A pesar de la abrumadora pérdida de confianza entre la ciudadanía, aseguró que el Gobierno salia "con las manos limpias" y no quiso dejar pasar la oportunidad de recordar al PSOE las amenazas a las que se enfrenta España en el futuro (terrorismo y plan Ibarretxe), para a continuación expresar la "necesidad de un Gobierno con capacidad de decisión", lo cual parece una clara crítica a Zapatero, al que había acusado de falta de liderazgo durante toda la campaña electoral. La tensión que se vivía en Génova podría indicar el termómetro de lo que hierve en el interior del PP entre la vieja guardia de Aznar, quienes están convencidos de que las elecciones las ha perdido Mariano Rajoy, y la posición de la mayoría (ya no tienen que callar para mantener el puesto), que entiende que el fracaso popular responde a un castigo a José María Aznar a causa de su disparatada actitud prepotente en la guerra de Irak y en todas sus repercusiones. Por delante se avecinan cuatro años de Gobierno socialista, del que los españoles esperan muchas cosas. Zapatero realizó importantes promesas que quiere empezar a llevar a cabo de inmediato. Para comenzar, ya ayer anunció que "su primera iniciativa será buscar la unidad de las fuerzas políticas para concentrar todos los esfuerzos en la lucha antiterrorista". Otras destacables promesas del líder socialista fueron el regreso de las tropas españolas de Irak el próximo 30 de junio, la unificación de la Policía y la Guardia Civil, el aumento del número de becas y conseguir progresivamente que los libros de texto sean gratuitos, 180.000 viviendas de protección oficial al año, una Televisión Pública de calidad y sin manipulación, o la creación de un Banco Público del Agua. Tiene ante sí una legislatura para hacerlas realidad. Las elecciones del 14 de marzo han supuesto un cambio radical para el futuro de España. Los ciudadanos han juzgado con su voto el Gobierno del Partido Popular, y han decidido quitarles el apoyo que les brindaron en el año 2000 al otorgarles la mayoría absoluta. Era la primera vez que aspiraban a la presidencia tanto José Luis Rodríguez Zapatero, como Mariano Rajoy y Gaspar Llamazares, y sólo el primero ha conseguido convencer a los españoles de que era una buena opción de futuro. Aznar abandona el Gobierno por voluntad propia, pero con un gran fracaso, y deja al sucesor que él mismo escogió para ejercer la oposición, cuestión no integrada en sus planes. Son muchas las esperanzas puestas en Zapatero. Tras conocerse ayer la victoria socialista los ciudadanos presentes en Ferraz se mostraban totalmente entregados al futuro presidente y sólo le pedían una cosa: "¡No nos falles!". Zapatero respondió con seguridad: "Os aseguro que el poder no me va a cambiar".
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