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Portada Nº Noviembre 2004
Información General y Opinión
Sección General


MAR SÁNCHEZ


El circo de la Comisión de Investigación del 11-M

A estas alturas de la película el entramado de la Comisión de Investigación del 11-M puede recordarnos a cualquier novela del más puro genero negro, en concreto a la parte donde la intriga alcanza su punto álgido y las conexiones entre los múltiples personajes parecen dejar a la trama en un callejón sin salida, a la espera de que algún acontecimiento nos desvele el quid de la cuestión. La pena es que la base donde se fundamenta esta investigación no haya sido una ficción, sino pura y cruel realidad. El primer capitulo se escribió con sangre y dolor, muertos y heridos, implicación ciudadana y manifestaciones contra el horror.   

Apenas han pasado seis meses y parece que a sus señorías se les ha olvidado el punto de partida de la investigación y su finalidad. Quizás alguien debiera recordarles esa primera escena que tenemos todos los españoles al unísono clavada en nuestras retinas e incrustadas en el fondo mismo de nuestras almas: trenes, bombas, muertos, desolación... De la Comisión esperábamos respuestas a muchas preguntas, y seguimos esperándolas.   

A fecha de hoy continuamos sin saber hasta qué punto los responsables gubernamentales supieron velar o no por la seguridad colectiva de los españoles, qué errores se cometieron y cuáles de ellos son subsanables de ahora en adelante. Lo que desde luego no deseábamos, bajo ningún concepto, era ver convertida la Comisión en un espectáculo circense donde los intereses partidistas se antepusieran a las víctimas, a la búsqueda de la verdad y a las posibles medidas a tomar de cara al futuro.   

Hasta el momento, si algo hemos sacado en conclusión de los pasos dados en la Comisión de Investigación del 11-M es que cada cual intenta salvar su parte política y sus responsabilidades. Se han escuchado susurros sobre pactos para que no acudiera a hablar el anterior jefe de Gobierno, se increpan sus señorías, nuestros anteriores mandatarios nos intentan hacer creer que no hubo improvisión política, que los medios de seguridad actuaron convenientemente contra las amenazas previas que provenían del terrorismo islamista, que Acebes nunca nos mintió en aquellos días catastróficos y que dijo la verdad y toda la verdad. Aún hoy el PP continúa buscando al autor intelectual de la masacre, en un patético intento por introducir de nuevo el nombre de ETA, como el que busca un salvoconducto desesperadamente que respalde, aunque sea en parte, los comunicados oficiales de aquellos días y así disipar su responsabilidad ante la ciudadanía. El objetivo de la investigación para los populares parece centrarse únicamente en saber qué sucedió el 13-M con los famosos mensajes de los móviles que dieron lugar a las manifestaciones frente a las sedes de su partido y que, según su criterio, son la base de su derrota electoral.   

Pero, el 11-M existió desgraciadamente y tendrán que asumir que ellos ostentaban el poder y dirigían la seguridad de este país; por tanto, son los responsables de exponer claramente si tomaron medidas contra las amenazas terroristas y cuáles fueron. En concreto, José María Aznar nos tendrá que ampliar las manifestaciones que hizo durante la presentación de su libro sobre sus años en La Moncloa, donde reconoció que hubo imprevisión y el por qué; aunque también es posible que utilice el “donde dije digo, digo Diego”. Lo que todos estamos seguros que hará, sin la menor duda, es respaldar el extenso discurso de diez horas de duración que expuso Acebes, acostumbrados como estamos a oír sus voces como ecos.  

Por otra parte, el PSOE tendrá que responder más contundentemente a las acusaciones lanzadas por el PP sobre la utilización o no de información privilegiada, si intentó sacar provecho político del atentado y de dónde partieron los famosos SMS que dieron lugar a las manifestaciones el día antes de la cita con las urnas. Eso sí, esperamos que lo aclaren con dignidad, hechos y datos, y se alejen de las posturas agresivas u ofensivas a las que nos tienen acostumbrados determinados personajes incursos en la investigación.   

Hoy por hoy, es más que doloroso comprobar como la Comisión de Investigación del día más fatídico de nuestra historia reciente se esta transformando en un espectáculo de circo clásico, donde sus señorías cual gladiadores se lanzan acometidas en busca de infringir el mayor daño posible al adversario. Y si esto por sí solo es duro de asumir por cualquier ciudadano, no quiero ni pensar qué sentirán ante este escarnio los padres que han perdido a sus hijos, los niños que han perdido a sus padres, o todos aquellos que vivieron en primera persona las explosiones del día fatídico… Su sufrimiento, seguro que debe ser insoportable.  26 septiembre 2004   

 


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