MAR SÁNCHEZ Más utopías, por favor Tras el discurso que pronunció José Luis Rodríguez Zapatero ante la ONU, no han faltado voces críticas que le han tachado de infantil, de lanzar consignas de patio de colegio o –las más suaves– de utópico. Tal vez si las miramos a través del prisma político reinante lo sean. Acostumbrados a mirarnos cada cual nuestro propio ombligo, resulta paradójico que alguien nos recuerde las inmensas desigualdades que existen en el mundo, el hambre que no cesa, el inmigrante que pasará todas las barreras que le pongan antes de morir de inanición, las guerras olvidadas, la semilla del odio que ha generado el conflicto inconcluso de Oriente Próximo, que se debe luchar contra el terrorismo islamista no sólo con la fuerza sino también con el arma de la comprensión entre los pueblos, o intentar potenciar el poder real de la ONU revisando y reformando el Consejo de Seguridad. Utópico a corto plazo, desde luego, y mucho más si se dejan las cosas como están, si a pesar de la opinión de este organismo se lanzan guerras preventivas sin que el resto del mundo pueda hacer nada, si se hacen pactos como la famosa Hoja de Ruta que los firmantes se olvidaron que la firmaron, si existen pueblos que se ríen de sus resoluciones y continúan levantando muros, si nos olvidamos de Nafur... Pero todas estas voces que claman, entre rictus de risitas entrecortadas, y denominan el discurso de Zapatero como pura utopía o discurso de patio de colegio, demuestran al menos tener poca cultura o mala memoria, o tal vez las dos cosas, puesto que se les ha olvidado el motivo y la función que dio pie a este organismo internacional. Quizás también nos cabe la duda de si prefieren que las cosas se queden como están, para facilitar que guerras como la de Irak puedan ser factibles a pesar de las voces que clamaron en su contra. Supongo que son los mismos personajes que enseñan principios altruistas a sus hijos en el colegio, para mostrarles en facetas posteriores el poder del dinero, la competitividad por encima de todo o a adorar a la primera potencia mundial pase lo que pase, con esa máxima tan popular que dice: “a quien a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija”. Por supuesto que, como hay gente para todo, habrá a quien le haya gustado más el discurso que ese mismo día lanzó José María Aznar, donde no se escucharon ni utopías ni principios de patio de colegio. Como siempre, se aferró a los valores más intransigentes en favor de la guerra, el revanchismo incontrolado y el poder de las armas. Miró hacia otra parte cuando le preguntaron por qué embarcó a España en contra de la opinión mayoritaria de los españoles. Y sacó del baúl de los recuerdos el término racista y peyorativo de “moros” para definir a musulmanes y árabes. Sinceramente, creo que somos muchos los ciudadanos a
quienes nos enorgullece ver reflejados ideales tan “primarios” en boca de
nuestro presidente. Necesitamos, aunque solamente sea de vez en cuando, ver
que los políticos se ponen a la altura de tantos seres humanos que
continuamos soñando con un mundo mejor. No por eso nos consideramos niños de
patio de colegio, todo lo contrario. Sabemos que el camino es abrupto y la
cima prácticamente inalcanzable, pero no por ello renunciamos a emprenderlo.
Antes de nosotros ya lo intentaron otros, y esos otros crearon la ONU. La
historia nos ha enseñado que muchos logros se iniciaron gracias a las
“utopías”.
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Nº Noviembre 2004 © OPIN@R. Las personas interesadas en
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