SILVIA NELA DIEZ Qué fuertes las “dos Simonas” El 28 de septiembre los telediarios italianos anuncian un nuevo video que llega desde Irak y todos se esperan lo peor, pero éste es diferente de los otros: ¡las “dos Simonas” están libres! De esta manera Italia recibe la noticia de la liberación de las cooperantes italianas y los dos iraquíes que habían sido secuestrados el 7 del mismo mes en la sede de la ONG “Un ponte per...” (Un puente para...) en la que trabajaban, situada en el centro de Bagdad. Nada más conocerse la noticia de que las “dos Simonas” son libres de nuevo, en Italia reina un clima de gratitud y de euforia. Y como en las grandes fiestas nacionales, se ilumina il Coliseo de Roma. No es sólo por la tranquilidad de ver la pesadilla del secuestro concluida, sino porque sorprendentemente los telediarios dan una noticia con final feliz y no con las decapitaciones a las que dramáticamente nos han acostumbrado en los últimos tiempos. El Gobierno italiano expresa su satisfacción por que las negociaciones han dado sus frutos, agradece a la Cruz Roja Internacional los esfuerzos que ha hecho y revela que días antes los servicios secretos habían descubierto dónde estaban secuestradas, pero han preferido no entrar por la fuerza para evitar un desenlace violento, ya que tenían la seguridad de que las negociaciones iban bastante bien y la liberación de las cooperantes era cuestión de pocas horas. El clima empieza a cambiar cuando el avión que trae a las “dos Simonas” desde Kuwait, donde han hecho escala, aterriza en el aeropuerto de Ciampino en Roma, donde están esperando sus familias, el presidente del consiglio italiano Silvio Berlusconi, el presidente de “Un ponte per...”, los amigos y los periodistas. Hasta este momento es todo normal, las cooperantes abrazan a las familias en privado en el avión al que han subido acompañadas de Silvio Beslusconi. Cuando salen del avión empieza la polémica, porque llegan sonrientes y relajadas, vestidas con túnicas árabes y declarando que quieren volver lo antes posible a Irak. Por si fuera poco, cuando llega el momento de los agradecimientos empiezan por el mundo árabe y el pueblo iraquí, después el pueblo italiano y todos aquellos que han trabajado para conseguir su liberación. Dicen que sus secuestradores las han tratado bien y con respeto, y que cuando las han dejado libres se han disculpado con ellas por haberlas confundido con espías y les han regalado un Corán y los vestidos que llevan puestos. No contentas con esto, Simona Pari pide la retirada inmediata de las tropas italianas de Irak. Desde este momento empiezan las críticas por haberse olvidado del Gobierno y del presidente Berlusconi, sobre todo porque un periódico kuwaití asegura que se ha pagado un millón de dólares para liberarlas. Ante esta situación, la opinión pública empieza a dividirse. Y así, los hay que creen que “las Simonas” son unas desagradecidas, porque han llegado demasiado sonrientes, vestidas como si fueran árabes y encima han tenido la mala idea de engordar –cuando todo el mundo sabe que los secuestrados tienen que adelgazar para hacer bien su papel–. De esta manera, ambas jóvenes demostrarían que no tienen respeto hacia los italianos, que han vivido su secuestro con ansia y el temor de ver su decapitación o que les disparasen en la nuca como a Fabrizio Quatrocchi y Enzo Baldoni. Su comportamiento “desleal” tiene como consecuencia que las dos cooperantes empiezan a desaparecer de los informativos paulatinamente. Se está creando una especie de censura en torno a ellas, que habrían tenido que acordarse primero de Berlusconi y después de todos los demás. Y nace una nueva polémica: para algunos salen demasiado en televisión y para otros demasiado poco. Afortunadamente, todavía queda gente que no las juzga a la ligera y las admira por la fuerza, el coraje y la coherencia que demuestran queriendo continuar el trabajo que han empezado en Irak, incluso después del drama del secuestro. Mientras tanto, en un pueblo italiano de la provincia de Verona, otra familia espera noticias de un familiar secuestrado en Irak el 31 de agosto. Se trata de Ayad Anwar Walli, empresario ítalo-iraquí que vive desde hace 18 años en este país, donde se ha casado y ha tenido un hijo, Omar. Sin duda la liberación de las dos cooperantes abre una puerta a la esperanza de esta familia de volver a ver a Walli, pero esta esperanza muere pocos días después con el video y las fotos de su fusilamiento y el de su ayudante turco, secuestrado con él. De nuevo Italia se conmueve. ¿Por qué a Walli lo han
matado? Porque Italia no quiere retirar las tropas de Irak. Pero no tendrá
el mismo trato que tienen los italianos. Su pueblo no declarará ningún día
de luto y en Italia no guardarán ni un minuto de silencio por él. Y ello
porque, como dice el alcalde del pueblo donde ha vivido los últimos 18 años
de su vida, no tenía el pasaporte italiano (negado porque le faltaba un
documento) y, por lo tanto, las leyes italianas no lo consideran italiano
“del todo”.
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Nº Noviembre 2004 © OPIN@R. Las personas interesadas en
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