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CRISTIAN
FRERS
El camino
hacia una catástrofe climática
Actualmente se habla mucho de la telebasura y los horarios de programación
en la televisión. En cierta medida se podría decir que estamos ante dos
problemas graves que perjudican a nuestra televisión así como a nosotros
mismos, llamados “espectadores”. Se critican los contenidos de la televisión
por ser degradantes para las personas, pero de lo que nos deberíamos quejar
es de la forma en como exponen los contenidos. Tantas burlas, ironías y
gritos para tratar un tema que a casi nadie interesa.
Pero me gustaría pararme en otro tema y es el de los horarios de
programación; esa parrilla que crean los directores de las cadenas y a la
que nos tenemos que ir amoldando los espectadores. ¿Es correcto que en
horario infantil se emitan programas o películas no adaptada a los niños? ¿Y
es normal que los mejores programas o series se emitan a partir de las 11 o
más de la noche? La televisión va a acabar con nosotros ya que cualquier
estudiante o trabajador no puede, ni debe, permitirse ver una serie de
televisión por la noche porque sino su tiempo de descanso desciende a un
máximo de 6 horas diarias cuando lo recomendable son 8 horas de sueño.
El origen de la televisión podría decirse que fue el entretenimiento y
debido a ello ha ido evolucionando de forma diferente que la prensa escrita
y la radio. Esta es la causa principal de que tengamos este tipo de
televisión ahora.
Los niños aceptan este medio de comunicación como tal y cada vez se ha ido
convirtiendo más y más en la forma de ocio mas deseada tanto para jóvenes
como adultos.
Cualquier niño puede “tragarse” tres horas de televisión diarias que
multiplicadas por los días de la semana asciende a unas veinticinco horas,
eso sin contar que los sábados y los domingos se incrementa el número de
horas hasta llegar posiblemente a las 5 o 6 horas. Unas grandes raciones que
comienzan habitualmente a las 8 de la mañana, cuando nada mas levantarse se
dirigen hacia ella para ver los dibujos animados, mientras mamá (o papá) les
va preparando el desayuno. Con esa dosis de tele se van a la escuela y al
volver a casa para comer la encienden para deleitarse con algún que otro
video clips o una serie americana. Pero esto son simples entremeses
mañaneros. Los platos fuertes del menú llegan a partir de las 5 de la tarde
cuando los chiquillos terminan la jornada escolar. Programas de cotilleos,
famosos voceando porque sus parejas les engañan, centenares de gente que
busca novio, espacios en los que se nos explica cómo ser mejores amantes,
etc, esto son algunos de los espacios con los que los más pequeños pueden
entretenerse.
Y si esto fuera poco tenemos que tener en cuenta la cantidad de publicidad
que “tragan” y que asimilan al día. No sé que pueden sugerir los sociólogos
y educadores con esos datos pero no tiene que ser muy positivo y menos si
tenemos en cuenta el bombardeo masivo de los anuncios a los que se ven
expuestos. Según un estudio de investigación de la Universidad de Boston
realizado a 13.000 niños, ellos son los que más horas pasan delante del
televisor y además de no quemar energías reciben estímulos publicitarios
hacia el consumo de productos alimenticios ricos en azucares y poco
nutritivos.
Los pequeños de este siglo son menos activos y dinámicos que los que somos
ya adultos ya que su principal forma de diversión se centra en la televisión
y los videojuegos. Estas dos herramientas se convierten en imprescindibles
para ellos y su uso es exagerado en ocasiones. Tom y Jerry, Popeye, la serie
Verano Azul se han pasado de moda y los nuevos personajes robotizados son
los nuevos héroes de nuestros crios. Debemos intentar que el problema no
vaya a más y pedir insistentemente que se respete la franja horaria de los
niños así como la carga de programación, el contenido y la forma de
exponerlo.
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